El rally de jóvenes provida Crossroads - Aborto Cero, 'rescatadores' en Ciudad Real

El rally de jóvenes provida Crossroads - Aborto Cero, 'rescatadores' en Ciudad Real

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CIUDAD REAL, 24 DE JULIO DE 2012.- La caminata de jóvenes provida alrededor de España ha llegado este martes a Ciudad Real, en su décimo cuarta etapa desde que salió de Barcelona  el pasado 8 de julio.  La iniciativa Crossroads Aborto Cero llevará hasta Santiago de Compostela la campaña por la derogación de la Ley del Aborto y el impulso de medidas de apoyo a la maternidad en nuestro país. La expedición Crossroads permanecerá este martes en Ciudad Real, y mañana saldrá hacia la localidad de Orgaz. 

Rescatadores

os dejamos las crónicas que nos envían los jóvenes sobre la importante actividad realizada en Ciudad Real, centrada especialmente en sus rescates ante un abororio de la capital.

Álvaro Gutiérrez Valladares.- 

Rescates Ver en pleno funcionamiento un abortorio es algo imponente.  Una cosa es echar una hora pegando un par de gritos en frente de un edificio desde el que te miran feo pero sin ver gente entrar.  Allí se pasa bien, porque sabes que estás dando la brasa, pero no haces frente a la realidad del aborto, y la banalidad del mal.  Una fila de gente estaba ahí en la entrada, con pinta de esperar su turno en la pescadería, más bien la carnicería.  La mayor parte de ellos estaba acompañada por su pareja, que les tenían fuertemente cogidos del brazo en un abrazo “protector” del que difícilmente se podrían liberar.  Algunas entraban acompañadas incluso de sus hijos pequeños.  Me pregunto si les habrán explicado la razón de su visita, quizá de una forma similar a la que explican el embarazo. “Mami lleva a tu hermanito en la tripa, pero...”

Siempre se me han dado mal los rescates, pero ver cómo sorteaban los coches de lujo (pagados en sangre inocente) corriendo es algo que desborda.  Miro con rabia impotente a aquella fila macabra de gente que, al parecer, no se da cuenta de la magnitud del mal que se va a cometer. No puedo casi hablar  y se me llenan de lágrimas los ojos al rezar un rosario para que Dios ayude a esos niños, a esas mujeres y a aquellos rescatadores que hacen una labor que yo jamás podré hacer.

Gente como mis propios compañeros.  Me sorprendió la constancia de Ignasi y de Paty, que se negaban a dejar pasar una sola persona sin al menos intentar ofrecerles apoyo e información.  La presencia firme de Álvaro Guzmán y Santiago que hacían lo posible por asegurar el buen funcionamiento de los grupos delante de la clínica.  Sobre todo me maravilló la tranquilidad y empatía con la que Isabel conseguía, al menos, que la escuchasen con algo parecido a la atención mientras les daba información y ofrecía alternativas.

Todos ellos se quedaron después para atender a las mujeres que salían y ser una primera presencia amable de gente que realmente se preocupa por su bien antes que sus bienes.  Alguien que no las despache tras cobrar por someterlas al mayor horror que puede concebir una madre.

Ante todos ellos me quito el sobrero.  Si antes, en nuestro caminar ya les había cogido un cariño extraordinario, hoy se han ganado mi admiración.  Sirva esto de testigo de la misma y sirvan mis oraciones para fortalecerles en las virtudes que hoy han demostrado.  Dejo aquí testimonio de dos de ellos sobre su experiencia.

Álvaro Guzmán Galindo.-

Al salir, la miradas de desesperación de la entrada se tornaban en caras de arrepentimiento e incluso llantos.  Esa fue la impresión que nos dieron, al menos, las madres a quienes pudimos hablar en la salida, pues la mayor parte salió cuando, una vez llamada la policía.  Alertada por la médico que nos increpaba a intervalos acusándonos de coaccionar a la gente al repartir información sobre lo que hacen cada semana en ese edificio. Al poco de irse la policía, que sólo pudo tomarnos los datos, pues no hacíamos nada fuera de la legalidad, nos acercamos a una chica que, a la entrada, habíamos visto cogida de la mano y dándose besos con su novio, y acompañados ambos de sus respectivas madres.  Al salir, ya no sólo no estaban cogidos ni había beso algunos, sino la cara de angustia de la chica, incluso con lágrima en las mejillas, y la mirada cabizbaja del novio contrastaban con las risas y regocijo de las madres, que tampoco apoyaban ni hablaban con sus hijos, sino que simplemente se reían entre ellas como si se hubieran librado de un “problema”.

