El País se va a Tokio para encontrar a un disfrazado de católico que justifique el aborto

El País se va a Tokio para encontrar a un disfrazado de católico que justifique el aborto

«<a href="http://derechoavivir.org/declaracion-de-madrid/">Declaración de Madrid</a>»
<a href="http://www.hazteoir.org/firma/47157-firma-abolicion-aborto-eugenesico-si-abortocero-tambien">«Firma: Abolición del aborto eugenésico SÍ, Ley de #AbortoCero también»</a>

REDACCIÓN HO.- Dentro de su campaña de confusión a la opinión pública desvirtuando la realidad del aborto y de lo que dice la Ciencia sobre el inicio de la vida humana para arremeter contra la reforma legal anunciada por el ministro de Justicia, el diario El País publicaba el pasado lunes, 30 de junio, en sus páginas de opinión, una tribuna firmada por el ya Juan Masía Clavel,a quien el rotativo presenta como"jesuita y profesor de Bioética en la Universidad católica Sophia, de Tokio".  

"No soy ginecólogo, ni jurista, ni casado. Mi relación con el aborto se produce en dos campos: el consultorio espiritual y la clase de ética. Desde esas perspectivas comento sobre las decisiones conflictivas de interrupción o prosecución de un embarazo amenazado por patologías que hacen dudar de la conveniencia de proteger", comienza Masiá. A partir de aquí, entre otras, estas son algunas de las cosas que expone en su columna titulada Aborto y vida naciente con malformacionespublicada en un medio de comunicación como El País, a quien se le puede pedir seriedad con mayor razón, aunque solo sea por responsabilidad con los lectores a los que llega:

  • "No voy a tocar aquí el tema del comienzo de la vida humana individual, que sitúa la cuestión de su interrupción, en el sentido estricto, no antes de la fase fetal, pasado el segundo mes tras la concepción". 
  •  "El aborto de un anencéfalo no es el aborto de un ser humano".
  • "Un feto con una malformación incompatible con la vida extrauterina (supongamos el caso de una agenesia renal irremediable), no podrá llegar a realizar acción humana, porque no sobrevivirá. Es asemejable al ejemplo anterior".
  • "Ejemplos más delicados: fetos con patología grave, sin solución curativa, solo paliativa. “Ante un diagnóstico prenatal de estas características, la mayoría de padres solicita una interrupción de la gestación acogiéndose al tercer supuesto de la ley del aborto”. Aunque objetivamente cueste asentir a este planteamiento “debemos”, dice el doctor F. Abel, ginecólogo y teólogo moral, “respetar a las personas que se encuentran en esta situación y las decisiones que toman” 

Hasta Tokio ha tenido que ir El País para encontrar a alguien que, contraviniendo el más elemental magisterio de la Iglesia, justifique el aborto bajo el disfraz de católico; quizá es que no sabía que Nueva Zelanda está aún más lejos...; pero ironías aparte que sobran en un tema de tanta seriedad, es desde la misma Ciencia desde donde llega la respuesta de los profesionales a las falsas y temerarias aseveraciones que hace el jesuita, por ende conocido también por su defensa del "pluralismo ético" para con la eutanasia -ya se sabe, si se pone cotos al derecho a la vida al inicio, ancha es Castilla para fijar otros a su término.

La pequeña Marcela, con su madreEl Dr. Enrique Jaureguizar, presidente de Médicos por la Vida, recuerda que "siempre se debe respetar a las personas, pero nunca se deben de permitir los actos violentos e ilícitos como acabar con la vida de un ser humano". 

"Si ese "jesuita", que espero que no de demasiadas clases de ética porque confundirá a mucha gente, no sabe cuando comienza la vida humana ya se lo digo yo, y no porque yo opine así sino porque así lo dice la iglesia, la comunidad médica y científica internacional y la Declaración de Madrid de más de 2000 científicos, filósofos, catedráticos... La vida comienza en el mismo instante de la concepción. En ese mismísimo momento en el que se juntan las dos cromatinas de ambos gametos y se forma un nuevo código genético distinto al padre y la madre. Un ADN que jamás volverá a repetir", afirma el reconocido médico, consultado por esta redacción al respecto de la columna de Masiá.

