Una monumental cruz de 42 metros se erige en Pakistán, en defensa de la libertad religiosa

Una monumental cruz de 42 metros se erige en Pakistán, en defensa de la libertad religiosa

Se construye en el principal cementerio cristiano de la ciudad, frecuentemente atacado por los fundamentalistas islámicos
Su promotor, el empresario cristiano Parvez H. Gill, la convertirá en la mayor de Asia
Como símbolo imposible de ignorar sobre la presencia cristiana en el país y frente a la persecución

Se construye en el principal cementerio cristiano de Karachi, frecuentemente asaltado por los fundamentalistas islámicos. Su promotor, el empresario Parvez H. Gill, la convertirá en la mayor de Asia, como símbolo imposible de ignorar de la presencia cristiana en el país y frente a la persecución.

REDACCIÓN HO.-  El empresario cristiano paquistaní Parvez Henry Gill ha decidido levantar en la ciudad de Karachi una cruz de hormigón con dimensiones monumentales. Se trata de una valerosa iniciativa a favor de la libertad religiosa en Pakistán, donde los cristianos, como simboliza en su muy preocupante situación Asia Bibi, son martirizados y discriminados por el fundamentalismo islámico, padeciendo todo tipo de gravísimos abusos amparados por la ley antiblasfemia que rige en el país. 

Gill, de 58 años, pretende que sea una de las cruces más grandes del mundo, precisamente por las grandes dificultades que atraviesan las comunidades cristianas del país. Con 42 metros de altura, sus medidas serán imposibles de ignorar, ya que se aproximan a las de un edificio de 14 pisos. 

El monumento se está construyendo desde hace un año en la entrada del cementerio cristiano de Gora Qabristan, al sur de Karachi, un lugar donde se registran frecuentemente actos de vandalismo por parte de extremistas religiosos, que profanan las lápidas pintándolas o tirando allí su basura. De los 100 trabajadores empelados en la obra, unos 20 renunciaron cuando descubrieron el propósito de la construcción. Sin embargo, en la actualidad incluso no creyentes toman parte en las tareas.

En declaraciones al Washington PostGill  relata que recibió en sueños el encargo de Dios: encontrar una manera de proteger a los cristianos en Pakistán frente a la violencia y el abuso. "Yo quiero que hagas algo diferente," Dios le dijo. Eso fue hace cuatro años, y Gill pensó durante meses con la forma de responder. Finalmente, después de mucho orar y de pasar noches inquietas, se despertó una mañana con la respuesta: edificaría uno de los cruces más grandes del mundo en uno de los lugares más inverosímiles del mundo. “Voy a construir una gran cruz, más alta que la cualquier otra en el mundo, en un país musulmán", "Va a ser un símbolo de Dios, y todo el mundo que la vea este no podrá ignorar esta preocupación".

El empresario ha explicado que la grave situación de discriminación que sufren motiva a las familias a dejar la ciudad. “Quiero que las personas cristianas la vean y decidan quedarse”, ha afirmado Gill. “Será un símbolo de Dios y todos los que la vean dejarán de preocuparse”, ha añadido. Dado el escenario escogido, muchos cristianos de Karachi temen que una obra de tal magnitud traiga más problemas de los que ya sufren. Su creador reconoce que le han advertido sobre el riesgo que corre su propia seguridad. 

Ahora, en este país mayoritariamente musulmán, en el corazón de una ciudad donde los extremistas islamistas controlan bolsillos de algunos barrios, la cruz de 14 pisos está casi completa.  La cruz, en el sur de Karachi, no  la más alta del mundo, esa distinción es reclamada por la Gran Cruz en St. Augustine, Florida.,  Pero Gill dice su cruz en el cementerio Qabristan Gora, que data de la época colonial británica, será la más grande de Asia.

Persecución constante a los cristianos

La minoría cristiana de Pakistán vive en situación de peligro constante por las amenazas de los extremistas islámicos. De los 165 millones de habitantes, el 95 por ciento son musulmanes y el 2,5 por ciento, cristianos (de los cuales apenas un millón y medio son católicos), que son considerados ciudadanos de segunda clase. 

Eso, en el mejor de los casos. Con cierta frecuencia llegan testimonios de secuestros, conversiones forzadas, violaciones y todo tipo de episodios de violencia, incluidos los asesinatos, cuando no  fallos judiciales que amparan falsas denuncias fundamentalistas en orden a la ley antiblasfemia, que sentencian a muerte a los cristianos, como ocurre con Asia Bibi.  El mes pasado, en Lahore, un adolescente fue quemado por profesar esta confesión religiosa y el pasado noviembre una turba de fanáticos linchó e incineró a un matrimonio cristiano a la que acusaban de haber quemado un Corán.

Los lugares de culto también son objetivo de los violentos. En marzo, el atentado con bombas de un grupo insurgente en dos iglesias de Lahore causó 15 muertos y 75 heridos, un ataque que recordó al de hace dos años, cuando perdieron la vida más de 100 personas en un asalto suicida a una iglesia de Peshawar.

Ser menos en número no tendría por qué ser un problema si no fuese porque en Pakistán las minorías son perseguidas por radicales suníes, mayoritarios en esta república islámica. Precisamente en Karachi hace dos semanas fue tiroteado un autobús en el que viajaban chiíes, un ataque que dejó más de 40 muertos.