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México da un paso histórico, aunque incompleto, a favor de la libertad religiosa

La cámara de los diputados de México acaba de aprobar una reforma en su constitución en defensa de la libertad religiosa. Sin embargo, la reforma es incompleta.

REDACCIÓN HO.- Según informa Infocatólica, a los legisladores les tembló la mano, y lo que podría haber sido un gran paso hacia una sociedad más civilizada y equitativa, terminó siendo un solo un pasito.

El pleno de la cámara baja mexicana ha sometido a votación un proyecto de modificación al artículo 24 de la Constitución Nacional que establece lo siguiente:

“Todo hombre es libre para profesar la creencia religiosa que más le agrade y para practicar las ceremonias, devociones o actos de culto respectivo, siempre que no constituyan un delito o una falta penados por la ley. El Congreso no puede dictar leyes que establezcan o prohíban religión alguna. Los actos religiosos de culto público se celebrarán ordinariamente en los templos. Los que extraordinariamente se celebren fuera de éstos se sujetarán a la ley reglamentaria”.

En estos términos México no reconoce, a nivel constitucional, la libertad religiosa sino solo una parte de ella ligada al creer y al practicar cultos. Pero el concepto de libertad de religión es mucho más amplio. 

Ante estas limitaciones, el diputado José Ricardo López Pescador, del Partido Revolucionario Institucional (PRI), presentó un proyecto de reforma al artículo 24 que ampliaba el anterior y en el que hubo 199 votos a favor, 58 en contra y tres abstenciones. Con las correcciones, el decreto quedará así:

“Toda persona tiene derecho a la libertad de convicciones éticas, de conciencia y de religión, y a tener o adoptar, en su caso, la de su agrado. Esta libertad incluye el derecho a participar, individual o colectivamente, tanto en público como en privado, en las ceremonias, devociones o actos del culto respectivo, siempre que no constituyan un delito o falta penados por la ley. Nadie podrá utilizar los actos públicos de expresión de esta libertad con fines políticos, de proselitismo o de propaganda política.

En resumen: sí a la libertad religiosa, pero con salvedades.

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