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Una enorme ovación y gritos de apoyo y gratitud reciben al obispo de Alcalá de Henares a su entrada en el abarrotado auditorio del Palacio de Congresos de Madrid.

El locuaz Bono prefiere no opinar sobre el sainete del pinganillo en el Senado

"Tengo una opinión, pero es mejor que no me pronuncie sobre lo que hace una Cámara que tiene todos mis respetos", se limita a declarar.

REDACCIÓN HO / EUROPA PRESS.- El presidente del Congreso, José Bono, ha evitado este miércoles comentar el estreno de las sesiones plenarias del Senado con traducción simultánea  para que los senadores puedan utilizar las lenguas cooficiales, a mayor empacho del nacionalismo y para mayor escándalo de los mas de cuatro millones de oarados que sufren estos excesos en España. "Tengo una opinión, pero es mejor que no me pronuncie sobre lo que hace una Cámara que tiene todos mis respetos", se limitó a responder.

Bono no ha querido dar públicamente su opinión, pero son conocidos sus reparos al uso de las lenguas cooficiales en el Congreso. Hace año y medio, cuando ERC intentaba recuperar las prácticas de Manuel Marín para un uso limitado del catalán, el gallego o el euskera, Bono ya indicó que esta cuestión, "además de tener un encaje jurídico muy discutible, ofrece experiencias no precisamente satisfactorias".

El político castellanomanchego dice no tener antipatía alguna a las lenguas cooficiales, pero siempre ha mantenido que "el único imperio que debe quedar meridianamente claro es el imperio de la ley y la Constitución, que establece con claridad cuál es la lengua que debe utilizarse en el Congreso".

Como informó ayer HO,  partir de esta tarde, en muchos de los actos que se celebren en el Senado, y en concreto en los Plenos de la Cámara, será habitual ver la imagen de sus señorías con el pinganillo colgando: la broma de usar en el Parlamento las lenguas cooficiales en las distintas comunidades autónomas en lugar del castellano común nos va a costar a todos los españoles nada menos que 350 mil euros en este año. Todo un despilfarro sin más utilidad, seguramente, que la de demostrar que el artilugio no despeina, a excepción, claro está, que se a usted uno de los millones de sufridores y olvidados ciudadanos que padecen la grave crisis, que verán tornar sus pelos en puntas.

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