“Haré todo lo posible para mantener con vida a Asia”

“Haré todo lo posible para mantener con vida a Asia”

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ETHEL BONET/LA RAZON.- Lamentablemente, la situación de la familia de Asia Bibi se vuelve cada día más complicada. La fuerte oposición de los grupos islamistas al posible perdón a Bibi ha condenado a su esposo e hijas a vivir entre sombras.

«Las cosas no están yendo como esperábamos; han tomado una mala dirección», lamenta Ashik Masih en un encuentro con La Razón, de madrugada, en un centro cristiano en Sheikhupura.

Desde que el gobernador de Punjab, Salman Tasser, visitó a Bibi en la cárcel y anunció su decisión de apoyar una carta de clemencia para evitar la ejecución de Asia, la familia de la condenada por blasfemia ha recibido numerosas amenazas.

«Estoy sometido a una  situación de estrés continua. No puedo descansar y temo por la vida de mis hijas», explica Masih, antes de agregar que «estamos hartos de ir de aquí para allá para tener que ocultarnos». 

Durante el día, envía a las niñas a casa de algún pariente y las recoge por la noche para ir a dormir a la casa. «Entramos sigilosamente, sin encender las luces. Me quedo velando durante la noche y al amanecer nos marchamos de nuevo», detalla Ashik. «Vivimos como si fuéramos unos fugitivos», implora el padre.

El marido de Asia ha tenido que cambiar su número del teléfono móvil para evitar «las llamadas anónimas nocturnas» que recibe con mensajes amenazadores.

«No sé qué está buscando esta gente, pero no puedo poner en riesgo a mi familia, por eso decidí llevarme a mis hijas a otros lugares más seguros», relata Ashik, que no desvela su nuevo paradero.

Según Ashik, después de las protestas de los grupos islamistas en Sheikhupura, unos desconocidos se acercaron a su casa, cuando las hijas estaban solas, y golpearon la puerta para intentar entrar. Al escuchar los fuertes golpes, unos vecinos acudieron a la vivienda e impidieron a los exaltados cruzar la puerta.

«Cuando regresé a casa, las niñas estaban temblando de miedo. Sidra me recriminó el haberme marchado, dejándolas solas y sin protección. Entonces, decidí llevármelas a un lugar más seguro con algún pariente, mientras voy a trabajar», relata el marido de Asia.

Masih se muestra retraído, su mirada se ha vuelto sombría.  «No hay progresos en el caso de mi mujer (…) No sabemos a qué atenernos»,  expresa afligido. 

El Tribunal Superior de Lahore ha dejado en suspenso la petición de perdón de Asia a la espera de que se resuelva el nuevo proceso judicial.  Además, los magistrados han emitido una ordenanza para prohibir enmendar la ley sobre la blasfemia en el Parlamento mientras siga abierto el caso de Bibi. Ahora, la Corte está estudiando una apelación contra su sentencia de muerte, dictada por un juez local y revisará la condena, aunque aún no hay fecha para la primera audiencia. 

Ashik teme que el nuevo proceso se retrase en el tiempo y afecte al estado de ánimo de Bibi y  las niñas. «Mis hijas me preguntan que cuándo saldrá su madre de prisión. Yo les digo que es una decisión del Tribunal. No podemos hacer otra cosa que esperar», manifiesta Masih.

Sidra, la hija mayor, se entristece al oír hablar a su padre. «He rezado tantas veces para que mi madre estuviera de vuelta en casa para la Navidad», suspira la joven con resignación, mientras se queja por la injusticia de «dejar a unas niñas pequeñas sin el amor y cuidado de su madre». Asia no será liberada en Navidad.

El esposo de Bibi  reconoce que Bibi podría estar en peligro en la cárcel: «No hay seguridad bajo ninguna circunstancia».
«Temo por su vida, la han amenazado en prisión», advierte, mientras explica que pidió protección para su esposa al ministro para los Asuntos de las Minorías, Shahzad Bhatti, pero todavía «no hemos recibido ninguna respuesta por parte de las autoridades».

Esas mismas autoridades tampoco han ofrecido ningún tipo de asistencia policial a la familia. «Estamos expuestos al peligro. Nos sentimos desprotegidos en esa vivienda», insiste preocupado. Entonces, Sidra intenta animar a su padre, pero de sus ojos emana un terrible desconsuelo.

«Sé que mis niñas me quieren mucho, pero yo no puedo hacer el papel de su madre. Ellas no tienen la misma confianza conmigo que con Asia. Hay cosas que una hija sólo se las cuenta a una madre»,  admite el padre.

Ashik jamás había pensado en la idea de marcharse de Pakistán. Pero desde que la situación se ha ido complicando, no descarta esa opción. «Somos gente sencilla, trabajadores. Siempre he querido vivir aquí, en mi país, aunque ahora tengo miedo. Temo por la vida de Asia. Pienso en que alguien podría asesinarla al salir de prisión», confiesa Masih.

El esposo de Bibi explica las razones de su preocupación: «Si Asia es liberada podría correr la misma suerte que Rashid y Sajid Emmanuel», asesinados por un desconocido a la salida de los juzgados de Faisalabad, el 19 de julio de 2010.

«La vida ya no será igual.  Nunca más estaremos seguros aquí»,  reflexiona en voz alta, mientras mira con tristeza a sus hijas.  «Pero debo dar gracias a Dios porque mi mujer sigue con vida»,  asiente con serenidad Ashik. 

«Seguiré luchando por Asia tanto como pueda; Se lo he prometido a mis hijas. Pero, a veces,  me vengo a bajo. No soy tan fuerte como puedo parecer», se sincera con La Razón.

Ashik relata lo doloroso que le resulta visitar a Bibi en prisión: «Asia me recibe e intenta contener las lágrimas. Pero cuando hablamos de su situación, de los progresos en el caso, rompe a llorar y me dice: “Ahora, ¿qué pasará conmigo?”». Su esposo le responde: «Dios está contigo. Dios nos ayudará».

Aunque ha pasado más de un mes desde que un juez de distrito, Muhammed Naveed Iqbal, dictó la sentencia a la horca para Asia, Ashik no puede quitarse de la cabeza el día del juicio. «Ni siquiera me dejaron entrar en la sala del tribunal cuando el juez la condenó a muerte», protesta el marido, antes de describir cómo la Policía le cerró el paso cuando subió las escaleras para acompañar a su esposa en el juicio.

«Durante todo este tiempo he esperado justicia, pero no ha servido de nada. Si el Tribunal Superior de Lahore no revoca la decisión, iré al Tribunal Supremo para que la anule.  Y volveré a pedirle al presidente (Asif Ali) Zardari clemencia para mi mujer», asegura Masih, antes de insistir en que «haré todo lo que sea posible para mantenerla con vida».