Youssef III Younan: «Pedimos al mundo que no deje pasar por alto esta intolerable masacre de inocentes»

Youssef III Younan: «Pedimos al mundo que no deje pasar por alto esta intolerable masacre de inocentes»

«No tenemos petrodólares ni amenazamos con terrorismo. La comunidad internacional nos ha traicionado»
«El problema está en la idea de la unión entre religión y estado, defendida por los fundamentalistas»
«La situación es realmente dramática, la Iglesia siro-católica sufre el éxodo y el desarraigo de muchos fieles»
«Pedimos a nuestros hermanos de religión musulmana que vigilen la formación de la juventud, sobre todo que tengan cuidado con sus discursos religiosos»

«Nuestra comunidad cristiana no es de gran interés para las potencias. No tenemos petrodólares ni amenazamos con terrorismo. La comunidad internacional nos ha traicionado», denuncia el Patriarca de Antioquía y del Este de Siria, antes de participar en el Congreso #WeAreN2015.

MasLibres.org / WeAreN2015.- Ignatius Youssef III Younan (15 de noviembre de 1944 en Hassaké, Siria), Patriarca de Antioquía y del Este de Siria de la Iglesia Católica Siriaca y obispo de Beirut, será una de las voces destacadas por los cristianos perseguidos que escucharemos en el I Congreso Internacional sobre Libertad Religiosa Todos Somos Nazarenos #WeAreN2015, que se celebra en Madrid, organizado por MasLibres.org con el patrocinio de HO y CitizenGO, desde este viernes 17 y hasta el domingo 19.

Tras su ordenación sacerdotal fue párroco en Beirut y profesor de seminario. Desde 1986 estuvo destinado en Estados Unidos, en la Eparquía (diócesis) Our Lady of Deliverance en Newark de los Siriacos. En 1995, Juan Pablo II le nombró eparca de esta Eparquía y visitador apostólico de los fieles siro-católicos de América Central. Fue elegido como Patriarca el 20 de enero de 2009 por el Sínodo siro-católico, reunido en Roma bajo la presidencia del cardenal Leonardo Sandri, Prefecto de la Congregación para las Iglesias Orientales. Benedicto XVI le concedió la comunión eclesiástica, que puso de manifiesto en su Visita a Roma el 19 de junio de 2009 coincidiendo con el inicio del Año Sacerdotal. El Patriarca Ignacio José III Younan celebró la Santa Misa por el rito siriaco en la Basílica de Santa María la Mayor como signo de esta comunión.

En 2010, el Patriarca denunció que los cristianos de Irak eran asesinados como ovejas, y pidió al primer ministro iraquí que se les defendiera y protegiera. «Lo que está ocurriendo en Irak es un genocidio», denuncia.

Ante la situación de emergencia humanitaria, hizo un llamamiento a Europa: «Le pedimos a Europa que defienda los derechos humanos y que no deje pasar por alto esta intolerable masacre a personas inocentes, que además están desarmadas».

Sobre la intervención militar occidental, con ataques aéreos contra objetivos del Estado islámico, ha dicho que aunque no puede decir que no sean efectivos, llegan tarde y mal y el tiempo corre en contra de las minorías indefensas de cristianos y yazidíes. Denuncia que la región se ha convertido en un peón en el juego de la estrategia geopolítica y el oportunismo económico.

«La situación es desastrosa para nuestras comunidades en el norte de Irak. Nuestra gente,especialmente los sirio católicos, ha sido realmente golpeada por el fanatismo, yihadismo o el llamado Estado Islámico. Las milicias del EI han barrido grandes extensiones del territorio iraquí, amenazando a los cristianos y otras minorías con la conversión a su marca extremista del Islam, a pagar impuestos especiales o a morir» .

Younan ha explicado que las persecuciones que sufren los cristianos actualmente no son más que la plasmación radical de lo que viene ocurriendo en Oriente Medio en el último siglo: elintento de echarlos de una tierra en la que han vivido durante dos mil años. «Esto ha ocurrido paulatinamente en el último siglo. Hace 30 años, el 20 por ciento de la población siria eran cristianos y ahora son un 8 por ciento. Esto se debe a que ha habido un confusión entre Estado y religión. Y sólo la religión musulmana es considerada la verdadera. Entonces los cristianos se sienten de segunda clase».

El Patriarca aboga por que se respeten los derechos humanos de todas las personas, sean de la religión que sean, y pide ayuda a la comunidad internacional y a la ONU para detener las masacres de cristianos y otras minorías. «Sentimos que a los cristianos se les ha abandonado a su suerte. Están frente a una lucha por la supervivencia y necesitan ayuda». 

En septiembre de 2014, pidió a los líderes musulmanes que emitieran una declaración «para condenar las atrocidades cometidas contra los cristianos y otras minorías» en el Medio Oriente. También pidió a la «familia de naciones» apoyar la libertad religiosa y la separación de Iglesia y Estado en la región.

