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McLuhan, muy citado pero poco conocido

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En el centenario de su nacimiento, el agudo analista que entendió y analizó la influencia de la tecnología sobre la vida cotidiana cuando internet todavía no existía.

REDACCIÓN HO / L'O.- ¿McLuhan? Al inicio lo desairaron muchos, pero este año por el centenario de su nacimiento (21 de julio de 1911) en el mundo se han celebrado más de 250 congresos sobre él, incluso en China y en Corea.

Cuando el experto en medios de comunicación Derrick de Kerckhove habla de su maestro -el agudo analista que entendió y analizó la influencia de la tecnología sobre la vida cotidiana cuando internet todavía no existía- nos quiere recordar un elemento frecuentemente descuidado por quien ama citar, pero no leer, los ensayos del profesor canadiense, su "fortísima componente católica".

La conversión llegó después de una cena con Chesterton, en Cambridge, en 1936; el autor de 'Ortodoxia', McLuhan cambió el tono de su fe y, lo que más cuenta, de su figura pública. "Era el tipo antropológico -escribe Guido Vitiello en "Il Foglio" del pasado 5 de junio- del católico ridens, del tomista alegre, todo humorismo, estilo caballeresco y admiración por las cosas este mundo".

En seguida McLuhan fue malinterpretado, también en Italia. Umberto Eco -continúa Vitiello- en su clasificación entre apocalípticos e integrados, profetas de desventuras y apologetas de la sociedad de consumo, eligió a McLuhan "como modelo del hiper-integrado pentecostal, afectado por el síndrome de la Égloga Quarta, megáfono de la edad de oro. Era un garrafal error". El profesor canadiense, en realidad, "detestaba a aquellos cristianos tristes que mezclan Spengler y Adorno con Juan de Patmos y nos dicen que todo se va a pique".

McLuhan, uno de los grandes eruditos de su tiempo fue también el animador de un "cabaret intelectual" permanente; esto se ve incluso en Yo y Annie de Woody Allen, donde aparecía de repente en la cola de un cine para desmentir a un presuntuoso experto en medios de comunicación. "Quizás la clave -escribe Vitiello, intentando explicar las aparentes contradicciones del estudioso, contagiado del amor de Chesterton por la paradoja- no esté en la vieja idea de Maritain según la cual el católico debe ser anti-moderno y ultra-moderno, combinar las dos exhortaciones contradictorias de san Pablo, la de no conformarse con la mentalidad de este mundo y la de “hacerse todo para todos”, volverse judío con los judíos, gentil con los gentiles, televisivo con los telespectadores".

Tal vez le habría gustado al agasajado el "Salón McLuhan" que se realizó el pasado mes de mayo en el Mambo de Bolonia durante el encuentro "¿Qué ha hecho Marshall?", un juego a medio camino entre la tómbola y el Trivial Pursuit, en el que a cada número sacado correspondía una frase del estudioso. "La idea del Salón no es casual -explica Elena Lamberti, que organizó la iniciativa-. McLuhan atribuía al juego una función fundamental. Decía que “cuando juega, el hombre usa todas sus facultades, mientras que cuando trabaja se especializa”.

McLuhan muy citado pero poco conocido. Por ello Gennaro Colangelo -que enseña Comunicación y producción cultural en Roma, en la LUMSA- y sus alumnos han utilizado precisamente esta propuesta lúdica y han profundizado al mismo tiempo el pensamiento del experto en medios de comunicación canadiense para realizar "la entrevista imposible".

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