Argentina: Y ahora, contra la libertad religiosa

Argentina: Y ahora, contra la libertad religiosa

«<a href="http://www.hazteoir.org/files/Proyecto%20de%20ley%20sobre%20retirada%20de%20s%C3%ADmbolos%20religiosos%20en%20Buenos%20Aires.doc">Proyecto de ley sobre retirada de símbolos religiosos en Buenos Aires</a>»

REDACCIÓN HO.- En la comisión de Asuntos Constitucionales del Parlamento de la ciudad Autónoma de Buenos Aires, los legisladores tratan un proyecto de ley que persigue prohibir los iconos religiosos en espacios públicos (lo adjuntamos íntegro), presentado por la diputada María José Lubertino, de las filas de Encuentro Popular para la Victoria. El texto, que arranca con dos artículos bien contradictorios -más bien debería reconocer en todo caso que busca supeditar la libertad religiosa al laicismo o al ateísmo-, subraya:

Artículo 1°.- La presente Ley tiene por objeto garantizar el efectivo cumplimiento de los principios de libertad religiosa y la laicidad del Estado en el ámbito de la Ciudad.

Artículo 2°.- Se prohíbe la instalación o exhibición permanente de imágenes o motivos religiosos en todos los edificios públicos de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Artículo 3°.- Las imágenes y motivos religiosos existentes al momento de la sanción de la presente Ley deberán ser removidos en el plazo de dieciocho meses por la Autoridad de Aplicación que el Gobierno de la Ciudad determine.

Artículo 4°.- Se exceptúan de la aplicación de la presente Ley los símbolos e imágenes ubicadas en hospitales y cementerios, en tanto dichos elementos religiosos se encuentren en un espacio reservado y se garantice la multiplicidad de credos.

Artículo 5°.- La Autoridad de Aplicación definirá el destino de las obras que sean retiradas de los edificios de la Ciudad.

En el debate sobre esta iniciativa para retirar de símbolos religiosos del espacios públicos Fernando Lozada, integrante del Instituto Laico de Estudios Contemporáneos y de la coalición Argentina por un Estado Laico, manifestaba que se  reivindica “mucho la libertad religiosa”, pero no se habla de igualdad; “nos falta la igualdad”, señalaba, en declaraciones recogidas por la agencia AIM.  "El espacio público es el lugar de uso colectivo en donde ocurren las más diversas actividades, y que le pertenece a todo el pueblo y por eso el Estado debe legislar en beneficio de toda la sociedad y evitar que un sector o varios sectores se lo apropien poniendo su marca indeleble”, insistía.

Decía el ateo militante, el símbolo no es algo inocente ni inocuo: “cuando el Estado entroniza símbolos, está dando un mensaje, está transmitiendo algo; no es algo indiferente, es un mensaje ideológico. Y el símbolo religioso se transforma en un ícono político”, indicó, añadiendo que "la abundancia de íconos no haría al Estado más plural, sino a un Estado politeísta”.

Y aún agregaba, en referencia ya concreta a la tradición que tiene al catolicismo como religión oficial, que la Revolución de Mayo “fue condenada por dos bulas papales: una de ellas trata a los que hoy consideramos héroes como langostas devastadoras –lo dice textualmente– y, la otra, a los nuevos gobiernos como salidos de las más inmundas entinas de las sectas más heréticas. Las dos bulas papales dicen textualmente eso. Nosotros nacimos al independizarnos de la Santa Alianza; es decir, nuestro origen, independencia y emancipación tienen que ver con el hecho de habernos independizado de Fernando VII y de la Santa Sede”. “Con esto quiero decir que la tradición no es un impedimento para legislar en sentido contrario. Simplemente, es una apelación a la autoridad; es decir, una falacia”, insistía.

Precedentes laicistas

La iniciativa no es nueva en Argentina, ya el pasado noviembre,  integrantes del movimiento Entre Ríos Laica, un grupo poco conocido, presentaron en la Cámara de Diputados de la Provincia un proyecto de ley por el que se proponía la prohibición de la instalación o exhibición permanente de imágenes o motivos religiosos en todos los edificios y espacios públicos que dependan del Poder Ejecutivo, de la Legislatura, del Superior Tribunal de Justicia, de los municipios y juntas de Gobierno de toda la provincia. 

También el pasado marzo, por una disposición del nuevo Reglamento General de Instituciones Educativas de la Provincia de Buenos Aires firmada por el Gobernador Daniel Scioliquedó prohibido en el territorio bonaerense la exhibición de símbolos religiosos en las escuelas públicas. El documento fue aprobado en noviembre de 2011. pero fue puesto en marcha con el inicio de clases. La determinación incluía el retiro de crucifijos e imágenes religiosas de los establecimientos educativos. 

En defensa de la libertad religiosa

No son pocos los creyentes -y aquellos que sin serlo, saben de tolerancia y respeto a las creencias más profundas de otros- que denuncian esta iniciativa como un claro intento por eliminar lo religioso de la vida pública bajo la excusa de la neutralidad del estado que por supuesto se debe mantener.  Y es que, aducen, todo extremo es peligroso cuando se descarta el equilibrio respecto a lo compartida. Pero una cosa es la neutralidad o laicidad, y otra el laicismo y el eliminar de espacios públicos compartidos por todos, no afectados siquiera por el ejercicio de trámites públicos, los símbolos, monumentos, placas, etc, que recuerdan a la comunidad toda su historia y su cultura. 

Con ello, añaden los detractores del proyecto, se está actuando en nombre de una mal entendida discriminación y no se sino "vaciar a la sociedad de sus valores religiosos, de su cultura y de su tradición, que hace a la identidad nacional".

Añaden que "la medida es inconstitucional y lejos de no ofender a los no católicos, agravia a la inmensa mayoría de los argentinos". Desde varias agrupaciones religiosas, invitaron a padres y alumnos a unirse a una petición dirigida a las autoridades provinciales para dar marcha atrás con la ordenanza.  

"Con este tipo de criterio extremo, por ejemplo, ¿deberíamos eliminar de la enseñanza de la historia oficial, las convicciones de nuestros próceres en cuanto estas no coincidan con el pensamiento actual de la sociedad?",se preguntan quienes defienden la presencia de los símbolos religiosos en la vida pública.

 

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