Pornografía en el cole de confianza

Pornografía en el cole de confianza

Informa Teresa García-Noblejas en Profesionales por la Ética: sorpresa mayúscula la de unos padres al ver que a su hijo de 15 años le aleccionaban con la novela Seda, de abundantes y detallados pasajes pornográficos.

PROFESIONALES POR LA ETICA.- En los últimos días, unos padres que llevan a sus hijos a un colegio con ideario propio, de inspiración católica y acreditada solvencia y experiencia educativa, se han encontrado con la sorpresa de que a su hijo, de 15 años, le han dado en clase, como lectura complementaria y obligatoria, la novela Seda, escrita por un tal Alessandro Baricco y publicada por Anagrama. Y resulta que se trata de una obra con abundantes y detallados pasajes pornográficos que no viene a cuento reproducir aquí.

Como suele suceder en estos casos, la denuncia de los padres ha causado cierto revuelo en el centro y se ha procedido a retirar el librito de la lista de recomendados. Mientras, unos y otros miran hacia otro lado a ver a quien le echan la culpa. Pero lo cierto es que la responsabilidad, por acción u omisión, es de la dirección del centro en sus diversos niveles.

No es la primera vez que en colegios católicos se cuelan folletos de lobbies homosexuales, talleres afectivo-sexuales o preservativos sin conocimiento alguno por parte de los padres y en dudosa coherencia con el proyecto del colegio.

Tampoco es admisible que en los colegios e institutos públicos se lleven a cabo estas actuaciones con el pretexto de que el centro es de titularidad pública y no tiene ideario propio.

Con ideario o sin él, los padres tienen que conocer al detalle lo que se les enseña a sus hijos. Y acogerse al derecho constitucional de que sus hijos sean educados conforme a sus convicciones religiosas y morales. Para eso les llevan a un centro educativo que responda al ideario que desean. Y en el caso de la enseñanza pública, deben exigir igualmente, apelando a su derecho como ciudadanos, que sus convicciones se respeten y sus hijos no sean pervertidos ni adoctrinados. Esto exige responsabilidad de los padres, el respeto estricto de los educadores y la labor preventiva de la Administración para evitar que los contaminadores de menores se cuelen en los centros en los centros escolares.

Teresa García-Noblejas