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“Vosotros sois la generación de Benedicto XVI”

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En la Eucaristía de apertura oficial de la JMJ Madrid 2011 y dedicada a Juan Pablo II, Mons. Rouco da la bienvenida a los jóvenes a una España enraizada en el cristianismo, invitándoles a no “tener miedo” y comprometerse con la nueva evangelización.

REDACCIÓN HO.- Cerca de medio millón de jóvenes, según la organización, se han concentrado en la Plaza de Cibeles de Madrid para asistir a la misa de apertura de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) Madrid 2011, que preside en estos momentos el cardenal arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela. Rouco ha definido a los presentes como "la generación de Benedicto XVI", llamada a evangelizar a los jóvenes con "raíces existenciales debilitadas".

En su homilía, que adjuntamos íntegra, monseñor Rouco Varela ha dado la bienvenida a todos los participantes en la JMJ aludiendo a los brazos abiertos con que nuestro país ha acogido a los peregrinos “una actitud de brazos abiertos y de cálida simpatía” que “tiene que ver profundamente con el hecho vivo de un viejo país formado por una comunidad de pueblos: ¡España!, cuya principal seña de identidad histórica, ¡de su cultura y modo de ser!, es la profesión de la fe cristiana de sus hijas e hijos en la comunión de la Iglesia Católica”, ha subrayado.

“La personalidad histórica de España se forja con rasgos inconfundibles en torno a la visión cristiana del hombre y de la vida desde los albores mismos de su historia, iniciada en gran medida con la primera andadura de la predicación apostólica en suelo español hace casi dos mil años. Uno de los más lúcidos escritores e intérpretes de la España contemporánea pudo decir: “España se constituye animada por un proyecto histórico que es su identificación con el cristianismo”, añadía.

La homilía ha tenido un protagonista en su hilo conductor. El beato Juan Pablo II, Papa que instituyera estos encuentros y en cuya

memoria se ha celebra esta Eucaristía: “¡El Papa de los jóvenes! Con Juan Pablo II se inicia un periodo histórico nuevo, ¡inédito!, en la relación del Sucesor de Pedro con la juventud, y, consecuentemente, una hasta entonces desconocida relación de la Iglesia con sus jóvenes: relación directa, inmediata, de corazón a corazón, impregnada de una fe en el Señor, en Jesucristo, entusiasta, esperanzada, alegre, contagiosa”, recordaba el cardenal arzobispo de Madrid.

“La santidad personal de Juan Pablo II brilla con un atractivo singular precisamente en este aspecto de la evangelización de los jóvenes contemporáneos. Nuestro Santo Padre Benedicto XVI no ha dudado en resaltar el amor a los jóvenes de Juan Pablo II en la Homilía de su Beatificación el primero de Mayo en la Plaza de San Pedro. El secreto de esa luminosa personalidad, moldeada en la perfección de la caridad, se desvela fácilmente a la luz de la Palabra de Dios que ha sido proclamada”, añadía, entre los aplausos de los jóvenes que tienen muy vivo el ejemplo del beato pastor.

 “Juan Pablo II pasó también en su vida por la aflicción, por la angustia, por la persecución, por las carencias más elementales en los años de la II Guerra Mundial, de la ocupación implacable y cruel de su patria, del despojo inhumano de los suyos… Sufrió el dolor de los perseguidos por la causa de Cristo antes y después de su elección a la Sede de Pedro: literalmente, hasta la sangre.  Testigo indomable de la verdad y de la esperanza cristiana, vivió la verdad del “si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros?”, sin miedo a ninguna oposición interna o externa a la Iglesia. ¡Fue un valiente de Cristo!”, ” recordaba monseñor Rouco

En este sentido, el también presidente de la CEE recordaba que era “este amor apasionado a Jesucristo” lo que precisamente lo que fascinaba y cautivaba a los jóvenes. Comprendían que de este modo ellos eran queridos y amados por el Papa de verdad: sin halagos, ni disimulos; ni interesada, engañosa o superficialmente; sino con toda la autenticidad del que sólo buscaba su bien, el bien de sus vidas: ¡su felicidad!, ¡su salvación! Y lo buscaba entregando, sin reservase nada, la propia vida”.

“Vosotros, los jóvenes que os encontráis aquí, y otros muchos que hubieran deseado participar en nuestra Jornada de Madrid y no han podido o no han querido, sois la generación de Benedicto XVI. No es la misma que la de Juan Pablo II. Vuestro “sitio en la vida” tiene sus peculiaridades. Vuestros problemas y circunstancias vitales se han modificado”, continuaba el cardenal, que seguía dirigiéndose a los “jóvenes de hoy, con raíces existenciales debilitadas por un rampante relativismo espiritual y moral, “encerrados por el poder dominante” (Benedicto XVI. Mensaje para la JMJ 2011, 1), y sin hallar sólidos fundamentos para vuestras vidas en la cultura y la sociedad actuales, incluso, no rara vez, en la propia familia” a los que  “se os tienta poderosamente hasta los límites de haceros perder la orientación en el camino de la vida”.

“¿Cómo no va a vacilar a veces vuestra fe? La juventud del siglo XXI necesita, tanto o más que las generaciones precedentes, encontrar al Señor por la única vía que se ha demostrado espiritualmente eficaz: la del  peregrino humilde y sencillo que busca su rostro. El joven de hoy necesita ver a Jesucristo cuando Él le sale al encuentro en la Palabra, en los Sacramentos”, añadía.

Con ello, monseñor Rouco ha exhortado a los jóvenes a vivir esta celebración eucarística de la inauguración de la Jornada Mundial de la Juventud agradeciendo al Señor el sentirse llamados desde este mismo momento a ser sus discípulos y testigos; “¡No lo dudéis! Jesucristo os muestra el camino y la meta de la verdadera felicidad. No sólo a vosotros; también a vuestros compañeros y amigos alejados de la práctica religiosa e, incluso, de la fe o desconocedores de la misma”.  “Tened presente estos días que el Señor, por medio del Papa, os va a preguntar: ¿aceptáis el formidable y hermoso reto de “la nueva evangelización” de vuestros jóvenes coetáneos? Respondedle que sí, recordando aquella vibrante y valiente llamada de Juan Pablo II en la Homilía del Monte del Gozo el 20 de agosto de 1989: ¡“No tengáis miedo a ser santos”! ¡“dejad que Cristo reine en vuestros corazones”!”, les animaba.

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