P. Luis Montes, misionero católico en Irak: «La fe sufrida es la que da fuerzas»

P. Luis Montes, misionero católico en Irak: «La fe sufrida es la que da fuerzas»

«Oriente Próximo ha llegado a esta situación por los intereses mezquinos de los hombres poderosos»
«La situación es absolutamente dramática. Presionados, perseguidos, asesinados de las maneras más brutales, sufriendo toda forma de violencia, abandonados de los que podrían hacer algo»
«De los 1,5 millones de cristianos de antes de la guerra, en Irak no quedan más que 300 mil»
«Podrán sobrevivir si se ponen urgentemente los medios: ayuda humanitaria masiva; cortar la financiación externa de EI; apoyar y presionar al gobierno iraquí y con la ación de la ONU»
«Este pueblo está sufriendo lo indecible. Las alegrías vienen de la fuerza que Dios les da»

Lleva 20 años en Oriente Próximo. «Estamos viendo persecución, tortura, gente que ya no tiene nada»... Pero no abandonará a quienes define como «santos mártires». A punto de participar en el Congreso #WeAreN2015, subraya: «hace falta concienciar al mundo de este genocidio».

MasLibres.org / WeAreN2015.- El Padre Luis Montes (1970.Darregueira, provincia de Buenos Aires, Argentina), misionero en Irak y párroco de la Catedral de Bagdad será una de las voces destacadas por los cristianos perseguidos que escucharemos en el I Congreso Internacional sobre Libertad Religiosa Todos Somos Nazarenos #WeAreN2015, que se celebra en Madrid, organizado por MasLibres.org con el patrocinio de HO y CitizenGO, desde este viernes 17 y hasta el domingo 19.

Fue ordenado sacerdote en 1996. Lleva 20 años en Oriente Próximo: en la localidad palestina de Ortas, situada al lado de Belén, donde se ofreció para participar en la fundación de un monasterio contemplativo; un año en el norte de Jordania y seis en Alejandría, en Egipto, donde fue 7 años Superior Provincial del Instituto Verbo Encarnado, y desde 2010 está en Irak. Llegó a Irak pocos días después del fatídico 31 de octubre de 2010, cuando unos seis hombres armados con ametralladores irrumpieron en la misa dominical de la iglesia siro-católica Nuestra Señora de la Salvación, en Bagdad. Murieron 58 personas, entre ellos, dos sacerdotes. Las cruces y otros símbolos religiosos estallaron en pedazos. El atentado fue reivindicado por el Estado Islámico.

Considera que ha aprendido muchísimo de los cristianos iraquíes, de los que dice que son «santos mártires», como los primeros cristianos, que permanecerán para siempre por su testimonio de fe frente a sus verdugos, el Estado Islámico, que desaparecerá y será olvidado por la historia. «El siglo XX dio más mártires a la iglesia que todos los siglos anteriores. Y el siglo XXI está compitiendo con el siglo XX para superarlo», denuncia. 

Critica la pasividad del mundo ante el horror del que está siendo testigo y del que no vale alegar ignorancia, puesto que los medios de comunicación lo difunden a todas horas, las redes sociales, etc…«Debe haber una presión sobre los países que disimuladamente ayudan al ISIS. Si no se corta la ayuda que está llegando a ese grupo terrorista, va a ser muy difícil terminar esto. La comunidad internacional tendría que intervenir castigando a los responsables de alimentar estos grupos. Si no lo hace, se hace cómplice de que continúe este genocidio». «Nosotros estamos aquí por ellos y queremos estar con ellos hasta el fin. Pero nadie sabe que va a pasar. Puede ser que pase lo peor, puede ser que no. Pero el principio es quedarnos con ellos, con el pueblo al que elegimos servir«».

Ante el éxodo de cristianos, manifiesta«Yo preferiría que [las familias] se queden, pero no podemos hacer presión, meternos en una decisión tan personal. (...) En Bagdad hasta hace poco querían quedarse muchos. Ahora ya no tienen esperanza de que haya paz. Algunos ni siquiera quieren irse a otro país árabe. Para la Iglesia, eso es devastador y también para la sociedad, porque se va un componente que es parte del tejido nacional».

¿Por qué ha llegado a esta trágica situación Oriente Próximo?

Por los intereses mezquinos de los hombres poderosos; de los que ejercen el poder en sus pueblos y les fallan permanentemente; y de los de afuera, que se interesan en la región por su valor económico y estratégico. 

