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Una enorme ovación y gritos de apoyo y gratitud reciben al obispo de Alcalá de Henares a su entrada en el abarrotado auditorio del Palacio de Congresos de Madrid.

“Estas son las lágrimas que luego nos traerán la Justicia”

23-O Teresa Jiménez Becerril

Jiménez Becerril: "¿Cómo podíamos sentir alegría por un comunicado en el que no decían lo que todos queremos oír: que ETA se rinde sin condiciones, se disuelve, entrega las armas, reconoce el dolor causado y pide perdón a todas sus víctimas y a todos los españoles?"

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REDACCIÓN HO.- El 30 de enero de 1998 Alberto Jiménez Becerril y su esposa regresaban paseando a su casa, donde les esperaban sus 4 hijos, cuando el cobarde terror de ETA sesgó sus vidas. Teresa Jiménez Becerril, hermana del concejal asesinado, da testimonio en este 23-0, en multitudinaria concentración cívica junto a las víctimas,  convocada por Voces Contra el Terrorismo:

(Gritos de “¡No estáis solos, No estáis solos!” al ir a tomar la palabra, muy emocionada)

Es muy difícil…, como ustedes comprenderán, es muy difícil para todos nosotros hablar, después de lo que estamos escuchando… Después de haber escuchado el relato de Silvia, es muy difícil hablar… Como verán, estamos todos llorando, y no quisiéramos, pero son necesarias estas lágrimas. Porque estas son las lágrimas que luego nos traerán la Justicia, la que todos estamos pidiendo y esperando. (sonoros aplausos)

Quiero daros muchísimas gracias a todos los que estáis aquí hoy con nosotros, y también quiero agradecer a todos los que están aquí con su corazón, especialmente a todos los que están en el País Vasco, que necesitan mucho de nuestra fuerza (aplausos).

¡Justicia!¡Justicia!Quiero deciros que si contaran los corazones que hay hoy aquí, llenaríamos muchas plazas, llenaríamos todo Madrid, porque hay muchos corazones hoy aquí con nosotros, que no han podido estar, pero yo los siento: siento el latir del amor a Espala y el amor a la libertad de todos los españoles que no están hoy aquí con nosotros. (aplausos)

Hoy es para nosotros un día de pena, como han podido ver. Pero a la vez, es un día de alegría, de gran alegría, al ver a toda esta gente, a todos vosotros y el apoyo que tenemos. Esa es nuestra alegría, alegría verdadera, no alegría fingida que pretendía que estuviéramos el día que ETA hizo un comunicado.  Quien ha leído el comunicado, porque parece que hay muchos que no lo ha leído…

Memoria, Dignidad, JusticiaMemoria, Dignidad, Justicia¿Cómo podíamos nosotros sentir alegría por un comunicado en el que no decían lo que todos nosotros queremos oír, que es que ETA se rinde sin condiciones, se disuelve, entrega las armas, reconoce el dolor causado y pide perdón a todas sus víctimas y a todos los españoles? (aplausos)

Ese comunicado, ese papel, ese anuncio, eso, si que lo hubiéramos celebrado. Pero en cambio lo que tuvimos fueron cuatro líneas donde nos decían que nos perdonaban la vida, que habían decidido dejar de matarnos y que nosotros teníamos que responder a sus exigencias dándoles la independencia y la libertad y amnistía para sus presos. (pitos)

¿Creen de verdad que los españoles podemos alegrarnos de ese infame comunicado lleno de soberbia, donde el reconocimiento iban apara los asesinos, para los asesinos de Silvia, para los que hirieron a Irene y a María Jesús, para quien mataron a mi hermano?

¿Creen que podemos alegrarnos de un comunicado que les rinde homenaje a los asesinos y no a sus víctimas? (gritos indignados: “¡No!)

Vuestras lágrimas son las nuestrasVuestras lágrimas son las nuestrasYo sí sé que ustedes no, y la mayoría de los españoles tampoco. Pero yo no puedo alegrarme nunca y mira que lo intento, de lo que dice ETA. Yo lo único que quiero de ETA es que no hablen más, en ningún sitio, y desde luego no en un Parlamento, que es el símbolo de la libertad y de la dignidad de los españoles (aplausos).

Yo lo único que quiero es que ETA, lo poco que tenga que decir y si se oye alguna vez su voz, se oiga dentro de la cárcel y en ningún sito más.

Nuestro objetivo hoy con esta manifestación es hacer visible a las víctimas. Tenemos que pasar por este dolor, tenemos que pasar por este sufrimiento y estas lágrimas, y tenemos que compartirlas con todos nosotros para que no caigan en la tentación y en la comodidad de olvidar.

Nadie puede olvidar. Es lo que quisieron hacer en San Sebastián, en esa conferencia del olvido, donde quisieron hacernos creer que ha habido una guerra. ¡No señor! ¡Mi hermano, Alberto Jiménez Becerril, que ahí está, y su mujer, Ascensión García Ortiz, no venían de la guerra! ¡Venían  de pasear, y estaban a pocos metros de su casa, donde le esperaban cuatro niños de  4, 7 y 8 años que nunca más les volverían a ver! No tenemos que firmar ninguna paz, porque no ha habido ninguna guerra. ¡Es mentira! (aplausos) 

¡Justicia!¡Justicia!Y me niego profundamente a aceptar lo que querían en esa conferencia, que es que todos salieran creyendo que habían ganado. ¡Pues no! Yo no quiero que ETA crea que ha ganado. No puedo. No voy a explicarles a mis sobrinos un acuerdo en el que todos quedan por igual. Tengo que enseñarles que sí que hay una diferencia entre el bien y el mal, y quiero mirarles a los ojos y poderles decir que sus padres eran mucho mejores que quienes les asesinaron. (aplausos)

Termino diciendo lo que estamos repitiendo aquí y lo que nos va a dar la fuerza, esa palabra que repitiendo alto todos unidos, todos, los que estamos, los que no estamos, todos los españoles unidos, va a ser nuestro futuro y el futuro de España. Digamos todos juntos y muy alto: ¡Justicia! (gritos de ¡Justicia, Justicia!)

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