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Alemania desmiente que España sea el origen del pepino contaminado

Hecho ya un gran daño, es hora de exigir indemnizaciones y responsabilidades y de  tranquilizar al consumidor de nuestras exportaciones, atenuando al máximo las pérdidas.

REDACCIÓN HO.- Hecho el daño, sobre todo en cuanto a confianza levantada injustamente en el consumidor europeo a nuestras exportaciones de pepino y de otros productos agrícolas como el tomate, Alemania repliega velas.  Tras el análisis de los dos de los tres pepinos analizados procedentes de España, Alemania niega que España sea el foco de la contaminación que ha tenido en vela a Europa.

Hecho el daño, sobre todo en cuanto a confianza levantada injustamente en el consumidor europeo a nuestras exportaciones hortícolas -de pepino principalmente, pero a ello se han sumado otros productos como el tomate y se amenazan otros como la fresa, cuya temporada comienza ahora-, Alemania repliega velas.  Tras el análisis de los dos de los tres pepinos analizados procedentes de España, Alemania niega que España sea el foco de la contaminación que ha tenido en vela a Europa.

Se desconocen aún cuáles son los datos técnicos que han hecho cambiar de opinión a las autoridades alemanas, que empiezan a recibir quejas formales de países como Polonia o la República Checa, pasando por la ministra española, ante sus apresuradas acusaciones iniciales. 

La guerra de los pepinos recuerda a aquellas guerras del aceite y del fletán, con una gran diferencia: entonces Bruselas respetaba a España, y ahora ante Europa sólo despertamos desconfianza por la situación de desgobierno interno y el incumplimiento económico general. 

El Ejecutivo español parece haberse puesto al fin en su sitio, que no es otro que el de la firmeza y la defensa de los intereses nacionales, aunque es muy de lamentar que la reacción de la ministra Rosa Aguilar haya sido tardía, porque su protesta contra Alemania se hizo esperar a que el daño estuviera hecho, cuando varios países europeos habían cerrado ya las fronteras a nuestras hortalizas, dado que no había respuesta por parte española a las aventuradas afirmaciones germanas culpándonos del foco de intoxicación. Finalmente, el Gobierno de España confirmaba que solicitará ayudas a la Unión Europea para paliar las pérdidas causadas a su sector hortofrutícola por el brote infeccioso, después de que los productores españoles hayan estimado los daños en 200 millones de euros semanales.

Al margen del resultado de los análisis, es evidente que la mortalidad causada por la bacteria E. coli (Escherichia coli) le da un plus de drama humano y de gravedad al conflicto económico, por lo que urge es que España y Europa  se pongan a buscar muy seriamente y como tarea primera el foco de contaminación, ya sea en origen, traslado o destino,  y exigir responsabilidades y en su casi indemnizaciones y desagravios si se confirma finalmente que la cepa mortal no salió de Andalucía, y dado que ahora Alemania rectifica.

Si esto deriva en un boicot a productos españoles, como en otras ocasiones, o en un intento de aludir culpas, el Gobierno -Zapatero, Rubalcaba o quienquiera que mande-, apoyado por la oposición, ha de elevar una protesta ejemplarizante: de lo contrario, será verdad que España ha sido desplazada al grupo de cola de la UE. 

 

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