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La estafa educativa desde dentro, una profesora se rebela contra el sistema

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"He visto cómo los chicos entraban en la escuela con 11 años; educados, con ganas de aprender, con ilusiones. He visto lo que la escuela les ha hecho en dos años; se han vuelto agresivos, vagos, resentidos".

REDACCIÓN HO / Emilio Quintana.- El drama de un sistema público educativo fallido, no sucede solamente en España. Reproducimos íntegro el artículo publicado en el blog Nodos Ele, donde se aborda de forma clara la relación entre el fracaso escolar, el fracaso de los propios docentes y la permisividad de los políticos para evitar poner soluciones. En esta ocasión en relación al ejemplo de una profesora en el Reino Unido, que ha decidido hacer oír su voz de forma alta, clara y contundente para expresar: ¡no podemos continuar así!

"El otro día me hice eco del comienzo del nuevo curso escolar en Gran Bretaña, que se presenta marcado por la progresiva implantación de “free schools”, que es la apuesta de David Cameron para liberalizar un sistema educativo en decadencia.

Investigando el tema llegué a la obra de Katherine Birbalsingh, y he leído en buena parte To Miss with Love (Penguin, 2011), un libro triste, pero apasionante; un libro que le ha costado a su autora, profesora de lengua, el despido de la escuela donde daba clases, una típica “comprehensive school” inglesa, basada en el igualitarismo más cerril y en los tópicos más manidos del laborismo. La LOGSE, vamos.

El libro es el diario de clase de una profesora que comprueba que todo lo que le han vendido como “escuela pública igualitaria” es una enorme mentira que tiene efectos letales sobre el aprendizaje y la educación: maquillaje de resultados y evaluaciones, para ajustarse a la media, cinismo de los directores (la autora transcribe conversaciones que ponen los pelos de punta), colegas profesores que bastante tienen con “sobrevivir”, mientras llevan a sus hijos a la escuela privada, porque conocen la estafa desde dentro. La autora resume así su experiencia:

"He visto cómo los chicos entraban en la escuela con 11 años; educados, con ganas de aprender, con ilusiones. He visto lo que la escuela les ha hecho en dos años; se han vuelto agresivos, vagos, resentidos".

Birbalsingh es jamaicana, y cuenta también una visita a una escuela solo para chicas (menudo escándalo segregacionista de género, ¿no?) en su país de origen. Allí no hay pizarras digitales ni ordenadores, pero el “ethos” es totalmente diferente. En la escuela jamaicana encuentra disciplina y respeto, así como un ambiente de aprendizaje auténtico y serio.

La autora ha descrito la escuela LOGSE británica desde dentro, llevada por su amor a la educación, que define como “make something better of their (students) lives”. El libro traza un paisaje desolador, con el que muchos profesores españoles se sentirán identificados. En cierto modo, me recuerda a lo que cuentan en Deseducativos.

Cambiar este panorama es el reto que el gobierno británico ha decidido adoptar, con el inicio de la reforma “big society” y las “free schools” (con las que K. B. no está muy de acuerdo; yo, sí).

Esperemos que en España no se reaccione demasiado tarde. El daño ya está hecho, con la LOGSE que impulsó Pérez Rubalcaba, y desarrolló cuando era Ministro de Educación (1992-1993); lo malo es que tampoco hay atisbo ninguno de que en un Congreso de otro partido político pueda escucharse lo que dijo Katherine Birbalsingh en la Conferencia del Partido Conservador Británico (Birmingham, 5 octubre 2010).

Y nos jugamos demasiado para eso.

 

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Y mientras opciones como el

Y mientras opciones como el homeschooling son totalmente desconocidas en España (que no en Inglaterra o en los EEUU). El profesor que dirigía el C.A.P. de mi marido en Gran Bretaña, es decir, maestro de enseñantes, educaba a sus propìos hijos en casa. Entre los homeschoolers, la mayoría son hijos de profesores en ejercicio, por algo será.

No digo que el homeschooling sea la única alternativa, pero no está mal pensar en diferentes modelos de enseñanza y alternativas al sistema que tenemos ahora. Interesante el próximo congreso en la Universidad de Navarra sobre escuela flexible y educación en familia:  http://www.unav.es/congreso/homeschooling/introduccion .Podemos ser más creativos con la educación de nuestros hijos.

Educar a los hijos en casa me

Educar a los hijos en casa me parece caer en otro extremo pernicioso para ellos. La escuela es fundamental para la socialización. Si se educa a los niños sólo, o casi sólo, en la familia, únicamente conocerán bien una forma de pensar, y su proceso de maduración se verá obstaculizado. Aunque no impedido. Pero, incluso si los padres son personas lo bastante maduras y formadas como para educar a sus hijos solos o con profesores particulares -y la mayoría no lo son, ni tienen tiempo ni medios económicos para pagar a esos profesores-, creo que los chavales pierden muchas oportunidades de relacionarse, que pueden traer problemas, cierto (ser víctimas de acoso o convertirse ellos en acosadores, peleas con otros compañeros, contagio de enfermedades infantiles, etc), pero que van a ganar más en madurez y autonomía personal a la larga.