Se refirió también al drama de los refugiados, con un llamamiento a la comunidad internacional para que ayude a encontrar una solución que permita a los miles de refugiados cristianos regresar a sus hogares en el norte de Irak y Siria. «Tenemos derecho a vivir en nuestra propia tierra, la tierra de nuestros antepasados durante miles de años. Nuestros antepasados sufrieron persecución e incluso martirio porque fueron fieles al Señor Jesús. Mantenemos la esperanza en el Señor, que repite muchas veces en la Biblia: "No tengas miedo"».

Usted ha defendido que lo que se estaba produciendo en Irak y Siria era un genocidio. ¿Cómo valora la actuación de la comunidad internacional ante el conflicto?

La comunidad cristiana en Oriente Medio no es de gran interés para las potencias. Aquí no tenemos petrodólares y no amenazamos a nadie con terrorismo. La comunidad internacional -las Naciones Unidas, los Estados Unidos, la Unión Europea- realmente nos han traicionado, por desgracia. Solo están tratando de preservar sus intereses económicos. Se aliaron con sistemas de gobierno que se encuentran entre los más fundamentalistas del mundo, donde no hay ni libertades religiosas ni civiles, y donde la mujer no tiene casi derechos. Han olvidado sus principios de la verdadera democracia por interés. Estos pueblos de la Unión Europea, así como los de América del Norte, tienen que pensar que hay principios y valores sobre los que se fundaron sus propios países y no deben traicionar esos principios y valores. Sentimos que a los cristianos se les ha abandonado a su suerte. Están frente a una lucha por la supervivencia y necesitan ayuda.

¿Qué le pide a la comunidad internacional?

Pedimos al mundo que defienda los derechos humanos y que no deje pasar por alto esta intolerable masacre de personas inocentes, que además están desarmadas. No quiero incitar al aumento de armas en lo más mínimo. Los cristianos son gente pacífica sin armas ni milicia; sin embargo, quiero que se defienda y proteja a la comunidad cristiana.

 ¿Por qué crece el fanatismo con tanta fuerza en los países musulmanes?

El problema está en la idea de la unión entre religión y estado, defendida por los fundamentalistas. De hecho, el programa de ISIS es la mismo que el de los Hermanos Musulmanes: sharía como camino, la yihad como método. Nosotros, los cristianos en Oriente Medio, no estamos en contra del Islam. Y ahora tenemos que ayudar a nuestros hermanos musulmanes para que entiendan que ya no estamos en el siglo VII, sino en el XXI. Al igual que el Occidente debe darse cuenta de que lo que está ocurriendo en el Medio Oriente es peligroso no solo para nosotros, sino para nuestros hijos y para nuestros nietos.

¿En qué situación se encuentran hoy los cristianos de Siria e Irak?

La situación es realmente dramática, la Iglesia siro-católica sufre el éxodo y el desarraigo de muchos fieles de Mosul, Nínive y de la llanura de Nínive. 

¿Qué busca el Estado Islámico y cómo pararlo?

Imponer su religión con violencia. Quieren regresar a los primeros siglos, dividiendo a las personas y las comunidades en gente de una religión y de otra. Para frenarlo, en primer lugar hay que dejar de armar a la llamada oposición moderada: ¡no hay oposición moderada en el Medio Oriente! Mientras no tengamos una clara separación entre la religión y la política, nunca tendremos una verdadera, democrática y moderada oposición. ¡Todo esto es sólo una ilusión!

¿Es posible un diálogo fructífero con el Islam que acabe con la intolerancia?

Yo mantengo relaciones cordiales con los líderes religiosos musulmanes en el Líbano y otros lugares de la región, y hablo con ellos sobre la educación, que juega un papel esencial en el escenario yihadista. Pedimos a nuestros hermanos de religión musulmana que vigilen la formación de la juventud, sobre todo que tengan cuidado con sus discursos religiosos en las mezquitas o en sus escuelas. Y esto es algo que es muy, muy importante.

A la gente le pudiera parecer, por su silencio, que no tienen el valor de enfrentarse a los grupos radicales y de los que predican el odio y la intolerancia. No nos cansamos de repetirles la importancia de la educación. En el Líbano, por ejemplo, cuando nos encontramos con los jeques musulmanes, ya sean suníes o chiíes, discutimos este tema con mucha frecuencia. Y esperamos que llegue el día en que comprendan que en su religión tienen que encontrar los aspectos positivos de su relación entre el hombre y Dios, y no centrarse en aquellos versos que propagan la violencia, el odio y la discriminación contra los no musulmanes.

¿Cree posible vivir el cristianismo en paz en Oriente Próximo una vez el Estado Islámico haya sido derrotado?

Soy un hombre de esperanza. El Líbano es un país con 17 confesiones diferentes, y se ha citado a menudo, a pesar de los períodos de inestabilidad, como un modelo de convivencia entre personas de diferentes religiones. Esto está bien. En todos los países de la región, en especial donde existe una mayoría musulmana que gobierna el país, no hay separación de la religión y el estado. Y eso significa que siempre habrá discriminación contra los no musulmanes que son una minoría. Excepto en el Líbano. Este es un modelo para toda la región. Y gracias a Dios que existe esa igualdad de derechos para todos los ciudadanos en el Líbano. Tratamos de correr la voz para que los países de mayoría musulmana sigan con este ejemplo y apliquen de verdad, con seriedad y honestidad, la carta de derechos humanos de la ONU de 1948.