Meriam Ibrahim: «Di a luz encadenada»

Meriam Ibrahim: «Di a luz encadenada»

La joven cristiana está refugiada con su familia en una casa de seguridad en Jartum, sin poder abandonar Sudán
Narra cómo tuvo que dar luz a su pequeña Maya encadenada en prisión
Los médicos temen que las circunstancias del nacimiento de la niña tengan consecuencias duraderas
Meriam teme por su familia y por ella misma, ante la incertidumbre que les rodea

Refugiada en una casa de seguridad en la capital de Sudán sin poder abandonar el país, la joven cristiana narra sus duras condiciones de vida en prisión. Teme también por su familia, enfrentada a un futuro lleno de incertidumbres.   

REDACCIÓN HO.- La última semana ha seguido siendo harto difícil para Meriam Ibrahim, una joven doctora sudanesa cristiana que fue condenada a la horca por mantenerse firme en su fe. Con la especial mediación de EEUU, ahora está en libertad condicional. Se ha refugiado en una casa de seguridad en la capital de Sudán, porque teme por su seguridad. Entrevistada por teléfono por la cadena estadounidense CNN, Meriam narra cómo tuvo que dar luz a su pequeña Maya encadenada en prisión, que teme por su familia y que ahora se enfrenta a un futuro lleno de incertidumbre.  

La joven cristiana pensó que estaba libre después de que el Tribunal Superior de Apelaciones aceptara su recurso y quedara libre de cargos. Pero tan solo un día  después fue detenida de nuevo en el aeropuerto de Jartum, acusada de falsificar los documentos con los iba a abandonar el país junto a su familia, a pesar de que desde la embajada de Sudán del Sur se aseguró que eran legales.

Al preguntársele cómo se sintió cuando estuvo en prisión y le negaron el acceso a un hospital mientras se aproximaba el nacimiento de su hija, Ibrahim responde: «Sólo pensaba en mis hijos y en cómo iba a dar a luz. Más que nada estaba asustada de dar a luz en prisión». Tenía razones para estar alarmada. «Di a luz encadenada. No tenía esposas en mis piernas, sino cadenas. No podía abrir las piernas, así que las mujeres tuvieron que levantarme de la mesa. No estaba atada a la mesa», señala.

Los médicos temen que las circunstancias del nacimiento de la niña tengan consecuencias duraderas: «No sé si ella necesitará apoyo para caminar o no», expresa preocupada Meriam.

El jueves 24 de junio fue liberada junto con su esposo, el estadounidense Daniel Wani, tras permanecer ambos dos días detenidos desde su arresto a su llegada al aeropuerto de Jartum. Trataban de abordar un vuelo con sus dos hijos con destino a Estados Unidos. Ahora están esperando a ver qué pasa tras las nuevas acusaciones que le imputan: viajar con documentos falsos y falsedad de declaraciones. «Actualmente estoy en un lugar seguro. Definitivamente estoy a salvo pero no estoy cómoda», afirma Ibrahim.

La juzgaron como «no creyente»

El calvario de Ibrahim comenzó cuando uno de sus familiares, musulmán, presentó una denuncia penal en la que afirmó que su familia estaba impactada porque descubrieron que se había casado con Wani, un hombre cristiano, tras haber estado desaparecida durante varios años. Un tribunal sudanés consideró que Ibrahim era musulmana porque su padre era musulmán, por lo que la condenaba por apostasía a morir en la horca. También fue condenada por adulterio a recibir cien latigazos, porque en Sudán es ilegal el matrimonio de una musulmana con un hombre cristiano. Fue condenada cuando estaba en el octavo mes de gestación de su segunda hija.

Meriam insiste en que nunca ha sido musulmana y en que la juzgaron como cristiana mientras estuvo en prisión. «Siempre he sido cristiana. No podría haber sido musulmana por las cosas que dicen y la forma en la que me tratan… Cada vez venía a verme un jeque distinto y las mujeres de la prisión decían toda clase de cosas, como "no se coman la comida de la no creyente", y me llamaban "cristiana"», relata. «Decían toda clase de cosas, incluso los celadores lo hacían».

Varias personas —políticos, trabajadores humanitarios y legisladores— fueron a visitarla a prisión y prometían ayudarla, afirma, pero ninguno le ofreció asistencia real. Finalmente, semanas después de que su condena por apostasía y adulterio generara una gran campaña de rechazo internacional, se revocó la sentencia. Desde HO, la campaña por su liberación emprendida por MasLibres.org logró más de 64.000 firmas, que nuestra plataforma en defensa de la libertad religiosa entregó en la Embajada de Sudán en España, tras el acto celebrado ante sus puertas el pasado 12 de junio. También a través de nuestra plataforma hermana CitizenGO se impulsó una campaña exigiendo la liberación de Meriam, en la que se reunieron 305.000 firmas.

Ibrahim: mis documentos eran correctos al 100%'

Ahora, las autoridades sudanesas acusan a Ibrahim de tratar de salir del país sin contar con los documentos correctos. Los Servicios de Inteligencia y Seguridad Nacional de Sudán afirman que tenía documentos de viaje de Sudán del Sur a pesar de que no era ciudadana de ese país y que se dirigía a Estados Unidos, que no es su país de origen.

Sin embargo, ella sostiene que «nunca falsifiqué ningún documento» y que tenía derecho a viajar de acuerdo con los documentos que portaba. «¿Cómo es posible que mis documentos estén mal? Mis documentos provienen de la Embajada. Están 100% correctos y los embajadores de Sudán del Sur y de Estados Unidos los aprobaron», afirma.

Meriam también tiene un visado estadounidense. «La embajada de Sudán del Sur asumió la responsabilidad y libró los documentos. Es mi derecho usarlos y tengo un pasaporte de Sudán del Sur porque mi esposo es ciudadano de Sudán del Sur. Tiene un pasaporte estadounidense y un pasaporte de Sudán del Sur".

Un arresto «aterrador»

Meriam describe la forma en la que los agentes de la policía sudanesa los arrestaron y su estancia en la sala de espera del aeropuerto como «aterradora». «Estábamos asustados y nos preguntábamos qué pasaba. Nos encerraron en esa habitación entre cuatro y cinco horas y todo ese tiempo tratamos de descubrir cuál era el problema», declara.

Ibrahim afirma que se presentó el caso ante el tribunal antes de que la policía hubiera investigado las acusaciones en contra suya y de su esposo. Cuando finalmente descubrieron cuál era su supuesto delito, quedaron sorprendidos: «Ni siquiera puedo decidir qué debo hacer en este momento. Quiero viajar pero al mismo tiempo no quiero viajar. Pero el estado en el que me encuentro indica que estoy obligada a hacerlo. Cada día hay un problema nuevo relacionado con mi partida».

Cuando se le pregunta si las autoridades estaban tratando de complicarle la vida, Ibrahim respondió: «No sé cuál es su problema».

Sin miedo

Ibrahim sólo espera poder irse junto con su esposo y sus hijos. «Eso es exactamente lo que quiero. Nada más», expresa. Pero a pesar de todo lo que ha vivido hasta ahora, insiste en que no tiene miedo. Tiene fe en su esposo y confía en que protegerá a la familia: «Si algo nos pasa, él es el responsable ante todos los demás. Esto es protección y es lo mejor para nosotros. Iré a donde él nos lleve, eso no es problema».