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Impresionante testimonio de Toñi Santiago en el juicio por el atentado de Santa Pola

La madre de Silvia Martínez, la pequeña de seis años asesinada en el atentado, reclama "justicia" para que no vuelva a haber "ningún otro niño asesinado por ETA".

Toñi Santiago. Con las víctimas: Memoria, Dignidad, JusticiaToñi Santiago. Con las víctimas: Memoria, Dignidad, JusticiaREDACCIÓN HO.- Toñi Santiago, madre de Silvia Martínez Santiago, la niña de seis años asesinada en el atentado de Santa Pola (Alicante) el 4 de agosto de 2002,  ha pedido "justicia" para que su hija sea "la última" y no vuelva a haber "ningún otro niño asesinado por ETA", al declarar en el juicio que se celebra en la Audiencia Nacional contra los etarras Andoni Otegi Eraso, alias 'Iosu' y Óscar Celarain Ortiz, 'Peio', imputados por el brutal atentado contra la casa-cuartel de la Benemérita, en el que también murió el pensionista Cecilio Gallego Alaminos, que esperaba el autobús en ese momento.

La testigo ha explicado entre llantos cómo se produjo el atentado y ha dejado "en manos" de los magistrados que los terroristas "no se vuelvan a cruzar con ninguna criatura". "¡Que ningún padre tenga que enterrar nunca a un hijo en manos de esta gente, por favor!", ha pedido con un hilo de voz.

Ha comenzado su relato indicando que en el momento de la explosión la pequeña, Silvia Martínez Santiago, jugaba en el patio con su primo Borja, de tres años. "En unos instantes todo se volvió oscuro, todo se movía, no sabía lo que pasaba, le preguntaba a mi hermano y noté como corría por mi cara un chorro de sangre", ha contado visiblemente afectada.

"Sabía que mi hija moriría"

Cuando por fin la encontró vio que estaba "cubierta de escombros y sólo se le veían los ojos" e intentó "desesperada" sacarla de allí. "Conforme iba viendo su cuerpo sabía que mi hija moría", ha señalado antes de indicar que por un boquete gritó: "¡Auxilio, socorro! ¡Por favor, que alguien me ayude, mi hija se muere!".

Tras ser ayudada por su hermano y dos agentes, notó cómo los cristales se le "incrustaban en los pies" y mientras tanto gritaba "hijos de puta, hijos de puta". En este punto, Santiago se ha dado la vuelta para mirar a los acusados, Andoni Otegi y Óscar Celarain, lo que ha provocado que el presidente del tribunal le haya pedido que, aunque entendía el "estado" en el que se encontraba, se abstuviera de hacer ese tipo de comentarios.

"Cuando terminé de bajar las escaleras Silvia ya estaba en la ambulancia -ha continuado la testigo--. Subí con la niña, le pedía por favor al conductor que corriera y la persona que iba con nosotras decía que tenía una parada cardiorrespiratoria. Entonces, empecé a rezarle y a cantarle al oído hasta que llegamos al hospital. Una vez allí los médicos dijeron que no podían hacer nada por la niña y que habia fallecido".

"Me han amputado el alma"

Desde ese momento Santiago ha dicho que su vida ha sido "una continua lucha por defender la memoria y la dignidad". "Que se haga justicia por nuestra pequeña", ha añadido antes de señalar que el atentado no le amputó "una pierna ni dos dedos". "A mí me han amputado el alma y el corazón", ha aseverado.

Santiago aun ha tenido ánimo para mirar a los asesinos, llegando a girar la cabeza, mientras que los etarras han permanecido indiferentes a su relato.  La testigo les ha llamado "asesinos cobardes", razón por la que ha sido amonestada en dos ocasiones por el presidente del tribunal, Fernando García Nicolás. .

Los etarras querían "pillarles cenando"

Los etarras que son juzgados en la Audiencia Nacional por el atentado cometido contra la casa cuartel de Santa Pola (Alicante) el 4 de mayo de 2002 admitieron en su "cantada" a la dirección de la banda que escogieron las 20.15 horas para hacer estallar el coche-bomba porque querían "atraparles cenando", según ha declarado un agente de la Guardia Civil que ha comparecido como perito.

El experto, que ha declarado durante esta segunda sesión del juicio,  ha detallado que en el texto, que fue incautado al exjefe militar de ETA Ibon Fernández de Iradi, 'Susper', los miembros del 'comando Argala' detallaban las acciones terroristas que habían cometido en el verano de 2002, entre las que se encontraba el atentado de Santa Pola.

Marcha del juicio

Andoni Otegi Eraso, alias 'Iosu', y Óscar Celarain Ortiz, 'Peio'  se enfrentan a 1.180 años de cárcel por colocar el 4 de agosto de 2002 el coche-bomba que estalló frente a la casa cuartel de la Guardia Civil. Además de asesinar a la pequeña Silvia y a Cecilio Gallego, resultaron heridas otras 56 personas.

En la primera jornada del juicio, que quedará visto para sentencia este miércoles, un mando de la Comandancia de Alicante de la Guardia Civil declaró que la hora escogida por los terroristas, las 20.15 de la tarde, era "propicia para causar mucho daño en el cuartel y en la parada del autobús", al tratarse de "un lugar de paso" y "siendo agosto, verano y un lugar de costa". "Para lo concurrido del lugar, poco pasó", añadió otro agente, que realizó la inspección ocular.

Otegi y Celarain fueron condenados en 2006 en Francia a ocho años de cárcel por los delitos de asociación de malhechores, tenencia de armas y explosivos y uso de documentación falsa. En mayo pasado, la Audiencia Nacional les impuso 18 años y 3 meses de cárcel por atentar en junio de 2002 en Marbella (Málaga) y en noviembre pasado les condenó a otros 50 años por el asesinato del edil de UPN en Leitza (Navarra) José Javier Múgica.

 

 

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