Benedicto XVI: "Hablan mal del Papa y, sin embargo, seguimos adelante"
Palabras del Pontifice ante la inquietud de un reo víctima del SIDA sobre la forma en que algunos se refieren a ellos, en medio de sus respuestas a las preguntas que le formularon los reclusos de la cárcel de Rebibbia, en Roma.
REDACCIÓN HO / ACI PRENSA.- El Papa Benedicto XVI visitó el pasaso día 18 a los presos de la cárcel de Rebibbia, en Roma, a quienes llevó consuelo y esperanza. Les alentó a rezarle al Niño Jesús ahora, en Navidad, para pedirle la gracia de "ser todos liberados de la prisión del pecado, la soberbia y el orgullo".
En la Iglesia del Padre Nuestro, situada dentro del complejo carcelario, el Santo Padre dirigió un discurso a los presos y a las fuerzas del orden presentes, a quienes aseguró que "estoy cerca de cada uno de vosotros, de vuestras familias, de vuestros niños, de vuestros jóvenes, de vuestros ancianos, y os llevo en el corazón ante el Dios".
Durante el encuentro el Papa escuchó a los presos y contestó a sus preguntas. A ellos les dijo que "querría en efecto poder ponerme a escuchar la historia personal de cada uno de vosotros, pero no me es posible; sin embargo he venido a deciros sencillamente que Dios os ama con un amor infinito".
Benedicto XVI les dijo luego que "El mismo Hijo de Dios, el Señor Jesús, tuvo la experiencia de la cárcel, estuvo expuesto a un juicio antes un tribunal y sufrió la pena de muerte más feroz", y "allá donde haya un hambriento, un extranjero, un enfermo, un encarcelado, allí está Cristo mismo que espera nuestra visita y en nuestra ayuda". "Esta es la razón principal por la que estoy soy feliz de estar aquí, para orar, dialogar y escucharos", agregó.
El Santo Padre señaló luego que la salvación no es algo que se que imponga, "sino que se alcanza a través de los actos de amor, de misericordia y de perdón que nosotros podamos realizar". "El Niño de Belén será feliz cuando todos los hombres vuelvan a Dios con el corazón renovado. Pidámosle en el silencio y en la oración ser todos liberados de la prisión del pecado, de la soberbia y del orgullo: Cada uno en efecto, necesita salir de esta cárcel interior para ser realmente libres del mal, de las angustias y de la muerte", alentó. "¡Solo el Niño acostado en el pesebre puede donar a todos esta completa liberación!", exclamó.
El Papa resaltó también que la justicia humana, y la justicia divina siguen senderos distintos, y es necesario que el hombre busque la luz de la justicia del Señor "para evitar –como por desgracia ocurre con frecuencia–, que el detenido se convierta en excluido". "Dios, en efecto, es quien proclama la justicia con fuerza, pero al mismo tiempo, cura todas las heridas con bálsamo de la misericordia", recordó.
Asimismo, el Santo Padre indicó que para Dios, "justicia y caridad coinciden", porque "no hay una acción justa que no sea también acto de misericordia y de perdón, y, al mismo tiempo, no hay una acción misericordiosa que no sea perfectamente justa". Así pues, "el cumplimiento de la ley es el amor" y "nuestra justicia será cada vez más prefecta cuando más sea alentada por el amor hacia Dios y hacia los hermanos", explicó.
El Papa afirmó que los sistemas de detención deben girar en torno a dos puntos principales: proteger a la sociedad de amenazas y reintegrar al que ha errado sin pisotear su dignidad ni expulsarlo de la sociedad ya que "la vida humana pertenece a Dios, quien nos la ha donado, y no ha sido abandonada a la merced de nadie, ¡y aún menos a nuestro libre albedrío!". "Estamos llamados a custodiar la perla preciosa de nuestra vida y la de los demás", concluyó.
El encuentro culminó con la Oración detrás de las rejas, compuesta por uno de los detenidos, en la que pedía a Dios que "acortase las noches insomnes" y le recordase que "solo el amor da vida mientras el odio destruye y transforma en un infierno las largas e interminables jornadas". Después el Papa rezó junto a los presos el Padre Nuestro y les impartió su Bendición Apostólica. Al salir de la iglesia bendijo un ciprés plantado en el patio en recuerdo de su visita.
A su llegada el Papa Benedicto XVI fue recibido por la Ministra de Justicia italiana, Paola Severino; el Jefe de la Administración de la Penitenciaría, Franco Lonta; y por los Capellanes de la cárcel, P. Pier Sandro Spriano y P. Roberto Guarnieri.
El Papa responde a las inquietudes de los presos
El Papa respondió en la cárcel una serie de preguntas de los reclusos. A continuación presentamos una síntesis de las preguntas de los presos y las respuestas de Benedicto XVI a las mismas, presentadas por el Vatican Information Service:
1.- Pregunto a Su Santidad si este gesto se entenderá en toda su sencillez también por parte de nuestros políticos y gobernantes para que se restituya a todos los últimos, incluidos nosotros, los detenidos, la dignidad y la esperanza que hay que reconocer a todos los seres.