¿Y qué decir del aprendizaje del trabajo en equipo? La escuela es la primera empresa con la que tomamos contacto fuera del ámbito familiar, mucho más si el alumno no procede de una familia que tenga negocio propio. La primera formación profesional que recibimos se nos imparte en el colegio, llevando a cabo trabajos con otros compañeros, aunque sea preparar la función de fin de curso o adornar la clase para Navidad o ahora para Halloween. En casa eso no se vive de la misma manera.

Los grandes Santos que vinculamos a la enseñanza y la educación fundaron colegios, institutos, universidades, u órdenes religiosas que a su vez crearon estas instituciones. Sabían que el hombre no está hecho para vivir solo o en círculos cerrados e íntimos. Es más, la gran innovación de los colegios cristianos, singularmente los de San Juan Bautista de la Salle, fue el aula común. Hasta que este gran Santo empezó a reunir a grupos de chavales ante una pizarra, el maestro explicaba la lección a cada uno por separado. En clase los estudiantes se benefician no sólo de las enseñanzas del maestro y los medios técnicos del centro educativo, sino de las aportaciones de sus compañeros.

Comprendo que muchos padres se horroricen ante asignaturas como la EpC, pero pasarse al otro extremo negando o restringiendo severamente a sus hijos la posibilidad de desarrollar sus habilidades sociales y sus capacidades intelectuales y de trabajo en equipo retrasando o impidiendo su incorporación al mundo académico es un error ´mucho peor que el que tratan de evitar, y tengo que ponerme de parte de las autoridades cuando se lo impiden. Están causando a sus hijos un daño mucho mayor.

Lo que hay que conseguir es garantizar de verdad la elección de centro educativo y de educación moral, y en su caso religiosa, que los padres quieran para sus hijos. Educar a los hijos exclusiva o predominantemente en casa debe ser el último recurso, por motivos que lo hagan inevitable, como discapacidades severas de los hijos.

El santo de hoy San Juan

El santo de hoy San Juan Crisóstomo fue educado por su madre, sin ir a la escuela, a la que tampoco fueron Santa Maravillas de Jesús, Santa Teresita de Lisieux hasta bastante mayorcita y antes de entrar en el convento, y otros, como Rodríguez de la Fuente, que hasta los diez años no pisó una escuela. No son ejemplos de fracaso en lo humano ni en lo social precisamente. Hay muchas maneras de socializar, la escuela no es el único ni el exclusivo, ni, por desgracia, muchas veces el mejor. Hay chicos que se pierden por malas amistades y un ambiente muy poco conductor al estudio, cuando no incompatible. No echemos al cubo de la basura una opción así, de esta manera. No digo que sea ideal, que no tenga carencias que hay que suplir, ni que sea fácil. Pero es posible paliar muchos de los inconvenientes, y tiene grandes ventajas también. Como todo. El colegio, igual.

Permítame recordarle que es una opción legal y regularizada en casi la totalidad de los países occidentales. ¿Porqué prohibirla aquí?

 

P.S. sigo con la lista de santos: Santa Joaquina Verdruna, fundadora de instituciones de enseñanza, educó en casa a sus ocho o nueve hijos. Etc.

Quizá lo mejor sería algo

Quizá lo mejor sería algo intermedio. Hay grupos de padres que se ponen de acuerdo. Entre ellos hay profesores, otros cocinan o ponen el local... en fin, una escuela autogestionada. Por ejemplo, lo hacen las nuevas comunidades rurales. Puede ser un buen sistema, siempre que las autoridades vivilen un poco su calidad.

Lo que sí tengo claro es que la educación no se debe dejar totalmente en manos de la familia ni de las autoridades, y se ha de buscar por encima de todo el bien superior del menor. Sus derechos deben tener prioridad sobre los de los adultos, en la educación en este caso y en otros campos cuando toque hablar de ellos. Ese olvido de la prioridad de los derechos del menor -es el menor el que tiene derecho a ser educado como necesita, más que los adultos los que tenemos el derecho a educarle como queramos- ha llevado, y sigue llevando, a toda clase de abusos, unas veces por parte de las familias y otras de las autoridades. Ahora parece predominar este último abuso, sin duda más grave, pues nos afecta a todos, no a unos pocos menores aislados, y es lógico que muchos padres piensen que para eso, mejor los educan ellos en casa. Pero pueden pasarse al otro extremo, y temo que muchos padres puedan no estar tan preparados como creen o dicen.

