Una gran historia que enseña otro tipo de triunfo

Una gran historia que enseña otro tipo de triunfo

La historia de Derek Redmond, comparable en el espíritu a las miles de víctimas del terrorismo en España.

REDACCIÓN HO.- De vez en cuando toparse con historias de superación alienta a seguir adelante. Aún resuenan los ecos de las palabras de las víctimas que ayer por la tarde proclamaron tanta verdad, llenos de coraje y determinación. Evoca la historia de Derek Redmond a la lucha constante de las víctimas en España. Como el padre de Derek, saben que cuentan con el apoyo de miles de españoles que no se dejan embaucar "por el mal con apariencia de bien", la gran tragedia de nuestros días.

Ofrecemos una gran historia de superación publicada en el blog NetWorksBlogs.

"Leyendo libros, uno puede encontrarse con grandes historias humanas, una lección de superacion, coraje y motivación. Se trata de la historia de Derek Redmond, un atleta que trabajó muy duro para prepararse la carrera de los 400 metros lisos, para correr en las olimpiadas de Barcelona 1992, y que cuando corría en una de las finales clasificatorias sufrió una lesión en una pierna que le hizo frenarse en seco y desplomarse de dolor.

Años de preparación y sacrificio arruinados en unos segundos, o tal vez ¿no? En lugar de quedarse lamentándose en el suelo, esperando a las asistencias médicas Derek Redmond se levantó, y cojeando, se dirigió hacia la meta que se encontraba a unos 150 metros de la meta. En los metros finales, cuando avanzar era más difícil y el llanto le impedía continuar hacia delante, el padre de Derek burló a los servicios de seguridad y llegó hasta su hijo para ayudarle a continuar hasta el final, donde recibió la ovación cerrada de todo el estadio en pie, el resto es historia.

Derek Redmond era uno de los favoritos para obtener medallas en la menciona prueba, y nadie sabe si lo habría conseguido, pero lo que si puedo afirmar sin miedo a la equivocación es que Derek no ha pasado a la historia por el éxito al ganar una medalla olímpica, sino por la valiosa enseñanza que nos ofreció al levantarse, llenarse de coraje, vencer la barrera física del dolor, olvidar el fracaso, y dirigirse a la meta para poder terminar la carrera, esa carrera para la que llevaba tanto tiempo entrenando duramente.

Derek, como cualquier atleta olímpico, se preparó durante mucho tiempo para él éxito que proporciona la victoria, y seguro que se visualizó entrando el primero en la meta, pero también que no contaba con encontrarse con esa otra forma de éxito, aquel que llega cuando uno se supera a si mismo, cuando uno vence el dolor, el fracaso, la derrota, la frustración, y en cierta forma la humillación. Este tipo de éxito supera con creces al éxito que obtienen los ganadores, y es el éxito de los valientes, de los que se enfrentan a la Vida con los dientes apretados, el éxito de quien encuentra la motivación suficiente para terminar la carrera aunque ésta ya haya terminado, el éxito de quien supera sus propios límites físicos y mentales, y aprieta los puños y sin haberlo deseado obtiene tanta, o mayor gloria que si hubiese sido el primero, al menos para mi es así.

Todos podemos parecernos a Derek Redmond, con seguridad no nos faltan oportunidades a diario para ello. En nuestra vida profesional y personal muchas veces nos derrumbamos y nos rendimos, cuando lo que deberíamos hacer es apretar los dientes, y continuar, sólo continuar".