Rousseff gana las presidenciales brasileñas con el activo apoyo de Lula
Sin sorpresas: la candidata del PT se impone por 12 puntos sobre Serra tras aparcar su agenda abortista y gracias al carisma de Lula, verdadero dueño de los votos al que brinda su victoria.
REDACCIÓN HO.- La victoria de Dilma Rousseff en Brasil no ha deparado sorpresas. Tras aparcar su decidido apoyo al aborto, que hizo peligrar su victoria en la primera vuelta y con el activo apoyo en campaña de Lula da Silva, la candidata del Partido de los Trabajadores (PT) ha dado la razón a las encuestas y se ha impuesto en la segunda vuelta de las presidenciales celebradas ayer por 12 puntos sobre su contrincante, el socialdemócrata José Serra, al obtener el 56% de los votos sobre el 44% de su contrincante: una diferencia de 11 millones de votos, según los datos oficiales difundidos por el Tribunal Electoral de Brasil con el 99,9% del escrutinio.
Todo gracias al carisma de Lula y su fuerte implicación en la campaña, hasta el punto que los analistas dicen que es el verdadero dueño de los votos. Hasta Dilma, que se convertirá en la primera mujer que accede a la presidencia del país, le dedicó la victoria a su padrino político, el presidente más popular del país que lo ha colocado como octava potencial del mundo, al que brindó su emotiva alocución, asegurando que simpre le pedirá consejo y comprometiéndose a mantener su legado en un discurso pronunciado tras reunirse con él.
La nueva presidenta se ha marcado dos objetivos fundamentales: la erradicación de la pobreza -que ya persiguió Lula con éxito- y el mantenimiento de la estabilidad y crecimiento económicos. "No podemos descansar mientras haya brasileños hambrientos, mientras hay familias que viven en la calle, mientras haya niños pobres abandonados a su destino", ha prometido. También se ha comprometido a garantizar las libertades de prensa y religiosa y a promover la "igualdad entre hombres y mujeres", principios, todos ellos, "esenciales de la democracia". Con lágrimas en los ojos, ha señalado como el primero de sus compromisos, su intención de "honrar a todas las mujeres, para que este hecho inédito de hoy se multiplique" en toda la sociedad. "Quiero que los padres y las madres miren hoy a sus hijas y les digan que una mujer puede ser presidenta de Brasil", ha expresado.
Rousseff empieza su presidencia sabiendo que no deberá distanciarse un solo paso del camino económico marcado por Lula. El próximo 1 de enero se convertirá oficialmente en presidenta, y lo hará con un pan bajo el brazo, ya que hace sólo cinco días el gobierno de Lula anunció el hallazgo del más importante yacimiento de petróleo descubierto hasta el momento, con reservas superiores 8 mil millones de barriles.
Además, gobernará sin sobresaltos parlamentarios y, si bien deberá mantener el crecimiento sostenido para tratar de cumplir su promesa de erradicar la pobreza, deberá también ser un foco frente a la gran exclusión social que aún se mantiene en el país y acortar las cifras de analfabetos absolutos, que ya supera el 10% de la población.
Por su parte, el derrotado candidato del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), José Serra, y al que Rousseff se ha comprometido a "tender la mano", ha pedido a la futura presidenta "que haga el bien" para Brasil. "Estoy muy agradecido a los 46 millones de brasileños y brasileñas que votaron por mí", ha asegurado Serra, quien durante su discurso tras conocer su derrota ha abogado por un "Brasil soberano, democrático, que sea propiedad de su pueblo".
106 millones de brasileños acuden a las urnas
Luiz Inácio Lula da Silva, el presidente más popular de la historia de Brasil, dejó siempre claro que la victoria de su candidata sería una victoria propia. Y lo contrario: que su derrota significaría una bofetada del electorado en su propia cara. José Serra también tuvo siempre presente que ni él, ni su grupo (Partido de la Social Democracia Brasileña, PSDB), luchaban sólo contra la candidata del Partido de los Trabajadores (PT), sino contra el propio Lula. "Mi batalla es una batalla gigantesca", confesó Serra poco antes de acercarse a depositar su voto, en la ciudad de São Paulo.
Finalmente, ha sido una batalla que no ha podido ganar, pese a lograr forzar hace dos semanas una segunda vuelta en la que han participado más de 106 millones de brasileños que han dado a una mujer el puesto de 40º presidente del quinto país más grande del mundo (toda la Unión Europea cabe en la mitad de su territorio).
Lula, que la eligió como candidata presidencial en contra de la opinión de muchos de sus compañeros del PT, ha sido un elemento decisivo en la victoria. Dilma Rousseff, de 62 años, hija de un abogado comunista búlgaro y de una maestra brasileña, antigua militante de un grupo armado durante la dictadura militar brasileña, se ha presentado a estas elecciones -las primeras a las que concurría en toda su vida- con una intachable hoja de gestora económica, seria y eficiente, y ha prometido, sobre todo, esa continuidad con respecto a la etapa de Lula. Rousseff necesitará, sin embargo, asentar su fuerza y poder en la presidencia, con un gobierno propio y su propia forma de trabajar, que es, sin duda, mucho más adusta que la de su predecesor. El futuro de Lula, que se ha empleado en esta campaña con todas sus energías y ha demostrado que mantiene intactas su fuerza y su capacidad de convicción, es una de las grandes incógnitas de esta nueva etapa.
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CFuencisla Lun, 01/11/2010 - 09:40h
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