El OLRC pregunta a CHA por qué les molesta un crucifijo
Recuerda que la presencia de una cruz en un salón de plenos no obliga a nadie a creer y le pide a Juan Martín que explique en qué compromete la neutralidad y aconfesionalidad de los poderes políticos en Zaragoza.
REDACCIÓN HO.- Como hemos informado, el partido Chunta Aragonista, que presume de "trabajar por los ciudadanos desde la izquierda y el aragonesismo", presentará en el próximo municipal del Ayuntamiento de Zaragoza una moción para que se retiren los símbolos religiosos en los espacios municipales, como el crucifijo colocado en el salón de plenos cuando hay sesión. El portavoz del grupo municipal en el Consistorio, Juan Martín, anunció que reclamará además la “total separación entre el poder político y religioso y la neutralidad y aconfesionalidad de los poderes políticos”.
Sin embargo, respecto a un cuadro presente en el fondo del Salón de Plenos que también recoge una escena religiosa, ha matizado en respuesta a si se debería quitar que “aunque tenga una crucecita en una esquina no pasa nada porque no estamos para estos gastos”.
Desde el Observatorio para la Libertad Religiosa y de Conciencia (OLRC) Pablo Rodríguez-Gimeno ha reclamado a Juan Martín y a su partido "coherencia": el OLRC no entiende -como no entendería nadie con un mínimo de sentido común-, por qué se deben quitar, según su criterio, unos símbolos y no otros.
Rodríguez-Gimeno interroga al señor Martín sobre por qué le molesta tanto que un símbolo que forma parte de la cultura española y europea, definitorio de sus raíces cristianas, esté presente y le recuerda que “la presencia de un crucifijo en el salón de plenos no obliga a nadie a creer en la religión cristiana”.
Por último, el OLRC pide a Juan Martín que dé explicaciones de por qué, a su parecer, la separación del poder político y religioso y la neutralidad y aconfesionalidad de los poderes político no se preservan en Zaragoza.
El Observatorio para la Libertad Religiosa y de Conciencia es una plataforma creada en 2006 que defiende el derecho de los ciudadanos a participar en la vida pública sin ser difamados o discriminados por sus convicciones morales y religiosas. El OLRC es miembro del European Dignity Watch.
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CFuencisla Vie, 24/02/2012 - 13:07h
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Los símbolos sagrados, y en
Los símbolos sagrados, y en particular el crucifijo, sólo molestan a los demonios y a los vampiros. Y a estos últimos no los hemos inventado los seres humanos, y ya damos por supuesta la condición vampírica en los políticos. Así que, si a unos les molesta y a otros no, y no es por vampirismo, tiene que ser por lo otro.
¿O es que a Juan Martín le molesta que Jesús también le haya salvado a él sacrificando Su vida?
Si quiere ser coherente, que acuda al Registro Civil a cambiarse el nombre y su primer apellido, que son propios de santos, por unos más "laicos". Porque un crucifijo se puede quitar, pero, según su ideología, él no debería poder entrar en el Ayuntamiento mientras tenga esos patronímicos.
Esgrimiendo tales argumentos,
Esgrimiendo tales argumentos, yo les pregunto si el hecho de que los homosexuales puedan contraer matrimonio va a reconvertir a los que no lo son en "maricones de mierda" - cito palabras que cualquiera de vds usarian, majos.
Se equivoca conmigo, Rogelia.
Se equivoca conmigo, Rogelia. Jamás me oirá ni leerá llamar eso a una persona homosexual, casada según el Código Civil o no. Otra cosa es que yo considere que a esa unión civil se la deba llamar matrimonio, pero no me voy a meter en ese jardín, no es el objeto de esta noticia.
No sé qué otros usuarios de HO emplearian esa expresión que usted dice citar, y que a mí particularmente me repugna. Desde luego, en los comentarios de este foro sólo se la he leído a usted desde que me conecto, hace unos 10 meses, y lo miro casi todos los días.
Por lo demás, si quiere argumentos de peso, ¿qué le parece si se lee el art 16 de la Constitución entero, no sólo la parte que los políticos que le hacen el juego al Demonio citan cuando les interesa, y mal, por cierto? En dicho artículo se dice que "ninguna confesión tendrá carácter estatal", no que el Estado sea "laico", palabra que esos políticos también utilizan mal, como sinónimo de "laicista" o de "agnóstico", cuando laico es el creyente que no está consagrado.
Más aún, en el art 16 CE se reconoce la libertad de religión y pensamiento y que ningún español estará obligado a declarar sobre su ideología, religión o creencias, por lo que en este artículo se equipara las creencias religiosas, las no religiosas y las ideologías de todo tipo.