Al poco de salir esta chica, vimos llegar un taxi, algo bastante inusual en las clínicas abortistas, al menos en los rescates a los que he ido, una mujer que venía sola.  A ella simplemente le dijimos, ¿qué necesitas para no abortar?  Contamos las ayudas económicas, jurídicas, laborales de acogida y demás que facilitaba la sociedad San Vicente de Paúl.  Cual fue nuestra sorpresa al ver que la madre, a los cinco minutos salió corriendo y se metió al taxi.

 Una chica guapa, acompañada por su pareja, con buena apariencia física y con un coche que denotaba su origen de clase media-alta, entró a la clínica después de oír nuestro testimonio y las ayudas que daba esta asociación.  Al ver que ya no entraban más madres, decidimos ponernos a rezar un rosario ante al jardín del chalet donde se practica estos abortos.  Ella, desde el porche, cogida a su pareja, empezó a mirarnos.  Al principio con disimulo y después fijamente, y de pronto se puso a llorar.  Se derrumbó como si fuera consciente de lo que queríamos transmitirle, y sobre todo consciente de lo que iba a hacer.  Su pareja, que la cogía, no lo hacía con el cariño de otras parejas, que intentan consolar, sino dirigiéndola con firmeza hacia las puertas del abortorio.  Pronto, la médico que nos había increpado ya dos veces, le sirvió un vaso de agua.  Al poco tiempo esa chica, sin parar de llorar, entró a la clínica.  Ya no sabemos qué ocurrió después con ella.

Otra mujer pasaba corriendo, así que fui hacia ella para darle la información.  Ya no podíamos hacer nada por su hijo, pero dije que estábamos ahí también por ella, y que se estaría con ella en lo que necesitase.  Ella dijo “toda la ayuda que necesitaba, la recibí aquí dentro”, e hizo un amago de irse.  Insistí en que, al menos por si acaso quisiera ayuda en un futuro, se llevase la información.  Lo cogió, lo metió dentro de su bolso y se fue andando sola a su casa, pues la persona que la acompañó a la ida no estuvo ahí para acompañarla de vuelta a casa.

Una pareja, acompañada de su hijo, estuvo hablando con nosotros, que la contábamos de lo bonito e importante que era la vida, como el hijo que tenía al lado.  Dijo que ya lo sabía, pero que ya tenía tres hijos, uno de ellos ya de 23 años.  Le mostramos en qué consiste un aborto, y dijo que ya lo sabía, pero que simplemente no podía quedarse embarazada.  A pesar de que fue quien más estuvo hablando con nosotros, fue la única que se fue riéndose.

Los padres acompañaban a una chica, que no podía tener más de 20 años, en un coche de alta gama.  Cuando se ofreció información a la hija, los padres lo rechazaron como si no quisieran que su hija tratase con nosotros.  La cogieron cada uno de un brazo y la llevaron con prisas hacia la clínica.  La chica tenía una cara, entre de agobio y desesperación, como si la situación entera la superase.  También se negaron a la información de ayuda a la salida.

Una vez empezó a llover, decidimos irnos a la casa.  En parte para ayudar a los compañeros que se habían quedado a hacer una mesa informativa, y en parte para evitar causar ningún problema a la Sociedad San Vicente de Paúl, que tan amablemente nos habían acogido.

Isabel Dugenest.-

Estuvimos esperando a que salieran las madres para, después de avisar de lo que es el aborto, apoyarlas también ante las consecuencias que trae.  Se repartió todo el mundo, la mayoría de ellas salieron muy tristes, arrepentidas de verdad.  Otras no tienen nombre.  Una, con rastas, nos dijo de forma brusca cuando nos acercamos: “no me digas nada que estoy hasta las narices de esto”.

Otra que parecía muy maja al principio, una mujer más bien grande que escuchó la información que dimos y todo, luego abortó y pareció estar contenta. Al menos eso intentaba aparentar. Cuando ofrecimos ayuda nos dijo  “La ayuda que necesitaba la he recibido ahí dentro”

También apareció una pareja de novios con las madres. Los dos salieron fatal, no se dieron ni un beso ni nada al salir, como cuando entraban. Estaban cabizbajos y separados.  Normalmente, cuando acompañas a tu novia a un hospital para cualquier otro tipo de intervención, estarías acompañando y consolando.  No será tan normal como quieren hacer ver.

