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En las aulas: “El trabajo en equipo es una de las mejores cosas de la profesión"

“Llega un momento en el que ya no importan los medios que tengas, sino la vocación porque, como en tantas otras cosas, se hace de la necesidad virtud”, declara un catedrático de instituto.

REDACCIÓN HO / ABC.- Primer lunes de clase en Madrid. Entre locutorios, cafeterías y edificios de la Administración, los chavales con sus mochilas al hombro nos llevan hasta el instituto. Pasan diez minutos de las diez de la mañana. “Ahora no está, tiene que salir de clase”, responde una conserje. Se refiere a Ángel de la Llave, profesor de matemáticas en el IES Cardenal Cisneros. Llega. Es él, las marcas de tiza en su pantalón le delatan. La pizarra sigue siendo la estrella del aula. “Los informes internacionales nos sitúan donde más o menos nos corresponde. No podemos olvidar el atraso histórico de la educación en España”. 

El instituto en cuestión es un centro público con solera. El Cardenal Cisneros es de los más antiguos de España. Construido en 1877, los suelos de madera y los grandes ventanales rezuman tradición. Los ordenadores recuerdan que es 2011. Ángel se dirige a su Departamento -una especie de despacho común- cuando dos alumnas lo detienen. Son parte de los cerca de 600 jóvenes matriculados este año entre Secundaria y Bachillerato: un instituto de tamaño medio en España.

Al final de un pasillo se encuentra el Departamento de Matemáticas. Es un cuarto estrecho en el que apenas cabe una mesa compartida por los siete profesores del área, un par de estanterías repletas de libros y algún juego matemático. “Estos días aún estamos arrancando. Preparamos los materiales, conocemos a los chavales y nos ponemos de acuerdo en libros y demás”, apunta mientras enseña unos cuadernos similares a los que tienen que elaborar los estudiantes y que él emplea para corregir.

Con 30 años en la carrera, catedrático de instituto y jefe de Departamento, Ángel también se ha visto afectado por el aumento de la jornada lectiva decretado por la Comunidad de Madrid, además de otras autonomías como Galicia o Andalucía. Él le busca el lado positivo a la comparación con el extranjero, como si se acercase a la luz dentro del contraste entre la oscuridad de su pequeño cuarto y la imponente fachada blanca del rascacielos Torre Madrid que se ve a través de la ventana: “Solemos estar donde nos toca salvo en una cosa: la atención a los rezagados. Hacen falta unos programas que funcionen porque el sistema tiene que procurar equidad y evitar que quien se descuelgue se convierta en un marginado social”.

De repente, la conversación se ve interrumpida por una compañera que entra en el Departamento. Quiere comentar con Ángel qué libro de refuerzo utilizarán para este curso. Es parte de su trabajo como coordinador didáctico. “El trabajo en equipo es una de las mejores cosas de la profesión. Trabajamos mucho por la convivencia, con los alumnos y entre nosotros, pero no podemos compararnos por ejemplo con Finlandia, porque nuestra enseñanza está concebida de forma distinta”, explica.

Cuando se le habla de lo que muchos consideran “privilegios”, Ángel admite que es verdad que cuentan con dos meses de vacaciones en verano. “Empiezan el 1 de julio y acaban el 31 de agosto, aunque el equipo directivo tiene que estar presente el primer mes”. Después, aprovecha para matizar: “No me importaría tener menos vacaciones si cobrase un poco más. Porque, pese a lo que se pueda creer, dentro de los funcionarios del grupo A somos los que menos ganamos, pero puede que eso también compense nuestras vacaciones”.

La polémica 

 En cuanto a la polémica sobre la ampliación del horario, considera que “el problema es la reducción de plantillas. Yo imparto 19 horas lectivas, de pizarra, cuando mi mínimo serían 18 horas por ser Jefe de Departamento. Luego tengo que completar una serie de horas entre guardias, claustros, atención a padres y alumnos, además del trabajo que nos llevamos siempre a casa como corregir, pasar faltas, preparar las clases y formarnos hasta completar las 37 horas y media o más”.

Afirma que los recortes no son nuevos: “Se aplican desde tiempo atrás. Llega un momento en el que ya no importan los medios que tengas, sino la vocación porque, como en tantas otras cosas, se hace de la necesidad virtud”. ¿Y si hubiese que impartir asignaturas afines? “De momento no nos pasa y depende de lo que te encarguen pero no es lo recomendable ni tampoco lo frecuente. Aunque siempre es más fácil hacerlo con las matemáticas porque se comparten y utilizan con frecuencia en distintas especialidades”, dice.

"Mucho por avanzar" 

Las 11. Toca la sirena. Hora del recreo. Ángel y otros compañeros aprovechan y salen a la calle con algunos alumnos: “Solo pueden los de bachillerato”. Durante el receso comentan temas como la formación del profesorado. Con la propuesta de un MIR para docentes en el aire y la reciente sustitución del tradicional CAP (Certificado de Aptitud Pedagógica) por un máster, el profesor considera que “algo se ha mejorado, pero queda mucho por avanzar”. Otro compañero apunta una clasificación docente: el que le gusta, el que entra por necesidad y le acaba gustando y el que no le gusta y se acaba yendo. Por su parte, De la Llave simplifica: “Entre con la vocación que entre, siempre hay que exigir al profesor que haga las cosas lo mejor posible”.

Media hora después, el timbre vuelve a sonar. Todos adentro. La escalinata de la entrada experimenta de nuevo el ajetreo de la mañana y los estudiantes se esparcen por los pasillos. Ángel se prepara para su segunda clase del día, un grupo de refuerzo de matemáticas. Antes necesita recoger su maletín. De camino le para otra alumna: “¿La clase de francés?”. Trajín y descuidos propios de los primeros días. En el aula el contraste es exquisito. Los ventanales y los techos, altísimos, chocan con las mesas y sillas, las blancas y verdes tan características de la escuela. “Para preparar una clase hace falta tiempo –comenta-, pero sobre todo entusiasmo. Para los profesores son más importantes los ideales que los intereses”.

Empieza su clase: “Hola, me llamo Ángel. Algunos ya me conocéis, pero para otros es el primer día”. Reparte unos ejercicios. “Vamos a calentar los motores en cuestión de matemáticas. ¿De acuerdo?”, dice. El profesor ha llegado, el curso ha comenzado.

Sueldo: 2.200 euros/mes. Vacaciones: 8 semanas en verano. Horas lectivas: 19 semanales. Horas totales: 37,5 semanales.

 

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