Al decir en el mismo artículo que "ninguna confesión tendrá carácter estatal", se está considerando como confesiones no sólo lo que en lenguaje de la calle conceptuamos como tales -las confesiones religiosas-, sino toda creencia e ideología, individual o social, al mismo nivel. La aconfesionalidad del Estado español no sólo se refiere a las confesiones religiosas, sino a toda ideología o creencia, religiosa o no.
En efecto, si el Estado español se identifica en alguna medida con una confesión, la que sea, deja de ser un Estado de Derecho en esa medida, pero no sólo las confesiones religiosas, también las que no lo son. No podemos permitir un Estado confesionalmente católico por la misma razón que no podemos permitir un Estado confesionalmente comunista, marxista, fascista o laicista, por decir algunos modelos posibles. En todos estos casos, el Estado español dejaría de ser un Estado de Derecho, pues la confesión o ideología dominante excluiría a las demás o las dejaría en segundo plano, con lo que caerían o serían vulnerados, los cuatro principios constitucionales básicos de nuestro ordenamiento jurídico (libertad, igualdad, justicia y pluralismo político).
Eso sí, en atención a la presencia mayoritaria en nuestra sociedad de la religión católica, el art 16 CE obliga a los poderes públicos a mantener con esta Iglesia (que no sólo conforman los sacerdotes y religiosos consagrados, sino todos los bautizados) las consiguientes relaciones de cooperación que correspondan, y también con otras confesiones importantes para la sociedad española, incluidas las confesiones no religiosas, por supuesto.
Ocurre que el laicismo desde que apareció ha buscado ser la confesión dominante e incluso única, y ha perseguido desde el primer momento a la Iglesia Católica porque es su principal obstáculo para llegar a esa posición. Y, puesto que el enemigo de la Iglesia es el Demonio, está claro que los "laicistas" -no los "laicos", ni los ateos ni los agnósticos por el hecho de serlo-, están sirviendo al Demonio, sean conscientes de ello o no, sea esa su intención o no (y ya me imagino que no comparte esta última idea, pues no lo haga, me da lo mismo).
Lo que sí es cierto es que el laicismo -no el agnosticismo o el ateísmo, ni siquiera la laicidad, que hasta el Papa ha hablado de una "sana laicidad"- es una ideología totalitaria, excluyente, con vocación de única, y, de imponerse, acabaría con España como Estado social y democrático de Derecho.
El caso a que se refiere esta noticia es un buen ejemplo de esto. El Alcalde es católico cuando está en ejercicio de su cargo y cuando no lo está, no deja de ser católico en cuanto entra en el Ayuntamiento y vuelve a serlo en cuanto a sale para irse a su casa, igual que no deja de ser Alcalde por estar fuera del Ayuntamiento, pero esta última condición sí la perderá al acabar su mandato. Los cristianos, católicos o no, lo somos también en público, no sólo en privado, igual que somos altos o bajos, introvertidos o extrovertidos, etc, en público y en privado, forma parte de nuestro ser, y no podemos ni se nos puede obligar a dejar de serlo en el espacio público. Y eso no significa que tengamos que estar rezando a cada momento ostentosamente, pero no podemos evitar que se nos note, ni debemos hacerlo (y eso incluye el respeto a quienes no son como nosotros y a la condición sexual de los demás, así que un católico que llame a un homosexual lo que usted ha dicho en su comentario está claro que no es un buen católico).
Tiene, por tanto, el Alcalde, perfecto derecho a llevar un crucifijo en público y usarlo en su trabajo, porque le amparan la Constitución (arts 16 y 20, entre otros), el Convenio Europeo para la protección de los Derechos Humanos y las Libertades Fundamentales (art 8) y la Carta de Derechos de los Cidadanos de la UE (art 70, si no recuerdo mal) que, en virtud del art 96 CE, forman parte de nuestro ordenamiento jurídico desde su ratificación por las Cortes Generales. Además, ese símbolo, si cabe, le exige más en el desempeño de su función pública que a los que no sean católicos, porque le recuerda precisamente que debe conducirse en él como Jesucristo haría en su lugar. Otra cosa es que luego a lo mejor no lo haga, y, si es así, además de un mal Alcalde será un mal cristiano, y cometerá un gravísimo pecado, el de tomar el nombre de Dios en vano, pero yo no conozco su gestión, pues no me he interesado por ella ni vivo en Zaragoza, y en eso no puedo opinar.
En fin, si los laicistas del CHA quieren, pueden usar en público los símbolos que deseen de cualquier ideología, mientras esos símbolos no insulten directamente los de los demás. Que lleven un pin con la bandera de la II República o con la hoz y el martillo, si gustan, que están en el mismo derecho. Y, si quieren ser coherentes al máximo, que erradiquen de sus propias vidas la herencia cultural cristiana, si es que pueden. Por eso es por lo que deberían cambiarse sus nombres, si son de santos.