Reig Plà: “El auténtico patrimonio de la humanidad es la unión sacramental de un solo hombre con una sola mujer abiertos a la vida”

Una enorme ovación y gritos de apoyo y gratitud reciben al obispo de Alcalá de Henares a su entrada en el abarrotado auditorio del Palacio de Congresos de Madrid.

Persecución religiosa en Navidad

Arzobispo Matti Shaba Matouka: "No importa lo fuerte que sople la tormenta, el amor nos salvará".

LA RAZÓN.- Muros, alambradas, guardias armados en la entrada de las iglesias. Los cristianos iraquíes celebraron la Navidad en templos totalmente fortificados. En la iglesia de Nuestra Señora de la Salvación, en Bagdad, se multiplicaron los símbolos del precio de la fe: fotos de feligreses muertos en frente del altar y dos sotanas negras en recuerdo de los dos sacerdotes muertos en el ataque del pasado 31 de octubre, el más mortífero que se recuerda contra los cristianos iraquíes, cuando 68 personas fueron asesinadas por un grupo de pistoleros en nombre de Al Qaida.

Aquel atentado, una serie de ataques con bombas poco después y las renovadas amenazas de Al Qaida han impulsado a muchas familias a huir al norte, hacia un Kurdistán mucho más pacífico, para poder celebrar una Navidad sin sobresaltos. Por contra, apenas 300 feligreses asistieron a la misa en la Iglesia de la Salvación de Bagdad. Eran pocos, pero dispuestos a quedarse: «Amo a mi país, enterré a mis padres aquí, no puedo irme», señala Adiba Youssef, una mujer de 52 años que asiste a la misa con el resto de su familia. Algo que valoró en su alocución el arzobispo Matti Shaba Matouka: «No importa lo fuerte que sople la tormenta, el amor nos salvará».

Con las paredes marcadas aún con balazos, ventanas rotas cubiertas con plásticos, y algunos restos de sangre seca todavía visibles en el techo, el sonido de los helicópteros competía con las palabras del oficiante en un tempo rodeado por muros de cemento y un ejército de guardias de seguridad. No obstante, muchos iraquíes han preferido evitar la violencia que se respira en la capital. Según fuentes de la ONU, un millar de familias cristianas han buscado refugio en Kurdistán. Sheat Jubran se fue con sus hijos a la ciudad de Suleimaniya, 260 kilometros al noreste de Bagdad. Pero su ánimo oscila entre la tranquilidad y la tristeza: «¿Cómo podemos celebrar algo mientras los cristianos son asesinados diariamente en Irak?».

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