La Academia Pontificia para la Vida, sobre las vacunas procedentes de abortos

La Academia Pontificia para la Vida, sobre las vacunas procedentes de abortos

"Médicos y padres tienen el deber de recurrir a vacunas alternativas, ejerciendo toda la presión posible sobre los sistemas sanitarios"

REDACCIÓN HO (Inma Fernández).- Extraigo algunos párrafos del documento de la Academia Pontificia para la Vida, referente a las vacunas relacionadas con el aborto: Hay tres grupos de personas que se encuentran involucradas en la cooperación con el mal, mal que está representado obviamente por la acción de aborto voluntario ejecutado por otros: a) quien prepara las vacunas mediante cepas de células humanas provenientes de abortos voluntarios; b) quien participa en la comercialización de tales vacunas; c) quien tiene necesidad de utilizarlas por razones de salud.

Respecto a quien tiene la necesidad de utilizar tales vacunas por razones de salud, se precisa que, excluida toda cooperación formal, generalmente los médicos o los padres que recurren al uso de tales vacunas para sus hijos, a pesar de conocer el origen (el aborto voluntario), realizan una forma de cooperación material mediata muy remota (y en consecuencia muy débil) en lo que se refiere a la producción del aborto, una cooperación material mediata en lo que se refiere a la comercialización de células procedentes de abortos, e inmediata en lo que se refiere en lo que se refiere a la comercialización de las vacunas producidas con tales células. La cooperación es más fuerte por parte de las autoridades y de los sistemas sanitarios nacionales que aceptan el uso de tales vacunas.

Pide a Sanidad que adquiera y distribuya vacunas éticas, no procedentes de abortos

Por lo tanto, los médicos y los padres de familia tienen el deber de recurrir a vacunas alternativas (si existen), ejerciendo toda la presión posible sobre las autoridades políticas y sobre los sistemas sanitarios, a fin que estén disponibles otras vacunas que no planteen problemas morales. Si es necesario, ellos deben invocar la objeción de conciencia respecto al uso de vacunas producidas mediante cepas celulares de origen fetal humano abortivo. Igualmente, deben oponerse con todos los medios (por escrito, a través de las diferentes asociaciones, los medios masivos de comunicación, etc.) a las vacunas que no tienen todavía alternativas sin problemas morales, haciendo presión para que se preparen vacunas alternativas no vinculadas a un aborto de feto humano y pidiendo un control legal riguroso de las industrias farmacéuticas que las producen.

Respecto a las enfermedades contra las cuales no hay todavía vacunas alternativas, disponibles y éticamente aceptables, (...) el deber de evitar la cooperación material pasiva no obliga si se plantea un inconveniente grave. Más aún, en tal caso contamos con una razón adecuada para aceptar el uso de estas vacunas, al estar en peligro de favorecer la difusión del agente patológico, a causa de la ausencia de vacunaciones de los niños. Esto es particularmente cierto en el caso de la vacunación contra la rubéola.

Pide a Sanidad que adquiera y distribuya vacunas éticas, no procedentes de abortos

En todo caso, se mantiene el deber moral de continuar luchando y utilizar todo medio lícito para dificultar la vida a las industrias farmacéuticas que actúan sin escrúpulos éticos. Pues el peso de esta importante batalla no puede y no deber recaer ciertamente sobre los niños inocentes y sobre la situación sanitaria de la población.

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