Gritos de '¡Libertad, Libertad!' retumban en La Monumental tras la puntilla nacionalista
Mientras mantienen los correbous, y si el Constitucional no lo remedia, la de ayer fue la última tarde de fiesta nacional celebrada en Cataluña, tras 95 años de historia taurina.
REDACCIÓN HO / EP.- Ovaciones, olés y gritos de '¡Libertad, libertad!' protagonizaron una última tarde histórica en la plaza de La Monumental, el último coso taurino que permanecía en activo en Cataluña y que a partir del próximo enero deberá cerrar tras la prohibición decretada por la mayoría del Parlamento catalán.
Una vez finalizada la tarde, parte de los cerca de 20.000 aficionados que abarrotaban la plaza se lanzaron al ruedo para llevarse de recuerdo la arena de La Monumental, y entre abrazos y alguna pancarta optimista que rezaba 'Continuará...', no paraban de fotografiar el momento.
José Tomás cortó dos orejas en su primer astado -el público pidió también el rabo, pero no se lo concedieron--, el catalán Serafín Marín hizo lo propio con el último de todos, y junto con Juan Mora -poco afortunado-, han salido a hombros llevados en volandas por sus seguidores, ataviados con banderas de Cataluña.
La complicidad entre el público y los espadas estuvo asegurada desde el primer momento, con ovaciones atronadoras y dedicaciones a la grada por parte de los matadores en cada faena, en una plaza en la que las mantillas cubrían parte de la barrera, el humo de los puros flotaba en el ambiente, las pancartas reclamaban la continuación de los festejos en favor de la libertad y la cultura, y banderas de Cataluña y España -incluso una 'estelada'- colgaban de las gradas.
Especialmente afectado se mostraba Marín, quien se retiró cabizbajo y apesadumbrado, cuando minutos antes había sido Tomás el que, con la plaza puesta en pie, se despedïa haciendo reverencias en un coso que solo su presencia ha sido capaz de llenar en los últimos años.
Y es que cuando torea José Tomás se hace el silencio hasta oírse cómo apremia al toro para que embista, los olés van en aumento mientras cientos de 'flashes' se disparan para captar el momento , y el diestro se acerca tanto que al astado y se queda tan quieto, que éste le toca al pasar bajo su muleta y algún 'ui' se ahoga entre el público.
La iluminación de los focos hace que brille su traje de luces, y la grada acaba finalmente fundiéndose con su matador predilecto, que pese a fallar por dos veces en la suerte final durante su segundo toro, ha encandilado a un público deseoso de verle tras un año de ausencia por su grave cogida de México.
Serafín Marín, consciente de la trascendencia del momento, aparecía con un capote diseñado por la pintora María Franco, inspirado en el cartel de La Monumental para La Mercè, en una tarde en que también ha estado salpicada por 'vivas' al toreo, a la Monumental, y a Cataluña.
Entre el público se encontraban los empresarios Leopoldo Rodés, Angel Simón (Agbar), Manuel Royes (Consorci Zona Franca), el escritor Fernando Sánchez Dragó, el mago Anthony Blake, el gestor cultural Borja Sitjà, el pintor Joan Pere Viladecans, el director teatral Mario Gas y el ex futbolista del FC Barcelona Gerard López, entre otros.
Además, también han hecho acto de presencia políticos como el delegado de la Generalitat en Madrid, Mario Casas (UCD), Albert Rivera (C's) y una nutrida representación del PP con la presidenta del partido en Cataluña, Alícia Sánchez-Camacho, a la cabeza.
Finalmente los focos se apagaron, los almohadilleros recogieron los cojines que trufaban las gradas ya vacías, y los guardias de seguridad invitaron a los rezagados a abandonar la plaza, en una última tarde para el recuerdo que, un siglo después de la inauguración de La Monumental y a la espera de ver en qué acaban los recursos contra la prohibición, ha puesto el punto y final a la historia del toreo en Cataluña.