"Por ese mismo motivo -continúa el Dr. Jaureguizar-  cualquier ser humano es igual de digno y garante del derecho a la vida que cualquier persona. Aunque le falte un brazo o las cuatro extremidades. Al igual que una persona que tenga un coma y dependa de un respirador, no se puede desconectar así como así".  

"Cualquier malformación fetal aunque sea incompatible con la vida nunca puede ser el diagnostico 100% sensible y 100% específico -añade-. Aunque así lo sea ningún médico puede atentar contra la vida de ningún ser humano. Si da a luz y fallece como consecuencia de su malformación se le dejará morir si es incompatible con la vida y se hará lo posible por salvar su vida si no es así. La única ocasión en la que se puede finalizar, que no interrumpir el embarazo, es en el caso de peligro para la madre provocado por el embarazo como es la Eclampsia o el embarazo ectópico. Pero nunca se atentará contra la vida directamente. Se finaliza el embarazo dependiendo de la edad gestacional mediante cesárea o parto vaginal y si el niño sobrevive habremos salvado dos vidas, sino salvaremos al menos una". 

Dirlene Ferreira y su hermanaY finaliza recordando el doctor, en referencia a la doctrina de la Iglesia: "La ética respecto al aborto queda muy clara sin tener en cuenta a la iglesia, pero además la iglesia católica como otras confesiones no solo defienden los mismos principios sino que van más allá. El cigoto en el momento de su fecundación se le infunde el alma, con lo que esa vida pasa a ser sagrada y acabar con esa vida voluntariamente es un pecado mortal que no puede ser perdonado a través de un sacerdote normal". 

Desde Profesionales por la Eticanos trasladan estas otras consideraciones:

Las opiniones del sacerdote jesuita Juan Masiá en El País  nos han provocado un enorme estupor. Masiá se posiciona a favor de la línea editorial de este periódico, el cual, por cierto, lleva varias semanas haciendo una brutal campaña para convencernos de que hay que legalizar el aborto de los imperfectos, enfermos y no aptos en general.

Ahora viene la justificación moral del denominado «aborto terapéutico», lo cual resulta curioso en una sociedad que defiende que la ley debe ser independiente de la moral. En su intento de justificar el exterminio de niños gravemente enfermos, Masiá asegura que «el aborto de un anencéfalo no es el aborto de un ser humano». Y equipara esa situación a otras patologías graves del feto que justificarían moralmente la práctica del aborto, término que este sacerdote evita para hablar de «interrupción de la gestación» y otros eufemismos.

La anencefalia es una malformación congénita que ocurre aproximadamente uno en cada mil embarazos, un defecto del tubo neural que provoca que el bebé anencefálico apenas sobreviva unas horas o, en el mejor de los casos, unos días. Evidentemente, resulta muy doloroso para unos padres afrontar que el hijo que han concebido, y que es tan ser humano como cualquier otro concebido, tiene una enfermedad mortal. Pero ello no quita para reconocer, desde la ciencia, que el concebido es el mismo ser humano que dará a luz la madre si le dejan proseguir su embarazo.

Masiá ejerce de «catedrático de moral» al asegurar que debemos respetar y no penalizar a los padres que toman la decisión de poner fin al embarazo de hijos con graves patologías. Es un clásico argumento para defender el aborto: apelar a la compasión hacia los padres, especialmente hacia la madre embarazada. Los padres, sin duda, merecen todo el respeto y el apoyo en estas situaciones difíciles que resultan difícil de juzgar, pero eso no significa que, si deciden abortar al niño que va a nacer, deba darse por buena su actuación.

Por último, y si de ética hablamos, nos gustaría hacerle unas preguntas a Masiá. ¿A quién debe proteger la ley, al más fuerte o al más débil? ¿Deben el Estado y la sociedad prestar apoyo a los padres que se encuentran en esa situación o deben animarles a que pongan fin, antes de nacer, a la vida del niño? ¿Con qué fuerza moral podemos pedir respeto y ayudas para enfermos, deficientes y discapacitados si afirmamos que es moralmente aceptable acabar con ellos antes de que nazcan? ¿Qué tipo de sociedad queremos promover: la del respeto y el apoyo al débil, o aquella en la que predomina el más fuerte?

