“La vida no debe negarse a nadie, mucho menos si presenta graves discapacidades”
CFuencisla | Mié, 26/09/2012 - 18:13
Defensa a ultranza del derecho a la vida, la familia y la libertad en el discurso del Cardenal Bertone, Secretario de Estado del Vaticano, al recibir de manos del Rey el Premio Internacional Conde de Barcelona.
REDACCIÓN HO / AICA.- Al recibir ayer de manos del Rey Juan Carlos I de España el Premio Internacional Conde de Barcelona en el Monasterio de Pedralbes, el cardenal Tarcisio Bertone, Secretario de Estado del Vaticano, hizo una defensa a ultranza de la vida, recordando que “la vida, que es obra de Dios, no debe negarse a nadie, ni siquiera al más pequeño e indefenso, y mucho menos si presenta graves discapacidades’. Por lo mismo, no podemos ‘caer en el engaño de pensar que se puede disponer de la vida hasta legitimar su interrupción, enmascarándola quizá con un velo de piedad humana”, expresó.
Hasta el lugar del acto se desplazaron el presidente y la vicepresidenta de la Generalidad catalana, Artur Mas y Joana Ortega; la presidenta del Parlament de Catalunya, Núria de Gispert; el ministro del Interior, Jorge Fernández; el alcalde de Barcelona, Xavier Trias; la delegada del Gobierno, Llanos de Luna; el arzobispo de Urgell, Joan Enric Vives; el presidente del Grupo Godó, Javier Godó; el portavoz del Govern, Francesc Homs, y el ex presidente catalán Jordi Pujol, entre otros.
El cardenal donó el premio en partes iguales a la iniciativa del arzobispado de Barcelona para los jóvenes sin trabajo y a los proyectos del Grupo Guadalupe de Nicaragua.
En sus palabras de agradecimiento en catalán, el purpurado comenzó haciendo un repaso por sus dieciséis años como responsable de las relaciones internacionales del Vaticano “desde la perspectiva de la Iglesia y más concretamente de la Sede Apostólica y en especial desde las preocupaciones de la Secretaría de Estado y de su responsable”.
Defensa de la vida
En este sentido, el Carcenal hizo una defensa a ultranza de la vida, recordando las palabras de Benedicto XVI: ‘la vida, que es obra de Dios, no debe negarse a nadie, ni siquiera al más pequeño e indefenso, y mucho menos si presenta graves discapacidades’. Por lo mismo, no podemos ‘caer en el engaño de pensar que se puede disponer de la vida hasta legitimar su interrupción, enmascarándola quizá con un velo de piedad humana”.
“Por tanto, prosiguió, es necesario defenderla, tutelarla y valorarla en su carácter único e irrepetible. Se trata, de poner de relieve cuanto es contrario a la vida, de hacer que desaparezcan esos flagelos que azotan a la humanidad, como la pobreza, el narcotráfico, el terrorismo, la extorsión, la inseguridad ciudadana o cualquier otra clase de violencia. En estos ámbitos, las intervenciones de la Santa Sede fueron y son copiosas y claras”.
También se refirió el cardenal Bertone al maltrato a la mujer, los padecimientos de tantos niños o el abandono de ancianos. Y es que “nunca será demasiado todo lo que se haga para que la vida de los seres humanos crezca serena e integralmente, en hogares donde familias fundadas sobre el matrimonio entre un varón y una mujer la custodien, eduquen rectamente y le abran perspectivas luminosas de futuro. Si todas estas raíces se descuidan, si se tildan de vetustas o no se alimentan vigorosamente, el hombre y su armónica convivencia perderán su real consistencia”.
ç“Y aquí quisiera salir el paso de una objeción que se suele hacer, cuando el magisterio de la Iglesia aborda algunas cuestiones tan innegociables como la protección de la vida humana, la familia cimentada en el matrimonio o el derecho inalienable de los padres a la educación religiosa de sus hijos. Rápidamente se descalifican sus propuestas, como si se pretendiera imponer la percepción eclesial a todos los ciudadanos de unas sociedades pluralistas. Lejos de eso, en la Iglesia queremos respetar a todas las personas y no tenemos la pretensión de juzgar a quien no comparte nuestra visión”.