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CFuencisla Lun, 26/09/2011 - 08:35h
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Libertad ? para qué? para
Libertad ? para qué? para torturar animales?...Qué derechos más raros se inventa la gente. Mañana voy a salir a la calle con carteles exigiendo libertad para que los gallos puedan pelearse o para que me permitan cazar gatos con ballesta...en fin, qué pais.
No por nazi-onalismo. No me
No por nazi-onalismo.
No me gustan los festejos en que se maltrata y mata a animales. Preferiría que los seres humanos dejáramos de celebrarlos por convicción, por amor a la vida, porque Jesucristo no torearía, no cazaría sólo por deporte, no tiraría una cabra desde una torre, no alancearía a un toro hasta matarle, no le prendería fuego, no colgaría a un gallo para cortarle la cabeza a caballo, no mataría a un delfín o una ballena sin necesidad...
Y, sin embargo, es inevitable reconocer cierta belleza en el espectáculo cruento de la lidia (a mí personalmente me aburre, pero no siempre ha sido así, y, además, nobleza obliga). Y, si desaparecieran las corridas de toros, con ellas se reduciría notablemente la ganadería brava hasta desaparecer en pocas décadas, pues la grave reducción que experimentaría llevaría a cruces endogámicos que la destruirían. Además, los ganaderos (y, si no los actuales, sus hijos o nietos) preferirían reconvertir sus negocios en crianza de vacuno para carne, o venderlo directamente a multinacionales cárnicas.
Eso y la pérdida de la dehesa boyal, un ecosistema único en el mundo (sólo existe en España, Portugal y parte de Francia), que sólo tiene razón práctica para existir en que las reses bravas pastan, corren, juegan, se fortalecen y, en definitiva, viven allí. Sin toros bravos, todo eso se acabó. El ser humano -y especialmente el homínido español- es como es (avaricioso, aprovechado, egoísta, y con la especulación de terrenos mucho más), y los propietarios privados o sus herederos venderían sus tierras, o éstas les serían expropiados por nuestras voraces Administraciones locales y autonómicas en pocos años. ¿Y las dehesas comunales? Serían las primeras en caer.
Sí, claro, se dejaría algún Parque Natural simbólico donde pastarían unos pocos toros enfermizos a pocos metros de un Centro de Interpretación. Imaginad el panorama. No os costará mucho trabajo. Entre esos Doñanas taurinos rodeados de mil amenazas -furtivismo, incendios, enfermedades del ganado, reproducción endogámica e incestuosa, políticos corruptos, turistas asalvajados, etc- y la situación actual, ¿qué es preferible?
Siempre se puede sustituir la Fiesta Nacional por fiestas locales más o menos nacionalistas (la mayoría de ellas más crueles e innobles para el pobre animal). Y sí, eso salvaría la especie y la dehesa boyal, pero creo que salimos perdiendo con el cambio. No sólo se maltrata más al toro, sino que también corren más peligro las vidas de los participantes, pues suelen ser fiestas para los más bestias o atrevidos del pueblo y los forasteros que se les quieran unir en la salvajada, en general más bestias, más imprudentes y más borrachos, o incluso más "puestos" de otras sustancias. Y además se deja participar a los críos. Y los Alcaldes callan y otorgan, eso si no se meten ellos los primeros, y meten a sus propios vástagos por delante.
Es paradójico que se prohíba por ley las corridas de toros y se proteja y subvencione esos otros espectáculos crueles con los mismos u otros animales. Eso ya se ha señalado, y aquí los políticos no engañan a nadie que no quiera dejarse engañar. Lo hacen por nacionalismo. Los ecologistas lo saben, y no se conforman.
Por cierto, Greenpeace, SeoBirdlife, WWF Adena y las demás organizaciones ecologistas "medio serias" no suelen meterse con las corridas de toros, porque saben lo que hay: que mantenerlas es más conservacionista que prohibirlas.