En 1920, un psiquiatra (Alfred Hoche), y un jurista (Karl Binding) escribieron una obra conjunta (Licencia para el aniquilamiento de la vida indigna de vivir) que fue decisiva para las acciones de exterminio de seres humanos del nazismo. Entre otras afirmaciones, esta obra aseguraba que:

"Hubo un tiempo, ahora se considera bárbaro, en los que la eliminación de los que han nacido no aptos para la vida, o que más tarde se convirtió así, se da por sentada. Después vino la fase, continuando en el presente, en la que, finalmente, la preservación de cada existencia, no importa cuán inútil, era como el más alto valor moral. Una nueva era llegará - operan con una moral más alta y con gran sacrificio -, que le dará a los requisitos de humanismo y una exagerada sobrevaloración de la mera existencia". 

La fuerza del testimonio

 Conocemos testimonios cuya fuerza refuta las erradas tesis de las que habla Masiá. Como el de la pequeña Marcela de Jesús en Brasil, el de Grayson James Walker en Estados Unidos, auténtica bendición en boca y corazón de sus padres, el de Dirlene Ferreira en Argentina, todo un canto a la vida, o el impresionante caso de la adolescente Miss D,  en Irlanda...

El Dr. Esteban Rodríguez, presidente de la Comisión Deontológica de Ginecólogos por el Derecho a Vivir, nos recuerda otro caso, el de Myah Walker, una joven soltera de 23 años que se quedó embarazada. Cuando contaba 19 semanas de gestación, al hacerse unas pruebas, los médicos le diagnosticaron al bebé anencefalia y le aconsejaron abortar. Esta madre escribía, tras optar por la vida:

Myah y FaithHoy, mientras escribo esto, Faith tiene 10 semanas de edad (+1 día) y está muy bien. Es totalmente consciente y responde como cualquier bebé “normal”. Es muy sensible al tacto (especialmente cuando algo está frío) y no hay duda de que puede oír. Sonríe, hace ruiditos cuando está contenta, llora y es una niña luchadora. Sabe lo que le gusta y lo que no le gusta y te lo hace saber. Tiene su pequeña personalidad propia que nos encanta. Nos ha asombrado su desarrollo… desde el primer día sonreía y decía cosas de bebé (“bu”, “he”, “bua”… monísima). Desde que nació podía levantar la cabeza y, cuando se sentó, cuando sólo tenía 5 días, nos dejó boquiabiertos 

Como Faith claramente estaba consciente y le iba muy bien, le hicieron un TAC para confirmar el diagnóstico. Un neurocirujano y radiólogo revisó las imágenes y estuvo de acuerdo en que, increíblemente Faith sí que tiene anencefalia. No saben como explicar que Faith esté viva y respirando, y mucho menos que además actúe de forma consciente. Hay cosas que los médicos no pueden explicar 

Espero que, al compartir nuestra historia, podamos dar cierta luz a esta enfermedad llamada anencefalia, Pero sobre todo espero que a través de la vida de Faith, puedan ver la gracia de Dios. Pueden creerme… hay más esperanza y alegría aguardándoles de lo que podrían imaginar. ¡Lo sé por experiencia! Pueden leer todos los libros y revistas médicas que quieran, pero esto es la vida REAL. Y esto es el amor real. Quiero a mi hija como Dios la ha hecho. Es un regalo y un milagro y siempre lo será.

Desgraciadamente y como era de esperar (tarde o temprano), Faith Hope (Fe Esperanza) murió a las 93 días de vida, y así lo explica la madre:

La sonrisa de FaithLos mejores 93 días de mi vida…
…los pasé con mi hija. Faith se fue hoy al cielo. Pasamos toda la mañana y parte de la tarde abrazadas en mi cama. Le dije que la quería muchas veces. La tenía en mis brazos cuando murió. Fue alrededor de la 4:40 de la tarde. Acababa de cambiarle el pañal y decidí cogerla y envolverla en una manta. Sonrió muy dulcemente y siguió haciéndolo durante varios segundos… me pareció que estaba muy mona. Esperé a que volviera a respirar, pero no lo hizo. Me miró, abriendo sus preciosos ojos, y me di cuenta de lo que estaba pasando. Le dije que fuera con Jesús. Le dije que la quería y que todo estaba bien, que nos encontraríamos en el cielo. La abracé y lloré sobre ella. Toqué su pecho y ya no había latidos del corazón. Pero seguía estando guapísima. E incluso ahora, sigue estándolo… la tengo en brazos y parece feliz y en paz. Dios es bueno.

 

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