"La pildora anticonceptiva es un 'coctel de molotov' para el cáncer de seno"

"La pildora anticonceptiva es un 'coctel de molotov' para el cáncer de seno"

Angela Lanfranchi, cirujana oncóloga y cofundadora del Instituto de Prevención del Cáncer de Seno, comparte su pericia sobre esta droga en el congreso en Washington D.C. '50 Años de la Píldora'.

REDACCIÓN HO / LifeSiteNews.com.- ¿Con cuanta frecuencia se prescribe el carcinógeno del grupo uno – aquel reconocido como una causa “definitiva” de cáncer– a pacientes que están saludables en Estados Unidos? La respuesta es: tan a menudo como prescriben la píldora hormonal de control de la natalidad.

Este dato poco conocido sobre la píldora fue presentado por la doctora Angela Lanfranchi, una cirujana oncóloga del seno y cofundadora del Instituto de Prevención del Cáncer de Seno, quien compartió su pericia sobre la droga en el congreso titulado 50 Años de la Píldora,  celebrado el pasado viernes en Washington D.C.

“¿Cuándo estando bien se le da un carcinógeno del grupo uno a una mujer sana?” preguntaba la experta a su audiencia. “No tenemos que tomar un carcinógeno del grupo uno para estar liberadas”.

La doctora Lanfranchi ofreció una gran cantidad de datos estadísticos provenientes de diversas fuentes para servir de apoyo a este hecho, que es conocido dentro de la comunidad médica pero que raramente es reconocido públicamente: el uso de la píldora ha sido fuertemente vinculado con el alto riesgo de cáncer de seno. También se cree que la píldora aumenta el riesgo del cáncer cervical y el cáncer de hígado.

“Estas cosas no son nuevas, no es magia; se encuentra dentro de la literatura médica, vinculando el uso de la píldora a un 660% de riesgo en cáncer de seno no invasivo, desde 1973",  señalaba la doctora. “Las mujeres quieren saber, y las mujeres tienen el derecho de saber, lo que los investigadores han sabido por más de 20 años.”

Lanfranchi comparó el trato dado al riesgo de cáncer por los medios de comunicación a lo sucedido con la terapia de reemplazo hormonal, de la cual se supo, en 2002, que era un carcinógeno. Una vez que se supo, 15 de las 20 millones de mujeres en los Estados Unidos dejaron de tomarla. Ya para 2007, los casos de cáncer de seno invasivo en las mujeres de más de 50 años de edad, debido al estrógeno receptivo de tumor positivo, cayeron en un 11%.

Mientras tanto, manifestó la doctora, el anticonceptivo hormonal –en esencia, la misma droga como la terapia de reemplazo hormonal y con el mismo riesgo de cáncer, cerca de un 25 a un 30%– se sigue siendo promovendo como libre de riesgo, y hasta saludable. Sin embargo, en 2005 la Agencia Internacional de Investigación del Cáncer, una rama de la Organización Mundial de la Salud, clasificó las hormonas anticonceptivas como un carcinógeno del grupo uno, al igual que lo son el asbesto y la radio.

No ocurrió igual con el descubrimiento sobre la terapia de reemplazo hormonal: “yo no recuerdo alguna noticia durante el horario noticioso de las seis de la tarde, en que se diese esta información,” dijo la doctora Lanfranchi.

Aún cuando los libros de medicina apuntan a un 30% de aumento en riesgo de cáncer, la doctora Lanfranchi observa que prevalece una actitud desdeñosa: “Considerando los beneficios de la píldora, este leve aumento de riesgo no es clínicamente significativo”, afirman los defensores de la pildora.

¿No es clínicamente significativo? “¿Para quién?” preguntó la doctora Lanfranchi. Aún cuando el cáncer de seno causado por la píldora, a menudo es detectado a tiempo, los “beneficios” de la píldora siguen esgrimiñendose como una razón para no hablar de sus graves riesgos.

“Esto es a lo que uno se tiene que enfrentar cuando ya está curado. Uno pierde el pelo, pierde el seno,” dijo la doctora, mostrando una fotografía de una de sus propias pacientes de cáncer, Suellen Bennett. "Si a Suellen le hubiesen hablado de los riesgos, dijo la doctora Lanfranchi, “ella bien podría haber sido una de esas mujeres que hubiesen optado por no tomar la píldora.”

La cirujana explicó que el estrógeno adicional que se recibe al tomar la píldora, no solamente causa una multiplicación excesiva del tejido del seno– lo que usualmente ocurre durante el ciclo de la menstruación– sino que además, cuando se metaboliza, puede dañar de modo directo el ADN del tejido del seno.

Debido a que el tejido del seno se mantiene susceptible al cáncer hasta que pase por una transformación estabilizadora durante el proceso de embarazo, explicaba Lanfranchi, la píldora es particularmente peligrosa para las mujeres que todavía no han tenido su primer hijo, siendo éstas las que pertenecen al sector demográfico que más usan la píldora en los Estados Unidos.

Para mostrar cuán grande es la amenaza de la píldora para las jóvenes, la doctora Lanfranchi citó de varias estadísticas. También citó de una meta-análisis en 2006 de la Clínica de Mayo en los Estados Unidos, en que se señaló que el riesgo de cáncer de seno aumenta en un 50% para las mujeres que toman anticonceptivos orales por cuatro años o más antes de un embarazo llevado a término. En 2009, el Centro de Investigación de Cáncer de la Fred Hutchinson, determinó que las mujeres que empiezan a tomar la píldora durante su adolescencia, están cuatro veces más propensas a contraer el cáncer de seno triple negativo. Aún más alarmante son los datos del oncólogo sueco Hakan Olsson, quien concluyó que el uso de la píldora antes de los 20 años de edad, aumenta el riesgo de cáncer de seno en la joven muchacha en más del 1000 por ciento.

“Es como si uno tomara este coctel de molotov de un carcinógeno del grupo uno y se la tirara dentro del seno de la joven muchacha,” dijo la doctora Lanfranchi. “¿Acaso esto no constituye abuso de menores?”

En un mundo en que el 50% de los adolescentes usan la pastilla, la doctora Lanfranchi lamentó que los esfuerzos por combatir píblicamente la profunda dependencia social de la píldora se ha hecho casi imposible, aún cuando, con el mensaje, se salvarían innumerables vidas de mujeres. .

“Es difícil hablar de esto porque supone cambiar la cultura……Yo quiero pensar que hice el bien, que yo ayudé a mis pacientes, que las cosas son mejores por lo que yo hice,” concluía Lanfranchi, quien también encontraba una explicación a la resistencia de muchos médicos a  reconocer los graves riesgos de la píldora: “Tras una carrera de 25 años, se entera que he estado dispensando un carcinógeno del grupo uno durante los últimos 25 años, y entonces es cuando se resiste a aceptar ese hecho.”