He generalizado con las fiestas locales, y lo siento si he ofendido a alguien porque en su pueblo no caen en esos extremos. Aun así, sigo pensando que delante de un toro sólo debe ponerse un profesional en pleno uso de sus facultades físicas o, al menos, gente formada y con certificación que lo avale y previo control toxicológico. Si para profesiones y actividades menos peligrosas se exige una cualificación y se imparte formación y siempre se prohíbe su desempeño bajo los efectos del alcohol y otras drogas, entiendo que mayor motivo hay para hacerlo en estos casos. Y, por supuesto, nada de dejar participar a los menores, ni siquiera como espectadores. Sé que estas costumbres son difíciles de desarraigar, pero es un mínimo con el que todos deberíamos ser consecuentes.
En otras épocas los Papas excomulgaban a los participantes en las corridas de toros, incluidos los espectadores. Evidentemente, tales condenas no tenían la menor eficacia, y se abandonó rápidamente su práctica. Había cierto sentido para hacerlo, pues los participantes, que lidiaban con rejones, a caballo y mucho menos protegidos que los picadores actuales, ellos y sus monturas, eran valiosos hombres de armas que ponían en grave peligro sus vidas en una actividad lúdica, contraviniendo el quinto mandamiento del Decálogo y privando, en caso de muerte o accidente con resultado de invalidez, a la Iglesia de brazos cualificados para su defensa. Se entendía que Dios había puesto a los guerreros en su Iglesia para defenderla, no para que se pusieran neciamente en riesgo. La misma excomunión decretó la Iglesia jerárquica en no pocas ocasiones respecto a las justas y torneos, por los mismos motivos: muchos caballeros mrían o que daban lisiados en esos eventos.
Vale, no conviene exagerar, pero quien se arriesga delante de un toro y se siente y confiesa católico está viviendo una contradicción (todos lo hacemos en alguna medida, pero este caso es especial), y debe tenerla en cuenta, y su confesor recordárselo. Luego, que actúe en conciencia (no me comparéis con los policías, los militares o los bomberos, que arriesgan sus vidas para salvar las de los demás, el torero no lo hace por eso, salvo que tenga que arriesgarse por un compañero cogido).
En fin, que ya veis que parece que defiendo una cosa y la contraria, qué le vamos a hacer. Supongo que, en caso de que tuviera poder para ello, suprimiría cualquier subvención a las fiestas con maltrato de animales, prohibiría todo acceso a ellas a menores y también las manifas de los animalistas -incluso sacando al Ejército a los pueblos en Agosto, si hiciera falta, para hacer cumplir la prohibición, compensando a los vecinos con pequeños desfiles a cargo de esos mismos soldados-, pondría controles de alcoholemia y consumo de drogas para todos los participantes, prohibiría la asistencia a las autoridades públicas en representación oficial -no a título individual, claro, pero no podrían presidir-... lo que entiendo que hay que hacer. ¿Que haría daño a la fiesta? Al principio, es posible, pero se acabarían adaptando, ya cederíamos por otro sitio.
Realmente, no me gustan las fiestas con maltrato de animales, tampoco las corridas, pero veo más inconvenientes en prohibirlas que en mantenerlas, y comprendo algunas razones de los aficionados. Apretaría las clavijas, incluso les cobraría alguna tasa especial, pero no lo prohibiría. Si quitamos las fiestas con toros, perdemos el toro bravo y la dehesa boyal. Es un precio demasiado alto.
Lo que no haría sería prohibir una fiesta y fomentar otra igual de cruel o más por politiqueo. Y, puestos a elegir, prefiero mil veces la tradicional corrida de toros, mucho más reglamentada y segura para todos, que la mayoría de sus alternativas festivas, en las que el toro sufre igual o más y corre peligro todo el que pase por allí.
