Los 'profesionales' de la educación sexual

Los 'profesionales' de la educación sexual

El testimonio recabado a través de un padre sobre las sesiones de sexualidad impartidas en un instituto cántabro dan pie al análisis de ADVCE, denunciando el sesgo ideológico.

REDACCIÓN HO / ADVCE.- La Asociación para la Defensa de los Valores Católicos en la Enseñanza (ADVCE) nos ofrece el testimonio que hace llegar un padre sobre las sesiones de sexualidad en un instituto de la zona oriental cántabra: se imparten de la mano de 'profesionales' que no demuestran mucho conocimiento, como se puede concluir del  siguiente resumen de las dos primeras sesiones llevadas a cabo, incluidas en la actividad correspondiente al pasado curso 2010-2011, que justifican el título de este artículo de ADVCE:

Primero se presenta la ponente como psicóloga. Señala que una de las activiaddes que realiza es visitar los centros "para formar". Dice que hablará de sexualidad humana, de género, de métodos anticonceptivos, etc. También advierte que los contenidos del taller entran en el examen de Biología del tema de reproducción. Para romper el hielo, les pregunta a los alumnos por sus aficiones. 

Entrando más en materia, pregunta a la clase si sabe lo que significa “vulva” y si conocen otras palabras sinónimas. Tras escribir varias de ellas en la pizarra, se repite lo mismo para la parte masculina “pene”.

Un alumno, ante la insistencia de la psicóloga de sacar más sinónimos de "vulva", se pregunta para qué llamarla de mil maneras. Lo que no sabe este alumno es que se trata de una trampa de la ponente para demostrar la existencia de lenguaje sexista y sacar algunas otras conclusiones interesadas. 

Lo que ha ocurrido es que se han escrito más sinónimos para la parte masculina, el doble que para la parte femenina; la ponente pregunta por qué puede ser esto. La misma experta responde: hay una razón muy sencilla, “el lenguaje que usamos refleja cómo es nuestra cultura, qué es lo que consideramos más importante”, es decir, el que haya más palabras para pene es porque la sexualidad masculina es considerada más importante que la sexualidad femenina, por ello el lenguaje es más abundante para la parte macho.

Seguidamente se procede a la argumentación clásica indicando que la sexualidad masculina es algo normal, algo de lo que puede hablarse, y la sexualidad femenina es algo sucio, inmoral, de lo que no puede hablarse. 

La ponente no parece muy convencida de lo que dice y pregunta a los alumnos si les parece que su explicación es una tontería o si podría ser cierto. Los alumnos dicen que podría ser, pero no lo hacen muy convencidos, lo hacen más bien guiados por la ponente.

Para convencerles les propone la siguiente situación, también clásica: Les pregunta qué pasaría si un alumno entra en clase y dice con voz normal “ayer me hice 3 pajas….”; hay acuerdo en que no pasaría nada, pero un alumno señala que en su grupo no se habla de eso; a esto, la ponente dice que en su grupo no, pero en muchos otros sí, que se habla con normalidad. En la situación para el sexo contrario, qué pasaría si dijera una alumna “ayer me hice tres dedos…”, la ponente dice que se la tacharía de guarra, de que es una salida. Aunque la psicóloga dice que sí pasaría esto, no tiene el apoyo del alumnado, que (desgraciadamente) tiene asumido que no pasa nada especialmente relevante con estas prácticas, ya las realicen ellos o ellas. De hecho, un alumno dice que ahora ya menos, que las mujeres ya son "más salidas".

Cambiando un poco de tema, pero con la misma finalidad, define instinto sexual como aquello que hace que queramos reproducirnos. Les pregunta si los hombres tienen instinto sexual, después pregunta por el instinto sexual de las mujeres. Les hace reflexionar sobre quiénes tienen mayor instinto sexual y ella misma responde que por igual. Lo que ocurre es que los hombres lo demuestran como algo normal; sin embargo las mujeres no pueden admitirlo tranquilamente.

La ponente dice que las chicas tienen miedo a que las pongan verdes, por eso prefieren ocultar estas cosas; además, señala que ellas aprenden a controlarse.

La sesión acaba con una actividad separando al alumnado en dos grupos: a chicas por un lado y a chicos por otro (en este caso, la ponente no practica la igualdad de sexos). 