Después de un buen rato, vino la policía para acusarnos de coaccionar por repartir información.  Parecía que iban de poli bueno y poli malo.  Uno iba de simpático y otro de duro.  Primero llegan de chulos “¿qué hacéis aquí? ¿Qué pintáis aquí?” etc.  Recogen los datos del DNI de los que estábamos ahí y habló un buen rato, preguntó a los de la clínica a quienes supuestamente estábamos coaccionando e intimidando.  También nos acusaba de perversión de menores porque, al tener fotos de abortos podía escandalizar a algún niño.  Amenazó diciendo que nos denunciarían en cualquier momento, que sería lo más normal.  El otro preguntaba, al parecer con interés genuino, qué es Crossroads, qué estamos haciendo y demás.  Muy solicito, amable y correcto.  Lo típico.

Una vecina quería gresca, estábamos hablando y para fastidiar aparece la vecina diciendo que siempre estábamos ahí y que no podía sacar el coche.  Cosa curiosa cuando es la única vez que hemos venido a Ciudad Real (sólo estamos de paso) por lo que difícilmente nos podía haber visto antes y cuando no había hecho ni ademán de sacar el coche.  De todas formas, nos pidieron que nos pusiéramos en la esquina y en la acera perpendicular a la calle del abortorio, en lugar de la calle misma, hasta que todo el mundo saliera.

Mientras ellos nos hablaban se fue un grupo de chicas que estaban esperando dentro.  Cuando se fueron nosotros esperamos a las demás chicas. Una salió, nos miró, agachó la cabeza y lloró. 

Otra, cuando entró, no quería papeles ni nada.  Luego salió y pidió la misma información que antes rechazó, y preguntó el horario de atención (que era de 24 horas).  No tuvo tiempo para abortar, así que tenemos la esperanza de que al menos una chica reciba ayuda de la gente de San Vicente Paúl.

No todos eran como ella, o el personal de la clínica.  Tres veces vinieron vecinos para darnos la enhorabuena.  Primero tres jóvenes, con pinta algo macarrilla que nos sorprendieron diciendo que estaba “de puta madre” lo que hacíamos. Los segundos, unos vecinos que calificaron la clínica de matadero y otras también vecinas que eran evangelistas, que fueron muy amables con nosotros y se mostraron de acuerdo con la causa.  Ah, y un señor que pasaba, que hacen cuatro.  Recibimos más apoyo que gente en contra, aunque la mayor parte solo miraba con curiosidad. Pero en silencio.

Por la Vida, a cada paso

Un grupo de veinte universitarios forma la expedición estable de Crossroads, a la que se van uniendo chicos y chicas de las ciudades por las que pasan. A veces, los jóvenes de las distintas localidades realizan una sola etapa y otras, se quedan hasta el final de la caminata, que concluirá el próximo 19 de agosto en Santiago de Compostela.
Parroquias, fundaciones y familias acogen a los peregrinos en las distintas escalas del rally a pie. 

También los acompaña una caravana rotulada con la imagen corporativa de la campaña Aborto Cero, de Derecho a Vivir. El vehículo les presta apoyo logístico, llevando el material promocional de la campaña: trípticos, camisetas, gorras…

Los jóvenes activistas, equipados con una camiseta blanca con la palabra Pro Life (provida) impresa en grandes letras de color azul, estarán en los lugares más concurridos de la capital valenciana informando de la campaña y recaudando firmas para el manifiesto Aborto Cero, que se presentarán en el Congreso de los Diputados durante el próximo otoño, coincidiendo con el procedimiento de reforma de la ley del aborto anunciado por el ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón.

Crossroads y Aborto Cero

Crossroads fue fundado en 1995 por Steve Sanborn, estudiante en la Universidad Franciscana de Steubenivlle (EEUU) como respuesta a la llamada de SS. Juan Pablo II a los jóvenes a que tomaran un papel activo en el movimiento provida y el establecimiento de una Cultura de la Vida. Cada verano, jóvenes estadounidenses hacen simultáneamente cuatro rutas provida cruzando Estados Unidos desde Seattle, San Francisco, San José y Los Angeles hasta Washington D.C. para dar testimonio de la dignidad y valor de toda vida humana, desde el momento de la concepción hasta la muerte natural. Desde entonces la iniciativa de Crossroads se ha arraigado también en Canadá e Irlanda, siendo éste el primer año que se realiza en España. Los peregrinos españoles han salido hoy de Barcelona y llegarán a Santiago de Compostela el 10 de agosto. En su ruta a pie pasan en esta edición, entre otras ciudades, por Valencia, Córdoba y Valladolid.  Más información, en la web de Crossroads España.

Aborto Cero  es una iniciativa de Derecho a Vivir que postula la derogación de la vigente Ley del Aborto y la aprobación de una ley de protección de la vida humana y apoyo a la maternidad.