Si se permite la educación sin escolarización, habrá que regularla para evitar carencias educativas en los menores, y soy consciente de que eso también dará lugar a intromisiones de la autoridad en la intimidad de las familias y abusos en algunos casos, pero la alternativa es la anarquía educativa. Por cada Santa Joaquina Verdruna habrá muchos más padres posesivos, sectarios o poco preparados.

Además, en los países donde se permite la educación sin escolarización se regula este sistema.

Por cierto, la mayoría de Santos educados sin escuela lo fueron por no tener la posibilidad material de asistir a ellas (o no había o tenían que ayudar a sus familias, la  mayoría vivían en ambientes rurales y humildes), no porque sus padres o ellos mismos no quisieran, lo mismo que ha pasado con la mayoría de españoles hasta bien entrado el siglo XX,. No por elección, sino porque no podían o sus padres no les dejaban para que ayudaran en el campo o en casa. Y la mayoría habrían preferido ir.

No creo que deba rechazarse la posibilidad de educar a los menores fuera del colegio, pero es un tema con el que debemos tener mucho cuidado.Debe contar con regulación específica, inspecciones periódicas, posibilidades de socialización para el menor y, conforme a su capacidad y edad, éste debe ser escuchado y tenido en cuenta al respecto.

El sistema elegido, con o sin escuela, debe garantizar un derecho fundamental del menor, que no en vano recoge la Constitución en su art. 27 poniendo al menor en el centro, pues es un derecho que el menor debe disfrutar. Ése es el aspecto predominante: el sujeto, un menor, goza del derecho, lo disfruta. No es un derecho que ejercemos los adultos sobre el menor, sino un derecho del que el menor debe disfrutar. Ni las autoridades ni los familiares deben en este ámbito reclamar o defender derechos para sí mismos, sino para el menor. Las autoridades suelen olvidarlo (ej: dar prioridad al aprendizaje de un idioma regional minoritario en detrimento o incluso reprimiendo el aprendizaje de otro idioma, mayoritario en la sociedad y más hablado y escrito en el planeta Tierra, por razones políticas, ideologizar la educación sexual y afectiva). Son las principales culpables de esta situación. Ahora bien, al excluir a sus hijos de la escolarización, los padres pueden caer en un abuso de derecho similar, incluso más grave para sus hijos en concreto, si les falta instrucción o tienen ideas muy rígidas y anticuadas.

Más aún, al conseguir para sus hijos poder darles la educación que ellos quieren en exclusiva, estos padres corren el riesgo de dejar de luchar por la mejora de la educación escolar para todos los menores, un derecho que ha costado muchísimo grantizar en este país, legalmente y en la práctica, y que nos atañe defender a todos, seamos padres o no.

Y soy conservador, ojo, he firmado manifiestos contra EpC, y me doy cuenta de que el sistema educativo vive malos tiempos, pero, con todos sus defectos, creo que una mala escuela es mejor que ninguna escuela, salvo que sea malísima-malísima.

De todas formas, no soy padre. No he querido ofender, Arantza. Seguramente tendrá una opinión muy madura al respecto que tendrá ya en cuenta gran parte de lo que he apuntado, y se esfuerza por ser una excelente educadora y madre. Gracias por sus comentarios.

Perdone que le conteste

Perdone que le conteste rápidamente.

Soy madre de diez hijos, abuela ya y a la vez con niños pequeños en casa, hemos pasado todo tipo de situaciones -escolarización de varios, de todos, de casi ninguno, es decir, alternando según las circustancias el homeschooling con los colegios-, con lo que experiencia no me falta, además de conocer a muchas familias que no mandan a sus hijos a la escuela.

Le diré que en los años primeros, sobre todo si uno tiene familia numerosa, es una gozada, y los niños crecen felices y con un nivel superior a su edad en lo académico. Más adelante la cosa es más complicada, y llega el tema de la socialización, que hay que cubrir con alternativas, así como la dificultad de las materias a estudiar, que exigen al chico mucho más esfuerzo y colaboración de otros adultos. Como dice usted, lo bueno sería investigar posibilidades, sin limitar todo a la escuela, clases de una media de treinta chicos, donde no todos quieren estudiar y hay que nivelar a la baja, donde las materias son predeterminadas y todo nos viene dado -libros de texto muy mediocres y caros, horarios largos e inflexibles, incompatibles con otras actividades más vocacionales, como la música, la lectura, el tiempo en familia, el ir a Misa, ya que los niños llegan extenuados a casa etc. No es malo debatir.

 

Lo que no comparto, es su idea de regular tanto -¿según qué criterios?- y esa desconfianza hacia los padres. Nosotros queremos a nuestros hijos y buscamos lo mejor como padres. Si un día usted lo es, lo entenderá muy bien. Y somos nosotros los primeros responsables. Si nos equivocamos, lo habremos hecho por exceso de celo y amor, no es grave.