Espero que algún día la Humanidad deje de disfrutar matando a otros seres vivos por propia convicción, no porque se lo prohíban. Claro que, en un país en el que a la mayoría de la gente no le parece mal que se mate a un niño antes de nacer si le conviene a la madre o a un enfermo para que no sufra, y se trata de un semejante, eso es mucho pedir hoy por hoy.
NO CONOCE NADA SOBRE LA RAZA
NO CONOCE NADA SOBRE LA RAZA DE TOROS BRAVOS QUIEN PARTE DE LA BASE DE QUE LA FIESTA DE LOS TOROS, (LAS CORRIDAS CONVENCIONALES DEL TOREO, NO LAS DE LAS ANTORCHAS) SON UNA TORTURA PARA EL TORO.
...TANTOS DETRACTORES DE LAS CORRIDAS DE TOROS QUE, SIN EMBARGO, NO DICEN NADA CONTRA LAS CLÍNICAS ABORTIVAS EN LAS QUE SE DESCUARTIZAN LOS RESTOS PARA QUE NO APAREZCAN, COMO APARECÍAN, EN LOS CONTENEDORES.
UN CATÓLICO NO ES MENOS CATÓLICO POR APOYAR LA FIESTA DE LOS TOROS. SON ÁMBITOS DISTINTOS
1) Personalmente, he llegado
1) Personalmente, he llegado al convencimiento de que yo sería un poco peor católico si asistiera a corridas de toros. Es mi conciencia. No juzgo a nadie. Dios verá a quién tiene que perdonar más y a quién tiene que perdonar menos, o incluso nada.
2) He dicho mucho en contra del aborto, la eutanasia, el terrorismo, la pena de muerte, la tortura a seres humanos, como cualquiera que lea mis comentarios a otras noticias puede comprobar.
3) De mi comentario anterior se desprende que no coloco al mismo nivel las corridas de toros que otros festejos cruentos, con toros u otros animales, y que las prefiero como mal menor, hoy por hoy, a su supresión. De ahí a considerarlas un espectáculo edificante, recomendable, en el que el animal no sufre ni hay ninguna clase de tortura o maltrato, va un abismo. Me parece peor la postura de los antitaurinos fanáticos, por supuesto, por eso mismo, porque son anti y fanáticos. Pero de los taurinos fanáticos, que tampoco son todos, no opino mejor.
Lo cierto es que, hasta ahora, no he encontrado en los argumentos taurófilos otra razón para apoyarlos que la doctrina del mal menor, pero mal a la postre. El día en que los antitaurinos me den argumentos que pueda apoyar, tendré que hacerlo. Pero, hasta ahora, me parecen peores que los del bando contrario. Y, al menos, los taurinos no fomentan la pornografía desnudándose en la vía pública, como sí lo hacen, sea o no su intención, algunos animalistas.
En el país de los ciegos, el tuerto es el rey. Aunque eso no evita que siga siendo tuerto.
4) Finalmente, no por escribir en mayúsculas y con un cuerpo de letra mayor se tiene más razón.
5) Me parece, y es una opinión, que HO no debió publicar la noticia. O no así. No es su estilo. Si se hizo por poner en evidencia el nazi-onalismo catalanista, bastaba con denunciar eso, la incoherencia de la prohibición "legal" al permitirse otros festejos cruentos con toros, su muy probable inconstitucionalidad, etc. No hacía falta contar la corrida del domingo. Para eso ya están otros medios, perfectamente respetables en un Estado de Derecho.
Es incoherente defender el aborto o la eutanasia y atacar las corridas de toros, sin duda. Pero también lo es defender la muerte de animales en un espectáculo público, por legal que éste sea o prefiramos que sea, en un medio que defiende la vida, aunque no sea de ideología ecologista. Indica una fisura, una cierta incoherencia o algo que puede ser tomado por incoherencia. Ahora un defensor del aborto podría decir que éste es legal en ciertos casos, igual que en ciertos casos es legal matar a un animal en un espectáculo. Y yo soy el primero que dice que eso es demagógico. Pero le hemos puesto en bandeja hacer esa demagogia.