Reig Plà: “El auténtico patrimonio de la humanidad es la unión sacramental de un solo hombre con una sola mujer abiertos a la vida”

Una enorme ovación y gritos de apoyo y gratitud reciben al obispo de Alcalá de Henares a su entrada en el abarrotado auditorio del Palacio de Congresos de Madrid.

México, un clamor por la vida

Ante la intentona abortista que se intenta consumar en la Corte Suprema, las más de 140 organizaciones cívicas de la Unión de Voluntades piden a los jueces que no se dejen engañar y protejan el primer derecho humano.  

REDACCIÓN HO.- Las más de 140 or­ga­ni­za­cio­nes ci­vi­les que for­man par­te de Unión de Vo­lun­ta­des acu­sa­ron al mi­nis­tro de la Su­pre­ma Cor­te de Jus­ti­cia de la Nación (SCJN) Jo­sé Fer­nan­do Fran­co Gonzá­lez Sa­las de in­ten­tar le­ga­li­zar un ge­no­ci­dio, al dis­fra­zar al abor­to co­mo un de­re­cho de las mu­jeres a de­ci­dir, cuan­do en rea­li­dad es el de­re­cho a ma­tar a sus pro­pios hi­jos.

Los mexicanos, con la VidaLos mexicanos, con la VidaEl claro mensaje de unión en defensa del primer derecho humano fue pronunciado ayer domingo des­de la Catedral Metropoli­ta­na de México D.F. El es­pa­cio les fue ce­di­do por el arzo­bis­po Pri­ma­do de Mé­xi­co an­tes de con­cluir su acos­tum­bra­da mi­sa dominical.  Así, Gui­ller­mo Bustaman­te Ma­ni­lla, coor­di­na­dor ge­ne­ral de Unión de Voluntades leyó una carta en la que pa­ten­tó la tris­te­za, in­dig­na­ción y preocupa­ción cívica "an­te el in­ten­to cri­mi­nal de le­ga­li­zar el abor­to en to­do México, en un ver­da­de­ro atropello a la dig­ni­dad hu­ma­na".

"No po­de­mos per­ma­ne­cer indolentes, pa­si­vos y ca­lla­dos sin come­ter un pe­ca­do gra­ve de omi­sión", denunciando el pro­yec­to del mi­nis­tro Fran­co, que con­si­de­ra que "el concebi­do no na­ci­do no es un ser huma­no, ni in­di­vi­duo de la es­pe­cie hu­ma­na, ni per­so­na ti­tu­lar de de­re­chos", se­gún el do­cu­men­to entrega­do pa­ra su es­tu­dio por par­te de los otros 10 miem­bros del má­xi­mo tribu­nal.

An­tes y du­ran­te la ho­mi­lía, el ar­zo­bis­po Pri­ma­do de Mé­xi­co, afir­mó que el abor­to no es la so­lu­ción. "Una injusticia no pue­de ser sub­sa­na­da con otra in­jus­ti­cia".

Hay que recordar que, reu­ni­dos en Mon­te­rrey, la se­ma­na pa­sa­da los re­pre­sen­tan­tes de to­das las igle­sias cris­tia­nas, tan­to evan­gé­li­cas, or­to­do­xas, pen­te­cos­ta­les, or­to­do­xas y an­gli­ca­nas, unie­ron su voz a la de la Igle­sia Ca­tó­li­ca en con­tra de la po­si­ble des­pe­na­li­za­ción del abor­to y con­tra la ma­ni­pu­la­ción de los em­brio­nes y la vi­da de los no na­ci­dos.

La Igle­sia Ca­tó­li­ca -ase­gu­ró el pur­pu­ra­do- es­tá pre­pa­ra­da pa­ra sa­lir al en­cuen­tro de las mu­je­res que es­tán embara­za­das, pues "los hi­jos son un don y nun­ca un de­re­cho".

En el edi­to­rial de Des­de la fe, el ór­ga­no ofi­cial de di­fu­sión de la Ar­qui­dió­ce­sis de Mé­xi­co, la je­rar­quía ca­tó­li­ca advir­tió que se­rá esa dis­cu­sión la prue­ba de fue­go pa­ra de­ter­mi­nar la ca­li­dad mo­ral de los mi­nis­tros de la Cor­te y ad­vier­te que si ellos no son ca­pa­ces de ga­ran­ti­zar el de­re­cho a la vi­da por ­qué se ex­tra­ñan de la vio­len­cia que vul­ne­ra a to­do el país. "Nos in­dig­na que la de­lin­cuen­cia or­ga­ni­za­da es­té pro­vo­can­do la muer­te de mi­les de jóvenes en to­do el te­rri­to­rio na­cio­nal; no te­ne­mos pa­la­bras pa­ra ca­li­fi­car los ac­tos in­hu­ma­nos de las ban­das crimi­na­les que ma­ni­fies­tan su des­pre­cio por la vi­da hu­ma­na, ase­si­nan­do y aban­do­nan­do en nues­tras ca­lles los cuer­pos mu­ti­la­dos. ¿No de­bemos lle­nar­nos de ver­güen­za que es­to mis­mo su­ce­da le­gal­men­te en los hos­pi­ta­les de nues­tra ciu­dad de Mé­xi­co to­dos los días?, pre­gun­ta la je­rar­quía ca­tó­li­ca.

Por ello des­pués, des­de el mis­mo púl­pi­to de la Ca­te­dral Me­tro­po­li­ta­na, Unión de Vo­lun­ta­des de­man­dó al al­to tribu­nal con­si­de­re los úl­ti­mos avan­ces en ge­nó­mi­ca que de­mues­tran que el ma­te­rial ge­né­ti­co se tie­ne des­de el em­brión mis­mo y no se de­je se­du­cir por la idea de que ase­si­nar a un no con­ce­bi­do es lo mis­mo que de­fen­der los de­re­chos de la mu­jer.

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