Veamos cómo va la segunda sesión:

En un debate en el que se elige a un alumno como representante de los chicos y a una alumna como representante de las mujeres, se tratan los más diversos temas. Se habla sobre si los chicos son sensibles, preguntando la psicóloga a la representante femenina si a ellas les gusta que los chicos sean sensibles, a lo que responde que sí, añadiendo que deberían demostrarlo. Los chicos señalan que las chicas hablan mucho, que son unas cotillas. Sale el tema de que los chicos son unos salidos, más que las chicas, y ellos se preguntan que cómo no van a serlo viendo la forma en que visten las chicas, haciendo referencia a las minifaldas, por ejemplo. Por ejemplo, la ponente les preguntas si los chicos y chicas tienen deseo sexual y se concluye que sí, que por igual. La diferencia principal es que los chicos lo pregonan a los cuatro vientos y las chicas se callan por miedo a ser consideradas unas guarras.

La ponente les pide a los estudiantes que definan “guarra”, se pregunta que qué hace una chica para que la llamen así. Las respuestas del alumnado, y con ello la conclusión, es que una chica guarra es aquella que provoca e insinúa, se ofrece para realizar felaciones, es infiel, tiene varias parejas, practica sexo oral, anal y vaginal, etc. Ante la pregunta equivalente, pero en masculino, cómo se llama a un hombre que hace todo lo anterior o qué hacen los chicos para ser considerados unos guarros, sale lo  de siempre: que los chicos son unos machotes en relación al sexo y las mujeres son unas guarras. Por ello, la ponente señala que los chicos han caído en la trampa de siempre: si a ellos les parece bien que un hombre haga eso, debería parecerles igualmente bien si lo hacen las chicas y si a ellos les parece mal que un hombre haga eso, debería parecerles igualmente mal si lo hacen las chicas. Se convierte la charla en la típica discusión sobre feminismo y machismo. La ponente dice que no caigan en la trampa de diferenciar por sexos. Un alumno señala que no son ellos los que las llaman así, sino que son las propias chicas las que se llaman guarras entre ellas. 

Sale el tema de los cambios de humor de las chicas cuando tienen la regla, la ponente explica que es por el cambio hormonal que tiene lugar durante todo el ciclo.

También sale una pregunta de un chico en relación a la regla: ¿Por qué las chicas no se bañan cuando tienen la regla? Y aunque una alumna dice que ella sí se baña, la ponente responde que ocurriría algo similar a un corte de digestión: ante un cambio de temperaturas, de calor a frío, puede cortarse la regla; pone como ejemplo que si te metes en la piscina con el agua fría, se te corta la regla, incluso en algunos casos, puede ser por pasear por la orilla y sentir el agua fría. Un alumno pregunta que qué ocurre en ese caso y la ponente se limita a responder que es algo poco conveniente.

En la sesión termina comentándose el por qué de que haya vello púbico; la ponente señala que en las películas pornográficas, las mujeres salen rasuradas porque si no no tendría gracia, pero que no es lo normal.

Se habla también de que a los chicos les gustan las chicas delgadas pero sin llegar a la anorexia.

Los comentarios de ADVCE a estas charlas “tan objetivas” son los siguientes:

Estas sesiones son superfluas, inútiles y dejan sin respuesta varias de las preguntas del alumnado. Se tratan los mismos temas de siempre, sobre machismo y feminismo, y la opinión de la ponente se convierte en la verdad absoluta y objetiva, aunque no demuestre nada de lo que dice.

Nos parece que la psicóloga está obsesionada con lograr que las chicas puedan hacer lo mismo que los chicos, hablando de ello con normalidad. En este sentido, las feministas deberían seguir otros modelos, aunque paradójicamente parecen ver en los hombres el ejemplo a seguir. Lo que los alumnos aprenden es que al igual que los chicos, las chicas también pueden hacer todo aquello que hacen los chicos sin que se las deba criticar por ello. Lo que se enseña en estas sesiones es que deben aceptarse los comportamientos sexuales de ellas como hacemos con los de ellos.

A la ponente no le preocupa la inmoralidad de estas prácticas, sólo quiere inculcar el que las mujeres puedan hacer lo mismo que los hombres. La ponente, lejos de defender la capacidad y autonomía femenina para actuar, toma como ejemplo a seguir las conductas masculinas, y no precisamente las más ejemplares.

No se ha hablado en ningún momento de amor o de responsabilidad. Consideramos que se ha perdido un tiempo precioso cambiando una educación sexual genuina con una ponencia sobre machismo y una enseñanza muy particular sobre determinados conceptos. 

La misma ponente, que quiere establecer la igualdad, separa a chicos y a chicas al realizar algunas actividades, con lo que se produce una contradicción.