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Cuando solo el 'tiempo regalado' marca la diferencia entre la vida y la muerte

Shelli Eldredge está viva y en camino de recuperación en EE.UU. sólo porque su marido se negó a que se le retirara el soporte vital mientras estaba en coma: su regalo de un 'tiempo extra' lo fue todo.

REDACCIÓN HO / LIFESITENEWS.- Esta es la historia de una madre estadounidense que engañó a la muerte y desafió todos los pronósticos: si hoy está viva y en camino de recuperación, es sólo porque su marido se negó a renunciar a ella mientras estaba en coma, a pesar de la recomendación del médico de que se le retirara el soporte vital.

Hace apenas tres meses, Shelli Eldredge estaba en coma en un hospital de Hawai. Durante sus vacaciones, mientras andaba en ciclomotores con su marido y sus dos hijos, un terrible accidente le causó la rotura de la médula espinal en numerosos lugares, se rompió la pelvis y su cráneo y huesos faciales se fracturaron. “Sus piernas estaban gravemente desfiguradas. Sus caderas estaban desfiguradas. Cuando la vi, pensé que había muerto”, dijo Stephen, el marido de Shelli, en una entrevista concedida a Today.

Shelli, durante la entrevista y estando en comaShelli, durante la entrevista y estando en comaHoras después de llegar al hospital, Shelli entró en coma y no respondió durante semanas. Sus médicos no tenían esperanzas en su recuperación.

A pesar que el marido de Shelli, que es médico, pensaba que parecía “bastante evidente que no iba a despertar”, decidió darle algo más de tiempo y “seguir adelante a toda costa”.

El regalo del tiempo extra era justo lo que Shelli necesitaba para que se desarrollara una secuencia de eventos que Esteban dice que desafía la justificación médica.

“La lesión cerebral y las pruebas que demostraron una pérdida de la arquitectura típica del cerebro no era consistente o compatible con la vida o la recuperación de la función. Fue muy desalentador hacer frente a la posibilidad de que [...] ella nunca fuese capaz de despertar o de funcionar”, dijo Stephen.

Pero Stephen recordó que un día, cuando Shelli llevaba unas pocas semanas en coma, se acercó a su lado y se sorprendió al descubrir que ella lo “seguía” con sus ojos. “En realidad siguió mi recorrido”. Otro día, Stephen le contó un chiste, y  Shelli “se rió”.

“Nos miramos, y dije: ‘Shelli, ¿has oído eso?’”, dijo Stephen. “Ella arqueó las cejas. Pensé para mis adentros: ‘Si tengo a mi esposa y eso es todo lo que tengo, eso está bien’”.

A los pocos días de este giro en los acontecimientos, Shelli comenzó a mostrar signos claros de recuperación, como mover su cuerpo y hablar.

Shelli, que ahora necesita una silla de ruedas para desplazarse, ha regresado a su casa en Utah, donde su familia le está ayudando a alcanzar su meta de recuperación total. “Sé que voy a ser capaz de hacerlo y terminarlo y volver a la normalidad, pero es difícil ver todo lo que acostumbrabas hacer y todavía no eres capaz de hacerlo”, dijo Shelli, quien disfruta el ciclismo.

Después del accidente que cambió su vida, Shelli no se centra en sí misma ni en sus propias necesidades. “Simplemente pienso que estamos muy bendecidos y espero confiada que yo pueda encontrar mi misión y ayudar a otras personas”.

Como Shelli, persigue este mismo objetivo Nancy Valko, una enfermera matriculada desde hace 42 años y que es miembro de comités médicos y de ética en enfermería; según dijo a LifeSiteNews.com, "la historia de Shelli, su triunfo frente a todas las probabilidades, es un estímulo para todas las personas que se enfrentan a la decisión de poner fin a la vida. “¿Cuántos pacientes han muerto o se han convertido en donantes de órganos al no presentar actividad cardiaca, antes de brindarles una oportunidad similar?”, se preguntaba. “Necesitamos cambiar nuestras actitudes hacia la discapacidad y la dependencia, para abrazar plenamente la Cultura de la Vida”.

Para Shelli, “simplemente al darse el regalo del tiempo hizo toda la diferencia”.

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