“¿El Gobierno no tiene otra cosa de que ocuparse en la escuela?”

“¿El Gobierno no tiene otra cosa de que ocuparse en la escuela?”

«BLOGS HO:  <a href="http://blogs.hazteoir.org/vgago/2009/12/07/minaretes/">Swatch: los minaretes no usan relojes</a>, por Víctor Gago»

El obispo de Sigüenza-Guadalajara recuerda las carencias del sistema educativo, frente a las urgencias gubernamentales con los crucifijos.

REDACCION HO.- El obispo de Sigüenza-Guadalajara, Monseñor José Sánchez, se preguntó hoy, ante la polémica de la retirada de los crucifijos de los centros escolares, si el Gobierno "no tiene otra cosa de que ocuparse en la escuela, con el altísimo fracaso escolar, el desánimo de los educadores, el paro juvenil que de quitar los crucifijos", apostillando que "además, tampoco quedan ya tantos".

De este modo se pronunció en una carta pastoral sobre la proposición no de ley aprobada en la Comisión de Educación del Congreso de los Diputados, que insta al Gobierno a aplicar en las aulas en España la jurisprudencia de dicho Tribunal Europeo de Derechos Humanos, medida que según Monseñor Sánchez "de momento, está aparcada; sólo aparcada":

"No entro en si se trata de una operación de distracción de nuestro Gobierno, abrumado por la gravísima situación económica y de paro y a punto de aprobar una ley, la de la ampliación del aborto libre, mucho más grave que el asunto de los crucifijos, porque eleva a derecho la eliminación seres humanos inocentes e indefensos con más amplitud que la actual, ya de por sí injusta."

A su juicio, la cuestión es que el Gobierno y el Partido que lo sustenta, más otros que lo apoyan, con la aprobación de esa proposición sobre el crucifijo, "ha dado una señal, una más, que forma parte de un proyecto más ambicioso: reducir la acción de la religión, más en concreto la de la Iglesia Católica, a los templos y, si me apuran, a las sacristías":

"Olvidan que la libertad de expresión, de asociación, de reunión, de manifestación y de religión, son derechos humanos fundamentales, que la Iglesia, como toda otra religión o creencia, ejerce en el ámbito privado y en el público.

Injerencia en el ámbito público por parte de la Iglesia sería, si pretendiera legislar, juzgar o gobernar en el foro civil- Parlamento, poder judicial o Gobierno. La Iglesia no pretende imponer sus creencias, sus prácticas o sus símbolos. Respeta los de los demás y tiene derecho a que se respeten los suyos. También en la escuela.

El Estado es aconfesional y el Gobierno será laico, laicista, aconfesional o lo que sea; pero los ciudadanos, en libertad, son como son: muchos de ellos, creyentes, con sus derechos, que el Estado tiene obligación de respetar, defender, proteger y posibilitar su ejercicio, nunca impedir, prohibir o dificultar."

Desde las páginas de ABC, Gabriel Albiac reflexiona hoy acerca de la separación Iglesia-Estado:

"Los lectores de ese teólogo excepcional que es Joseph Ratzinger conocen bien la fórmula que, en el año 1959, da origen a su innovadora hipótesis acerca de la inserción del cristianismo en el saber griego: el cristianismo es la Escritura más la razón griega. Si algo tiende un puente entre el aconfesional Estado moderno y el catolicismo, ese algo es el riguroso atenerse al carácter sagrado de la racionalidad.

En septiembre de 2006 y en Ratisbona, la hipótesis teórica de cincuenta años antes tomaba el énfasis de una urgencia histórica: «La convicción de que actuar contra la razón está en contradicción con la naturaleza de Dios». Y, en ella, la certeza de que no hay más línea de continuidad del cristianismo que aquella que remite al mundo heleno, el cual incorpora la Escritura a través de la traducción al griego «de los Setenta».

No hay hoy más que un adversario religioso a la autonomía democrática de lo político: el Islam. Frente a una religión que deslegitima cualquier forma laica de Estado, católicos y no creyentes tienen un envite común: la laicidad; o sea, la democracia. Frente al rigor del planteamiento en aquel París de 2008, esta rebatiña española de ahora tiene el regusto acerbo de lo anacrónico."