Salvajemente violadas en Pakistán, al grito de "este es el destino de las chicas cristianas pobres"

Salvajemente violadas en Pakistán, al grito de "este es el destino de las chicas cristianas pobres"

Las dos cristianas, hermanas de 18 y 14 años, tuvieron que soportar crueles mofas mientras las violentaban
Abandonadas tras la salvaje violación por cuatro musulmanes, tuvieron que regresar andando a su casa, aterradas y semidesnudas
Como es habitual con víctimas cristianas, la Policía se inhibió
Clamando justicia, la familia sufre amenazas
“Dios velará por nosotros en este trance tan difícil”, confían

Las dos cristianas, hermanas de 18 y 14 años, tuvieron que soportar crueles mofas mientras las violentaban. Como es habitual con víctimas cristianas, la Policía se inhibió. Clamando justicia, la familia sufre amenazas. “Dios velará por nosotros", confían.

REDACCIÓN HO.-  De acuerdo con la información que traslada a MasLibres.org Jospeh Nadarhani, director de la Renaissance Education Foundation (REF), dos jóvenes hermanas cristianas, Sara y Seema Mashi, de 18 y 14 años respectivamente, fueron brutalmente violadas hace unos días en un pueblo de Jaranwala, en la provincia de Punjab, por cuatro hombres. Al tratarse de una humilde familia cristiana, la Policía se mostró contraria a admitir la denuncia para localizar a los culpables y que se hiciera justicia.

Según han declarado las propias muchachas, aprovechando que su padre, Iqbal Masih, se había ido a trabajar en los campos cercanos, cuatro hombres  -Sajad, Azeem, Asif, y Akbar- las tomaron con violencia y las trasladaron hasta  una zona de matorral, donde las violaron salvajemente. Con gran dolor, las jóvenes recuerdan como sus violadores se reían y se burlaban de ellas mientras las violentaban, aseverando: "este es el destino de chicas cristianas pobres". 

Tras la brutal agresión, abandonaron a las muchachas, que tuvieron que regresar andando a su casaaterradas y semidesnudas, cargando con todo el horror de la violencia sufrida.

Cuando llegaron a su hogar y contaron a su padre lo padecido, Iqbal Masih se trasladó a la Comisaría para denunciar a los presuntos culpables y que se hiciera justicia. La Policía, sin embargo y como es habitual en los  casos de ataques a los cristianos, mostró su rechazo a registrar la denuncia, insistiendo en que desistiera y que se olvidara de lo sucedido.

Ante la dejadez policial, el padre decidió acudir él mismo ante el tribunal civil; el juez ordenó un examen médico de las jóvenes, tras el cual se registró la denuncia contra los autores identificados por las muchachas. Uno de ellos, Sajad, fue detenido, mientras que el resto de los acusados lograron escapar.

Por si fuera poco el horror padecido, la familia victimizada recibe amenazas de gente influyente que reside en la vecindad. Pero Iqbal Masih está determinado a conseguir justicia para sus hijas, confiando en que “Dios velará por nosotros en este trance tan difícil”.