Mons. Munilla: "La emergencia migratoria llega a nuestras puertas, no podemos desentendernos"

Mons. Munilla: "La emergencia migratoria llega a nuestras puertas, no podemos desentendernos"

El obispo de San Sebastián informa de las medidas de la diócesis para acoger y ayudar a refugiados sirios e iraquíes
Subraya la responsabilidad de Europa y EE.UU. en la resolución del conflicto armado
Y sobre el regreso de los desplazados, "tienen derecho a vivir en su propia tierra"
Recordando las "intervenciones erráticas" en Oriente Medio

Informando de las medidas de la diócesis de San Sebastián para ayudar a refugiados sirios e iraquíes, subraya la responsabilidad de Occidente en la resolución del conflicto, tras las "intervenciones erráticas" en Oriente Medio que han servido de "caldo de cultivo" al fundamentalismo islámico.

REDACCIÓN HO.- Por su interés, ofrecemos íntegras a continuación las homilía pronuciada este mediodía por el obispo de San Sebastián, Mons. José Ignacio Munilla, en la Eucaristía oficiada en el Santuario de Aranzazu, con la que ha dado a conocer en la Festividad de la Virgen las medidas que va a adoptar la diócesis para acoger y ayudar a refugiados sirios e iraquíes.   

Madre de los “refugiados”

Santuario de Aranzazu, 9 de septiembre de 2015

Queridos hermanos:

Con gozo y alegría festejamos a nuestra Madre de Aránzazu, patrona de nuestra Diócesis. El próximo domingo, día 13 de septiembre, Dios mediante, celebramos la eucaristía de inicio del Curso Pastoral 2015-2016 en la Catedral de San Sebastián, con la ordenación sacerdotal de un nuevo presbítero. Estando hoy la “familia” reunida en torno a la Madre, me parece el lugar y el día más propicio para que todos juntos encomendemos a este joven azpeitiarra, Mikel Aranguren, pidiendo para que sea un fiel sacerdote, testigo de Jesucristo en el aquí y ahora de nuestro pueblo.

Sin lugar a dudas, el interés y la preocupación por las vocaciones sacerdotales es uno de los signos más objetivos de eclesialidad. La emergencia moral y espiritual de nuestra sociedad clama por la necesidad de pastores conformes al Corazón de Cristo.

Ciertamente, hay signos muy evidentes de esta emergencia moral y espiritual a la que me refiero: Nos sobran divisiones y nos faltan puntos de encuentro; nos sobran juicios superficiales de unos hacia otros, y nos falta conocernos en profundidad; nos sobran dudas, y nos falta fe; nos sobran sufrimientos y nos falta esperanza… En definitiva, nos sobran “falsos mesías” y “falsas promesas”, y nos falta Jesucristo… Como se narra en el Evangelio, también nosotros estamos desorientados y confundidos, como oveja sin pastor… Sin duda, ¡necesitamos pastores conformes al Corazón de Cristo!

Permitidme ahora que centre mis palabras en la situación que se vive en Irak y Siria, así como en la emergencia migratoria que llega a nuestras puertas. Para nosotros, los cristianos, resulta especialmente familiar el fenómeno de la migración forzada. Estoy pensando -¡cómo no!-, en la huida de la Sagrada Familia a Egipto, escapando de las garras del rey Herodes, que quería acabar con la vida del mismo Niño Dios, quien había venido a dar la vida al mundo. José y María fueron los primeros custodios de aquella vida en peligro, y para poder protegerla, tuvieron que huir por espacio de un tiempo –no conocemos la duración con precisión-, a un lugar lejano y extraño a su cultura… ¿Cómo fue su viaje? ¿Corrieron peligros? ¿Pasaron miedo? ¿Cómo se arreglaron con el idioma? ¿Encontraron quien les hospedase por el camino y a su llegada a Egipto? ¿Cuánto tiempo podrían mantenerse con sus escasos ahorros? ¿Encontraron trabajo? ¿Fueron mirados con desconfianza y sospecha por el hecho de ser extranjeros? ¿Pudieron hacer amigos?...

Sí, la historia se repite, y, una vez más, el Evangelio llama a nuestra puerta. La foto de Aylan, el niño kurdo sirio, de tan solo tres años, ahogado en una playa, se superpone sobre la imagen del Niño Jesús que tuvo que huir a Egipto. Vienen a nuestra memoria las palabras del prólogo del Evangelio de San Juan: “Vino a los suyos, mas los suyos no le recibieron. Pero a cuantos le recibieron, les dio poder para hacerse hijos de Dios” (Jn 1, 11). A decir de este texto evangélico, la acogida es un elemento fundamental que nos capacita para recibir la condición de hijos de Dios.

