Suiza acepta perpetrar la eutanasia a una anciana sana por "ser incapaz de adaptarse a la tecnología"

Suiza acepta perpetrar la eutanasia a una anciana sana por "ser incapaz de adaptarse a la tecnología"

Los defensores de la eutanasia en Reino Unido explotan el trágico caso de una anciana inglesa, que no ocultaba su soledad

Anne, inglesa de 89 años, soltera y sin hijos, sólo tuvo que manifestar que no se adaptaba a estos tiempos. No ocultó que su tragedia era la soledad. Pero a ojos de los defensores de la eutanasia sólo era una oportunidad más para seguir manipulando.

REDACCIÓN HO.-  La nueva víctima explotada de esta ya trágica normalización de la eutanasia en Suiza, muestra de un negocio sin escrúpulos que no repara en motivos para incrementar la cartera de negocio de las clínicas, era una mujer inglesa de Sussex, nacida en Kenia, profesora de arte jubilada, de 89 años, soltera y sin hijos, identificada como Anne.

No sufría ninguna enfermedad, ni terminal, ni grave. Lo único que tuvo que alegar era que "no se adaptaba": ni a la tecnología, ni al consumismo, ni a la comida basura, señaló. Se sentía "contracorriente". Eso bastó para que una clínica suiza, paradójicamente denominada Dignitas (en la foto), aceptara mirar para otro lado ante el sentimiento de soledad que transmitía esta anciana que, mostraba su preocupación por su "futuro nada envidiable" ante el hecho  de que tendría que irse a una residencia, consternada porque la manera en las que hacía las cosas ya no existen. Simplemente la aceptaron como una más en su lista de clientes para perpetrar la eutanasia, en un país tristemente convertido en destino referente de este inhumano turismo de la muerte.

La clínica sólo tuvo que desentenderse, como hicieron también otros que la conocieron su expresión de su soledad, sin deseo alguno de asistirla para que disfrutara de esa vida digna que todos anhelamos. En una  entrevista que concediera al The Sunday Times, días antes de que se le provocara la muerte, Anne motivaba su deseo de pedir la muerte señalando, como entusiasta ecologista, su "horror" al ir al supermercado y tener que enfrentarse a "un montón de comida preparada", o ante una sociedad en la que "tantas personas se pasan la vida sentados frente a un ordenador o una televisión". "Nunca he tenido una televisión, solo he tenido una radio. La gente está cada vez más alejada. Nos estamos convirtiendo en robots. Esto es falta de humanidad", se lamentaba. Una oportunidad que ávidamente explotaron los defensores del falso e inhumano "derecho a morir" en favor de la eutanasia. 

A su edad, señalaba, "siento que no puedo adaptarme". No tuvo que esforzarse más para convencer a los médicos suizos de Dignitas. Acompañada de una sobrina -de 54 años, que solo quiso dar el nombre de 'Linda' tras publicarse en prensa una carta firmada con su relación de parentesco con la anciana y titulada 'Por qué la deje ir'-, acudió a la clínica suiza, y allí acabó todo, con una dosis letal de barbitúricos.

Acabó para ella, no para quienes se valen del sufrimiento de los más vulnerables para explotarlo en favor de sus propios fines: la historia está siendo usada por grupos minoritarios para forzar un falso debate sobre la necesidad de una legislación más favorable a la eutanasia en el Reino Unido. Michael Irwin,  médico retirado que fundó la llamada Sociedad para la Tercera Edad 'El suicidio racional' y que ha colaborado en este caso de eutanasia, ha revelado que conoce al menos tres casos que han acabado igualmente con la vida  de personas en circunstancias similares a Anne.

Con ello, los partidarios de la eutanasia piden libertad de voto en el Parlamento ante el proyecto de ley de muerte asistida, según el cual dos médicos podían prescribir una dosis letal de fármacos a un paciente terminal al que se le diagnostique menos de seis meses de vida. Pero frente a este discurso promuerte, ya son muchas las voces que se están alzando para advertir que una relajación de la ley en Gran Bretaña aumentaría el riesgo que padecen ancianos y discapacitados.