"Todos tenemos derecho a vivir"

"Todos tenemos derecho a vivir"

Gestantes, madres, enfermos, dependientes, discapacitados... Son una sola voz cantando a la vida.

REDACCIÓN HO / LA RAZÓN.-Madres que ni tan siquiera contemplan abortar cuando quedan embarazadas, enfermos que luchan por salir adelante, discapacitados que rompen todas las barreras que encuentran en busca de una vida normal, son ejemplos todos ellos de lucha, determinación y superación por la vida.

Éste es el caso de Jacinto. Hasta hace poco, Jacinto era capaz de nadar en el mar una hora diaria. Sin embargo, empezó a sufrir mareos. Después, perdía el equilibrio, veía doble y vomitaba con frecuencia. Una resonancia confirmó que padecía un tumor cerebral. El tratamiento no iba mal, e incluso llegó a pasar una temporada en casa. Pero ya no podía valerse por sí mismo y volvió a ser hospitalizado. Del 14 de enero al 26 de febrero, día en el que falleció, Jacinto estuvo ingresado en el Hospital Centro de Cuidados Paliativos Laguna. Jacinto ya no podía hablar con sus hijas, aunque sí que podía comunicarse. Ver a un ser querido en su situación provoca que uno se replantee sus ideas. Sin embargo, la posibilidad de perder prematuramente a su padre no estaba entre ellas. «Se te pasan muchas cosas por la cabeza. De un día para otro ves que no es la misma persona. Ves cómo se deteriora. Al principio dices: hombre, para que esté así.... Pero luego piensas que es mejor que estuviera aquí, recibiendo cuidados. Pides a Dios que no se lo lleve. Los hijos somos así de egoístas», dice Loli, hermana de Silvia. Y es que, como recuerda María Clavel, coordinadora del equipo psicosocial de La Caixa, en Laguna «no preparamos para morir al paciente, le ayudamos a vivir hasta el último día de su vida». A Silvia, Loli y a sus otros dos hermanos les queda un consuelo: Jacinto peleó hasta el final y pudo despedirse de este mundo «sin dolor».  

Lo mismo sucede en el caso de quienes regalan el don de la vida a otros. Corina y Alba Luz acaban de ser mamás. La primera tiene 16 años, y Alba ha cumplido los 40. Las dos llevan más de tres años viviendo en España. Abandonaron Rumanía y Honduras, respectivamente, en busca de una vida mejor que encontraron en nuestro país, aunque las circunstancias no les han puesto las cosas fáciles. Su anhelo por la vida se ha convertido en el súmmum de su trayectoria vital y gracias a ello, Yulia, de 1 año, y Victoria, de 1 mes, les arrancan una sonrisa cada mañana. 

Una auténtica «Victoria»

Las dos se quedaron embarazadas «por un descuido» y en ese momento se desataron todas las dificultades. A Alba le despidieron y se encontró sola en la calle porque su pareja le abandonó. Rodolfo, el novio veinteañero de Corina, sí que se responsabilizó del niño y hasta hoy viven juntos aunque «estoy buscando otro piso porque él quiere dejarme. Su madre le ha dicho que lo haga y no le voy a obligar a que se quede con nosotras. Me da pena porque es un buen padre», asegura la adolescente. El apoyo de la Fundación Red Madre fue fundamental para las dos. La más joven acudió a ella después de que su madre le obligara a volver a su país para que allí le practicaran un aborto ilegal: «Estaba embarazada de 14 semanas y como mi vida peligraba, no pudieron hacérmelo. Volví a España, mi madre se desentendió y en Red Madre me ayudaron con todo», asegura Corina.

El nombre de Victoria, la hija de Alba, no es trivial. Para llegar al mundo ha tenido que superar muchas dificultades. Su madre sufrió una hemorragia a causa de la biopsia coreal que le practicaron para determinar la gravedad de unos quistes en la garganta del feto y una de las enfermeras le dijo: «A ver si echas  de una vez lo que llevas dentro». «Tuve que acudir a la asociación para que me llevaran a otro médico que me aseguró que mi niña aunque sufre síndrome de down estaba muy sana», explica entre lágrimas. Las dos han superado las zancadillas que les ha puesto la vida y no dudan en proclamar «sí a la vida». «La premisa es ser consciente de que todos tenemos derecho a vivir, basta con afrontarlo con esperanza», apostilla Alba Luz. 

Rocío también nació con síndrome de down. Ahora tiene ya 21 años y es una persona con una vida completamente normal «que puede llegar a lo mismo que cualquier otro, sólo que más despacio», señala su hermana Carmen, que desde hace dos años participa en la Red Nacional de Hermanos de Down España. «Quería tomar un papel más activo con mi hermana, guiarla de cara al futuro», afirma. Esto da la seguridad a sus padres de que alguien se ocupa de Rocío y además es una relación más de amistad, no tan paternalista. A pesar de que se enteraron de la discapacidad de Rocío cuando nació, asegura que no es partidaria del aborto. «La vida a su lado es mucho más que una simple vida, aportan mucho al mundo y a la sociedad». Una muestra más de que luchando, la vida se abre camino.