Uniéndonos a la llamada de nuestro Papa Francisco, ponemos en marcha en nuestra Diócesis de San Sebastián la siguiente iniciativa de acogida, que hoy hago pública en este Santuario, y que será presentada en todas las parroquias el próximo domingo: 

a) Nos dirigimos a las familias, parroquias y a las comunidades religiosas que tengan la posibilidad y la disposición de acoger a los desplazados de Irak y Siria que soliciten asilo político.

b) La acogida que se brindaría a los desplazados tendría una duración de un año, encargándose posteriormente CÁRITAS de su realojamiento e intervención.

c) Durante este año, las familias de acogida tendrán el acompañamiento necesario de CÁRITAS

d) Las familias y comunidades dispuestas a ofrecerse para este servicio, deberán conectar con sus párrocos, los cuales se pondrán en contacto con los servicios centrales de CARITAS en San Sebastián, de cara a la coordinación necesaria.

e) La Iglesia Católica pondrá estos recursos de acogida a disposición de los organismos oficiales encargados de coordinar la acogida a los refugiados.

 Añadimos a lo anterior que nuestro deber moral en esta crisis internacional no termina con la acogida hospitalaria de los prófugos, sino que también tenemos una gran responsabilidad en la solución del conflicto armado que está en el origen de esta migración masiva. Estos refugiados de Siria e Irak que llegan a Europa tienen derecho a vivir en su propia tierra, de la cual han sido expulsados por el llamado Estado Islámico. Las intervenciones erráticas que Estados Unidos y Europa han llevado a cabo en Oriente Medio, muy especialmente en la guerra de Irak de 2003, han derivado en la creación de estados fallidos, en medio de los cuales el fundamentalismo islámico ha encontrado su mejor caldo de cultivo. La supervivencia del cristianismo en Oriente Medio está en grave peligro; y no podemos olvidar que estamos hablando de comunidades cristianas que se acercan a los dos milenios de existencia.

Recientemente, el actual Patriarca greco-melquita de Antioquía, Alejandría y Jerusalén, una de las máximas autoridades católicas de Oriente Medio, hacía un llamamiento a la comunidad internacional para que no se limite a acoger a los refugiados, sino que se implique en detener el conflicto desde sus raíces. Sus dramáticas palabras, nos han recordado el deber moral de la intervención militar humanitaria internacional, a la que tantas veces se ha referido la doctrina social de la Iglesia Católica.

En cuanto a nuestro deber con  los que permanecen en los países de conflicto, os comunico que en nuestra Diócesis, CÁRITAS está estudiando los conductos más adecuados para hacer llegar nuestra ayuda a los afectados de esta guerra en Siria e Irak. Obviamente, nuestro compromiso de solidaridad no hace discriminación por motivos de religión ni de orígenes étnicos; lo cual no obsta para que tengamos una preocupación especial por los cristianos de aquellos lugares, que son objetivo prioritario en este exterminio. Esperamos próximamente dar noticia de diversos proyectos concretos.

Queridos hermanos, uno de los efectos más positivos de la globalización ha sido el crecimiento en la conciencia de la misma dignidad de todos los pueblos de la Tierra. Estamos más cerca de entender que el mundo es una “casa común”, porque todos los habitantes de la Tierra conformamos una única familia. Su última encíclica sobre la ecología, “Laudato Si”, el Papa ha querido subtitularla así: “Sobre el cuidado de la casa común”. En realidad, no solo tenemos en común “la casa”; sino que todos los habitantes del mundo tenemos en común la misma “vida”. Tenemos un origen común, y tenemos un destino común. Mientras tanto, en el peregrinar de la vida, no podemos desentendernos unos de los otros, porque sería contrario a nuestra vocación más originaria, que es la “comunión”.

Encomiendo a nuestra patrona, la Virgen de Aránzazu, los frutos de la celebración del próximo Jubileo de la Misericordia, que el Papa inaugurará en Roma el día 8 de diciembre. La Diócesis está ultimando en estos momentos nuestra agenda para vivir intensamente entre nosotros ese momento de gracia. De momento, no cabe duda que la experiencia de la hospitalidad y el encuentro con los refugiados, será el mejor pórtico para el Jubileo de la Misericordia.

Santa María, “Madre de Misericordia”, “Reina de la paz”, “Madre de los refugiados”, ruega por nosotros.