Regás, lejos de rectificar, vuelve a llamar “monstruos” a los discapacitados

Regás, lejos de rectificar, vuelve a llamar “monstruos” a los discapacitados

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REDACCIÓN HO.- Su hijo finalmente nació sano y “con los ojos azules”, pero ella recurre a esta historia para justificar su postura cercana al nacional socialismo de Hitler.

El fármaco en cuestión es la Talidomina, un preparado que se recetaba a las mujeres en los años 60 para relajar y mitigar los vómitos y que se descubrió era el causante de algunas malformaciones en las extremidades de los bebés.

Rosa Regás inicia -otra vez en el diario El Mundo que da cabida a su blog- su particular historia contando que leyó en el año 1962 un artículo del semanario político y social francés L'Express y parece ser que su trauma empezó aquí pues el título era el siguiente:Faut-il tuer les monstres? (¿Es necesario matar a los monstruos?)cuyo autor era el cineasta Michel Vianey.

Regás para resolver sus dudas dice que recurrió al diccionario de María Moliner: "Monstruo, ser que tiene alguna anormalidad muy notable y fea".

Aunque a la ex directora de la Biblioteca Nacional no se le ocurrió entonces, ni ahora, que monstruo puede ser alguien que tenga una anormalidad moral "muy notable y fea".

Siguió leyendo el artículo, a todas luces de gran tradición eugenésica, que proponía, según deducimos de su narración, abortar a los hijos para impedir que nacieran con alguna malformación.

La escritora española embarazada de su tercer hijo, contando siete meses y medio de gestación, dice que recordó que había ingerido un medicamento parecido y tras consultar con un farmacéutico descubrió que contenía el mismo principio activo que la Talidomina.

A partir de aquí comienza, justificación tras justificación, una apología del aborto al que denomina como “ineludible derecho que debía conseguir la mujer”, y da a entender que de haber pasado ella por lo mismo en nuestros días, no hubiese dudado en abortar a su tercer hijo, que finalmente nació sano y “con los ojos azules”.

Dice Regás: “Su presencia logró trasmutar la memoria de aquel parto que había temido como el mayor de los peligros que se cernía sobre mi vida, pero me ha dejado incólume la conciencia del dolor de tantas mujeres que no tuvieron la suerte que a mí me otorgó el azar en un asunto que los franceses resolvieron hace tanto tiempo y que nosotros, los españoles, teníamos también resuelto pero que hoy, con el pretexto de unos principios morales que ni siquiera pueden afianzarse, como pretende el Ministro, en conocimientos científicos, amenaza con devolvernos a la edad de las cavernas”.

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¿Y su hijo qué dice de ese artículo? A mí, siendo católico, quizá me llevaría un tiempo perdonar totalmente y de corazón que mi madre me dijera que quiso matarme en privado, o quizá no, no lo sé. Si encima publicara un artículo donde, como parece, se mostrara arrepentida de no haberme abortado en su momento... aún lo sé menos. Pero sería un golpe bien duro. Ah, tengo osteomalacia, una enfermedad genética con un tratamiento para toda la vida que permite, en principio, llevar una existencia normal, pero que puede producir, incluso así, calcificaciones de huesos, de cualquier hueso, incluidos cráneo y columna vertebral, en cualquier momento, oprimiendo órganos vitales, por ejemplo. Cuando yo nací, en 1970, apenas se conocía casos, y no se me diagnosticó antes del nacimiento. Además, gracias a Dios, la legislación de entonces no habría permitido abortarme sin consecuencias penales. Mis padres tenían una educación católica, ilusión por tener hijos, medios económicos... Siendo yo adulto, mi madre, que sólo debería haber sido portadora y transmisora de la osteomalacia, la desarrolló de forma muy virulenta, pues claro está, no se trataba, se le calcificó la columna, le oprimió la médula, y cuando la operaron era tarde. Quedó en silla de ruedas, y así llevamos 4 años, y lo que nos queda, que esperemos que sea mucho, pues al menos seguirá viva. Os puedo asegurar que los ingresos hospitalarios por todo tipo de afecciones, como neumonías, intoxicaciones con la medicación, dolores agudos, etc, son cada vez más frecuentes. El último va para tres semanas, y los médicos no saben lo que tiene a día de hoy esta vez. ¿Y qué hubiera sido de mí si tuviera que nacer hoy, con posibilidades de aborto legal, en plena crisis económica, y detectaran mi afección en estado de gestación, y mi madre ya estuviera con problemas y con diagnóstico? Que individuos como Regás, que han tenido la suerte de llegar a la ancianidad en condiciones de salud razonables, aprovechen para hacer daño y encima puedan difundir en público mensajes que llevarían a la cárcel a un nazi o fascista confeso, sin consideración a su edad, y al cierre del medio que se hubiera atrevido a publicarlos, da mucho coraje, la verdad. Pero le deseo lo mejor: que se arrepienta, se convierta y viva. Y que lo transmita a sus hijos. De otro modo, cuando no pueda valerse por sí misma, es probable que sean otros los que, considerándola un monstruo, dispongan de su vida.

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