¿Cómo es la situación de las minorías, especialmente la de los cristianos?

Es absolutamente dramática. Presionados, perseguidos, asesinados de las maneras más brutales, sufriendo toda forma de violencia, abandonados de los que podrían hacer algo. De los 1,5 millones de cristianos de antes de la guerra, en Irak no quedan más que 300 mil.

¿Podrán sobrevivir en la región? ¿Existe alguna posibilidad de detener el éxodo cristiano?

Sí, si se ponen urgentemente los medios para ello. Es necesario hacer llegar ayuda humanitaria masiva; cortar la financiación externa del Estado Islámico; apoyar y presionar al gobierno iraquí para que realice una política inclusiva para todos; y ver en el seno de la ONU el modo de detener a este grupo terrorista y permitir a la gente volver a sus hogares. El problema es que son soluciones valientes que no se quieren tomar. Se prefieren tomar medidas intermedias que no solo no solucionan nada, sino que traerán más muerte en el futuro.

 ¿Qué pretende el Estado Islámico?

La implantación del Califato en los países musulmanes primero, después en los países que estuvieron alguna vez bajo el Islam, como España, y finalmente en todo el mundo.

 ¿Hay alguna posibilidad de entendimiento con los yihadistas del autoproclamado Califato?

Para ellos, la misma noción de diálogo es una aberración. Lo rechazan explícitamente. Pero, si se dejasen de cometer injusticias en Medio Oriente, el Califato perdería mucho de su fuerza. Porque evidentemente en sus filas hay mucha gente arrastrada por la decepción y la impotencia ante el mal que han sufrido.

 ¿Cuáles son las repercusiones del conflicto de Irak en Occidente?

Este conflicto trae inseguridad a todo el mundo. Con el tiempo esto se verá más claro.

 ¿Podría hablarnos de los sufrimientos y alegrías de los cristianos en Irak?

Los sufrimientos vienen de la maldad del corazón humano y son patentes. La crueldad no solo se realiza, sino que se promociona como medio de propaganda: crucifixiones, decapitaciones, torturas, violaciones, secuestros, saqueos, etc. Este pueblo está sufriendo lo indecible. Las alegrías vienen de la fuerza que Dios les da y que hacen que este pueblo sea un ejemplo para todo el mundo. Vemos repetirse lo que ocurrió en las persecuciones de los primeros siglos.

En ninguna otra parte se ve tan claro lo que enseña el Concilio Vaticano II “La Iglesia «va peregrinando entre las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios» anunciando la cruz del Señor hasta que venga (cf. 1 Co 11,26). Está fortalecida, con la virtud del Señor resucitado, para triunfar con paciencia y caridad de sus aflicciones y dificultades, tanto internas como externas, y revelar al mundo fielmente su misterio, aunque sea entre penumbras, hasta que se manifieste en todo el esplendor al final de los tiempos”.

 ¿La fe de los cristianos, en los años de persecución, se ha reforzado o ha sufrido?

Ambas. La fe sufrida es la que da fuerzas. Se ve aquí lo mismo que en el Calvario, la derrota de Dios es, en realidad, la gran victoria.

 ¿Cuál es la situación en este momento en Bagdad?

La gente no cree aquí que Estado Islámico pueda entrar en la capital con tropas porque está fuertemente protegida. Han aumentado los atentados (que por otra parte estuvieron siempre desde la invasión), pero la vida continúa más o menos como antes. Lo que más se teme es que, aumentando el odio, se llegue a una abierta guerra civil.

 ¿Ha pensado en abandonar el país?

Dios nos ha llamado a esta misión y queremos quedarnos con este pueblo que se merece tanto. A todos pedimos oraciones y que den a conocer lo que está pasando. Hace falta concienciar al mundo del genocidio que se realiza en la región. Hace falta movilizar a los cristianos para que recen más.

¿Qué ha aprendido de los cristianos de Irak?

Estamos viendo la persecución, la tortura, gente que ya no tiene nada, que ha tenido que abandonar sus casas y que ha perdido el trabajo de toda una vida. Ésa es la obra del mal en nuestros corazones, el mal que destruye al hombre. Y por otro lado está la fuerza que Dios da a sus hijos, y tenemos casos de heroísmo, gente que da la vida por Cristo, por sus hermanos. Y eso hace que a la vez que muy triste, sea también muy edificante. Estamos aprendiendo mucho de los cristianos iraquíes.