Lorena Bobbitt y el síndrome postaborto
ALBA, por Luis Losada Pescador.- La historia de Lorena Bobbit es conocida para el gran público. Todos conocen cómo en 1993 le cortó el pene a su marido, John. Sin embargo, nadie se ha preguntado por qué. La razón que explica la actuación de Lorena es un aborto provocado. Un sufrimiento silente que los expertos de la subcomisión parlamentaria y del ministerio de Igualdad parecen reprimir.
La vida de Lorena Bobbitt era perfecta. Había cumplido el ‘sueño americano'. Ocho meses después de contraer matrimonio con su novio, estaba embarazada. Ambos tenían trabajo y vivían en una casa con un pequeño jardín. ¿Hacía falta algo más? Compró un pequeño babero y espero el momento adecuado para darle la noticia al padre. Tras la cena, le puso el babero sobre el cuello y le dio la buena nueva.
La reacción de John -sin embargo- no fue la esperada. Su marido rechazó la paternidad. Lo de siempre: no estamos preparados, tenemos mucha hipoteca que pagar, etcétera. En el fondo, dice Theresa Burcke, autora de "Mujeres Silenciadas", John rechazaba la paternidad por su traumática experiencia infantil. Fue abandonado por su padre y por su madre cuando era niño. "Probablemente no había digerido todavía sus tramas infantiles y veía en Lorena a la madre que nunca tuvo".
Sin opciones
Así que la conclusión estaba clara: Debía abortar. Sin opciones. O abortaba o la dejaba. Lorena se vio presa de la disyuntiva. El aborto era un mal, pero la separación también. Así que acabó abortando a los pocos días del aniversario de su boda. Aquí empezó su calvario. Lorena entro en una profunda depresión. Se volvió sexualmente frígida y comenzó a robar dinero y mercancías en la empresa en la que trabajaba.
La relación se deterioró por completo. El rechazaba la respuesta de su mujer y se vengaba con relaciones extramaritales. Por supuesto, se separaron. Posteriormente se reconciliaron. Y volvieron a separarse. La última vez que vivieron juntos, lo hicieron junto a un amigo de John con el que compartían juergas, borracheras y juegos adolescentes. "Era una manera de que John estableciera una distancia sentimental con Lorena", señala Burcke.
Lorena estaba crecientemente desquiciada. Rechazaba ese tipo de relación y amenazó con largarse de la casa. No lo hizo y la tensión subió de tono. Una noche John y su amigo llegaron borrachos a las tres de la mañana. Lorena estaba en la cocina y tuvo ‘flash backs' de su aborto, según quedó acreditado en el juicio. En la vista también quedó acreditado que su estado de enajenación mental transitoria se debió a un síndrome post traumático, obviamente producido como consecuencia de su aborto. Y es que Burcke y muchos otros profesionales encuadran el síndrome postaborto en la categoría de estrés postraumático.
La historia termina como es sabido: agarró el cuchillo, le cortó el pene a su marido y salió corriendo de la casa con su ‘triunfo'. Tan sólo se llevó con ella la Game Boy de su amigo.
"Con esa castración probablemente Lorena pretendía devolverle a John la castración que ella sentía con su aborto", señala Burcke. La autora no trató profesionalmente a Lorena, pero sí a otras mujeres que también han abortado que tras el mediático caso de Lorena le reconocieron: "Por fin alguien se ha atrevido a hacerlo". ¿Y la ‘Game Boy'? "Probablemente trataba de castigar la conducta adolescente de su marido y su amigo o quizás se llevaba un juguete del hijo que no pudo ser", explica la psicóloga.
Silencio mediático
Casualmente, ningún medio de comunicación recogió la causa del "hecho mediático". Ninguno respondió a la pregunta del ‘por qué' aunque apareció nítida durante el juicio. Todos los medios que cubrieron el caso censuraron la respuesta con su silencio.
El caso de Lorena es extremo, pero no único. Las mujeres que abortan no agarran un cuchillo. Pero el drama de la pérdida violenta de un hijo es universal. Algunas tratan de negar el dolor, otras lo justifican. A veces se tapa con "juegos mentales" como la represión, la racionalización, la introyección o la anulación. La realidad, señala la experta, es que el trauma de un aborto sólo se puede curar con el correspondiente duelo. Podemos tapar, esconder, negar o justificar el dolor. Pero el dolor sólo se cura con el llanto por la pérdida.
Mujeres Silenciadas
Y en el caso de un aborto, la sociedad ha extendido un manto de silencio y justificación que hace difícil el duelo. Trata de enterrar el dolor mirando para otro lado, pero la pérdida existe y ha sido sufrida. No. El síndrome posaborto no es sufrido sólo por mujeres con antecedentes de desequilibrios psico-afectivos. Es universal, señala en la presentación de Mujeres silenciadas la presentadora de televisión Laura Schlessinger.
Mujeres Silenciadas surge del trabajo profesional de Theresa Burcke. Comenzó tratando trastornos alimenticios de mujeres. Descubrió que detrás de muchas abulimias y anorexias se encontraba el trauma de un aborto no superado por la ausencia de duelo. Theresa decidió reorientar su actividad profesional a apoyar a estas mujeres en el duelo por la pérdida violenta de sus hijos. Desde ‘Viña de Raquel ha atendido a centenares de mujeres que sufren el síndrome posaborto (SPA). Mujeres Silenciadas es un tratado del SPA a través de su experiencia clínica. Un texto para profesionales, pero también un manual de autoayuda para todas aquellas mujeres que no se atreven a gritar y menos a imitar a Lorena, pero que sienten su misma frustración.
- Ficha bibliográfica Mujeres silenciadas, Editorial Sekotia, autores: Theresa Burcke y David Readron, Págs: 36, Precio: 21 euros.
- Más información en el Semanario ALBA
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CFuencisla Mié, 29/04/2009 - 12:40h
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"Con esa castración
"Con esa castración probablemente Lorena pretendía devolverle a John la castración que ella sentía con su aborto", señala Burcke. La autora no trató profesionalmente a Lorena, pero sí a otras mujeres que también han abortado que tras el mediático caso de Lorena le reconocieron: "Por fin alguien se ha atrevido a hacerlo". ¿Y la ‘Game Boy'? "Probablemente trataba de castigar la conducta adolescente de su marido y su amigo o quizás se llevaba un juguete del hijo que no pudo ser", explica la psicóloga.
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Estoy leyendo el libro y más parece que es probable que seguro. El texto no es categórico.
Dejemos ya de exculpar a
Al menos geismarin se atreve
Milton, confiesa: ¿cuánto