R.- "He venido sobre todo para mostraros mi cercanía personal e íntima en la comunión con Cristo que os ama. Pero, ciertamente, esta visita que para vosotros es personal, es también un gesto público que recuerda a nuestros ciudadanos, a nuestro gobierno el hecho de que hay grandes problemas y dificultades en las cárceles italianas.
Y, efectivamente el objetivo de estas cárceles es el de ayudar a la justicia y la justicia implica como primer dato la dignidad humana (...) Por cuanto yo pueda, quiero señalar siempre que es importante que las cárceles respondan a su objetivo de renovar la dignidad humana y mejorar su condición y no de comprometerla. Esperemos que el gobierno tenga la posibilidad de responder a esta vocación".
2.- Más que una pregunta, prefiero pedirte que nos dejes agarrarnos a ti con nuestros sufrimientos y los de nuestros familiares, como a un cable eléctrico que comunica con nuestro Señor. Te quiero mucho.
R.- "Yo también te quiero mucho. La identificación del Señor con los encarcelados nos interpela profundamente. Y yo también tengo que preguntarme: "¿He cumplido el imperativo del Señor? He venido aquí porque sé que en vosotros me espera el Señor, que necesitáis que se os reconozca humanamente y que necesitáis la presencia del Señor que en el Juicio Final nos pedirá cuentas de ello; por eso espero que estos centros cumplan cada vez más con el objetivo de ayudar a los detenidos a reencontrarse , a reconciliarse con los demás, con Dios, para incorporarse de nuevo a la sociedad y ayudar al progreso de la humanidad".
3.- ¿Le parece justo que ahora que soy un hombre nuevo (...) y padre de una niña de pocos meses no me den la posibilidad de volver a casa, a pesar de haber pagado ampliamente mi deuda con la sociedad?
R.-"Ante todo, felicidades. Me alegra que se considere un hombre nuevo (...) Usted sabe que para la doctrina de la Iglesia la familia es fundamental y es importante que un padre tenga en brazos a su hija. Por eso rezo y espero que lo antes posible pueda tenerla realmente en brazos y estar con su mujer para construir una hermosa familia y contribuir al futuro de Italia".
4.- ¿Qué pueden pedir los detenidos enfermos y seropositivos al Papa? Se habla muy poco de nosotros, y a menudo de una forma tan feroz, que parece que nos quieren eliminar de la sociedad. Hacen que nos sintamos infrahumanos.
R.- "Tenemos que soportar que algunos hablen mal de nosotros. También hablan mal del Papa y, sin embargo, seguimos adelante. Creo que es importante alentar a todos para que piensen bien, para que entiendan como sufrís, para que comprendan que tienen que ayudaros a levantaros.
Yo haré todo lo posible para invitar a pensar de forma justa -no con desprecio, sino con humanidad- que todos podemos caer, pero Dios quiere que todos lleguemos a Èl; y que debemos cooperar, con espíritu de fraternidad y reconociendo nuestra fragilidad, en este proceso para que los que han caído se levanten y prosigan su vida con dignidad".
5.-Santidad, me han enseñado que el Señor ve y lee dentro de nosotros, me pregunto ¿por qué la absolución se delega a los sacerdotes? Si yo la pidiera, solo, de rodillas, dirigiéndome al Señor ¿me absolvería?
R.- "Hay que decir dos cosas. La primera: naturalmente, si usted se arrodilla y con verdadero amor de Dios, le pide perdón, Dios le perdonará (...) Pero hay otro elemento: el pecado no es solo algo personal, individual, entre Dios y yo; el pecado tiene siempre una dimensión horizontal (...) Por eso esta dimensión social, horizontal, del pecado exige que se absuelva también en el ámbito de la comunidad humana, de la comunidad de la Iglesia (...) exige el Sacramento.
(...) La absolución del sacerdote, la absolución sacramental, es necesaria para absolverme de este lazo con el mal y reintegrarme en la voluntad de Dios, dándome la certeza de que me perdona y me recibe en la comunidad de sus hijos".
6.- Santo Padre, el mes pasado estuvo en visita pastoral en África, en el pequeño país de Benin, una de las naciones más pobres del mundo. Allí ponen su esperanza y su fe en Dios y mueren en medio de la pobreza y la violencia. ¿Por qué Dios no los escucha? ¿Quizás escucha solo a los ricos y poderosos que en cambio no tienen fe?
R.-"La medida de Dios y sus criterios son diversos de los nuestros. Dios da a estas personas la alegría de su presencia, hace que sientan que está cerca de ellos incluso en el sufrimiento y la dificultad y, naturalmente, nos llama para que hagamos cuanto esté en nuestras manos para que salgan de las tinieblas de las enfermedades y de la pobreza. (...) Tenemos que rezar a Dios para que haya justicia, para que todos puedan vivir en la alegría de ser sus hijos".
CFuencisla Lun, 26/12/2011 - 15:12h
- Inicie sesión o regístrese para enviar comentarios















Comentarios recientes
hace 4 horas 1 min
hace 5 horas 16 minutos
hace 8 horas 9 minutos
hace 9 horas 58 segs
hace 9 horas 34 minutos
hace 11 horas 34 minutos
hace 12 horas 32 minutos
hace 13 horas 39 minutos
hace 15 horas 32 minutos
hace 15 horas 48 minutos