El fundamentalismo islámico sigue sembrando el terror en Siria con crucifixiones públicas

El fundamentalismo islámico sigue sembrando el terror en Siria con crucifixiones públicas

Sira, azotada por la cruel violencia del terrorismo islámico
Los cristianos, primer objetivo de esta persecución

El 24 de abril recogíamos en HO la denuncia de Sor Raghida, religiosa siria, y hoy los medios denuncian esta extrema violencia, aunque sin citar la persecución a los cristianos, contra quienes perpetran decapitaciones para jugar luego al fútbol con las cabezas, o salvajes abortos a las embarazadas.     

REDACCIÓN HO.- El pasado 24 de abril recogíamos la denuncia de Sor Raghida en una entrevista a la Radio Vaticana (íntegra, aquí, en francés): en Siria radicales musulmanes vinculados a Al Qaeda, al grito de 'Allahú Ajbar' (Alá es el más grande) exigen a los cristianos que se conviertan al Islam, amenazándoles con que serán crucificados como Jesús si se niegan.  Al no convertirse, si se niegan unirse a estos grupos takfiris o entregarles el dinero que exigen como rescate, cumplen su amenaza; en ocasiones, toman luego las cabezas de los martirizados para jugar al fútbol con ellas.  La barbarie no se limita a esto: según relata esta religiosa siria,  que dirigía la escuela del Patriarcado Greco-católico en Damasco y que ahora vive en Francia, esta barbarie no se limita a estas ejecuciones: a algunas mujeres embarazadas también les arrebatan sus bebés del vientre y los cuelgan a los árboles con sus cordones umbilicales. La monja ha dado testimonio relatando casos padecidos por los cristianos de Maalula y de Abra.

Hoy numerosos medios de comunicación hablan de estas crucifixiones, aludiendo directamente a una rama local de Al Qaeda, aunque sin mencionar la persecución religiosa que convierte a la minoría cristiana el principal objetivo de esta violencia. Algunos, como The Washington Post, sí reconocen que, al menos en Siria, el ensañamiento es primero religioso y después político: desde 2003, los cristianos se convirtieron en blanco del extremismo islámico mediante atentados, ejecuciones y actos de discriminación de todo tipo, lo que está provocando también el éxodo de cientos de miles de familias cristianas.

Sembrar el terror

La mayoría de los medios se centran hoy en señalar que desde que los yihadistas del Estado Islámico de Irak y el Levante (EIIL, rama de Al Qaida) se hicieron con el control de la ciudad siria de Raqqa hace ya más de un año, la lista de brutalidades y violaciones de derechos humanos no dejad de aumentar. Su última salvajada es la crucifixión pública como forma de castigo, en una serie de ejecuciones ejemplarizantes.

En este sentido documentan a fecha de hoy varios casos; primero, citan al al Observatorio Sirio de Derechos Humanos, que denuncia la ejecución de un hombre el pasado marzo, acusado de robar. Pocos días después, apareció en internet un breve vídeo en el que puede verse a un joven con los ojos vendados agonizando en una cruz en una vía pública (denuncias aquí y en este otro vídeo, se advierte de la crudeza de las imágenes),frente a un panel negro en el que se lee el nombre de este grupo radical.

Esta semana les ha tocado el turno a otros dos hombres a los que el EIIL acusó de atacar a sus militantesAbu Ibrahim Alrquaoui, fundador de una asociación denominada 'Raqqa is Being Slaughtered Silently' (Raqqa está siendo masacrada silenciosamente) aseguró a la cadena Fox News que estuvo presente durante las crucifixiones que se llevaron a cabo en esta ciudad al norte de Siria tomada por el EIIL, y que fue él quien tomó las fotos que constituían su denuncia, que muestran diferentes hombres atados a cruces en lo que parece ser un área de plaza pública. «Quieren seguir al mando. Todo lo que hacen es aterrorizar a la gente. Por eso matan a la gente en público», afirma Alraqaui en una entrevista en la citada cadena estadounidense.

El grupo, de hecho, ha mostrado en el pasado su querencia por las ejecuciones públicas con grandes dosis de crueldad, como forma de imponer la disciplina en las zonas bajo su control. El pasado 17 de enero, tras tomar la localidad de Jarabulus, decapitaron a diez personas y clavaron sus cabezas en picas, provocando el terror entre sus habitantes, la mayoría de los cuales optaron por huir a Turquía.