Bien común
Reconoció que “no son pocas las cuestiones que atañen a la llamada ‘diplomacia vaticana’, que históricamente recibió distintos calificativos, algunos de ellos dictados con cierta precipitación” pero afirmó que “la diplomacia de la Santa Sede es una búsqueda incesante de vías justas y humanas, teniendo en cuenta, a la vez, los derechos y las responsabilidades de las personas y de los Estados; el bien de cada hombre que sólo se consigue salvaguardando el bien común”. Y es que “la acción diplomática desplegada por el Papa y sus colaboradores debería ser considerada como una forma privilegiada de comunicación, cuyo fin es favorecer de la mejor manera posible ese bien común y el entendimiento de la comunidad internacional”.
El cardenal Bertone puso de manifiesto que “España es la nación cuya embajada ante la Santa Sede constituye la misión diplomática permanente más antigua del mundo y que su Palacio en Plaza España, en la Ciudad Eterna, es un emblema permanente de dicha realidad histórica.
En referencia a la función de los nuncios apostólicos, bien definida en los últimos tiempos por los Papas Pablo VI y Juan Pablo II, “es preciso resaltar –dijo el Secretario de Estado- que no es la propia de unos tecnócratas, ni ha de confundirse con la de los políticos”.
También hizo referencia a que la diplomacia del Papa alcanzó, en las relaciones internacionales, una “posición de verdadera universalidad” ya que aumentó de una manera considerable el número de países que mantenían relaciones diplomáticas con la Santa Sede durante el Pontificado de Juan Pablo II.
Tras el explicar el funcionamiento de la Secretaría de Estado, que engloba todo lo referido al servicio cotidiano del Santo Padre y estar junto al Romano Pontífice “en su tarea de continuar, desarrollar e intensificar las relaciones de la Sede de Pedro con los Estados y las Organizaciones internacionales, ‘para el bien de la Iglesia y de la sociedad civil’, como lo precisa la Constitución apostólica Pastor bonus”, el cardenal Bertone declaró que “la diplomacia del Papa trabaja, de forma discreta pero constante, al servicio de muchas realidades, y para salvar vidas y hacer más humana y más llevadera la situación de muchas personas”.
Diálogo con la sociedad
Según el Secretario de Estado del Vaticano: “Estamos abiertos a dialogar, pero nuestro servicio a la sociedad y a la verdad nos pide precisamente exponer las razones de nuestras convicciones. Y en este sentido, la Iglesia —como recuerda asiduamente Benedicto XVI— no duda en recurrir a los argumentos de razón en el diálogo con la sociedad. Así lo ha hecho siempre la mejor tradición de la Iglesia que, además de a los contenidos de fe, siempre ha recurrido a los argumentos llamados “de razón”, fundados en el orden natural e inscritos en el corazón humano. A todo lo anterior hay que añadir los afanes de los representantes pontificios por el fomento de la paz, que sigue siendo un objetivo prioritario de la Santa Sede”.
Concluyó destacando que “me parece que la hora actual exige como nunca aunar voluntades para lograr aquello que a todos beneficia, venciendo pesimismos y cortos horizontes. Por eso mismo, creo que ese futuro vislumbrado por el Rey –en sus palabras durante la JMJ de agosto- solicita el respeto a la libertad, a la verdad y a la dignidad de la persona. Reclama la comprensión, el esfuerzo, el diálogo, el entendimiento y la cooperación de todos para asegurar la concordia, y de este modo se puedan superar crisis y desafíos, hoy muy presentes y arduos. Pero no solamente eso. Sabemos de sobra que, sin el auxilio divino, vanas son las fatigas humanas”.
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