La Fiscalía del Menor acusa a una guipuzcoana por educar a sus hijos en casa

La Fiscalía del Menor acusa a una guipuzcoana por educar a sus hijos en casa

Le acusan de delito contra una menor y la amenazan con denunciarla por desacato. ¿El delito? Educar a sus hijos en casa. Ketty Sánchez, como ya informamos en HO, está dispuesta a todo, porque espera que su caso precipite una regulación de la educación doméstica en España. El semanario ALBA recoge este tema: casos similares ya se han ganado al demostrar la ausencia de abandono educativo de los menores.

ALBA, Luis Losada Pescador.- El pasado lunes 22, la guipuzcoana Enriqueta (Ketty) Sánchez Montero recibió en su domicilio de Irún una cédula de la Fiscalía de San Sebastián citándola para el próximo miércoles 31 a las 10,30. Ketty y su marido, Michael Aaron Branson, están imputados como responsables de un delito "relacionado con una menor", según reza en la cédula de citación  que advierte también que su incomparecencia podría devenir en "detención".

El pasado mes de julio, La Fiscalía del Menor ya había instado a Ketty a escolarizar a sus hijos después de tres desafiantes cartas de la inspección educativa del País Vasco. Ella contestó que seguiría educando a sus hijos en casa. Así que tal y como les advirtió la inspección vasca de Educación, acaban de recibir la citación como imputados de delito. "Nos tratan como unos delincuentes cualquiera por educar a nuestros hijos en casa", denuncia Ketty a ALBA. La inspección educativa también les advirtió que podrían recibir una denuncia por desacato "conforme a lo descrito en el artículo 556 del Código Penal.

Padres comprometidos

Por supuesto, Ketty no se ha quedado de brazos cruzados. La asesora jurídica del Defensor del Pueblo vasco, Jaione Aguirre, considera que el trato recibido por Ketty ha sido excesivo. Esta madre coraje sabe que corre riesgos, pero ella y su marido Michael han decidido afrontarlos. Incluso piensan apelar a Naciones Unidas. "De otra manera no se terminará de regular la educación doméstica en España nunca", señala Ketty. Así que está dispuesta a pasar un calvario judicial por defender lo que considera mejor para sus hijos. "Lo he hablado con mi marido y vamos a ir hasta el final; vale la pena luchar por tus hijos; ya es hora de que alguien salga del armario; cada día estoy más convencida", apunta.

No ha tenido muchas salidas. Pidió inscribir a sus hijos en el sistema de educación a distancia, pero su petición fue denegada. Alegan que el sistema está pensado para padres itinerantes, niños enfermos o hijos de diplomáticos. Sus hijos ?alegan en la consejería- no se encuentran en ninguna "circunstancia especial".

Así que la inspección de Educación no tardó ni 24 horas en enviar una primera carta censurando el abstentismo de sus hijos. Eso fue en enero pasado. Desde entonces ha habido dos más. "Me amenazaron con enviarme a servicios sociales y yo me adelanté y fui a la que entonces era concejal de Bienestar Social de Irún, Juana Bengoechea". La operación de la inspección salió mal, porque aunque finalmente Bengoechea señaló que no era competente en su caso, defendió la educación que esta ?madre coraje? estaba dando a sus hijos y desde luego negó que estuvieran educativamente desasistidos.

Hay más casos

No ha sido el único caso de persecución a los homeschoolers en el País Vasco. Hace 2 años finalizó un calvario judicial de 4 años por un caso similar en Vitoria. Finalmente, la familia ?educadora en casa? terminó ganando porque pudo demostrar que su hijo no estaba desatendidos en sus necesidades educativas. Y desde luego Ketty no tendrá problemas en este sentido. Ella y su marido regentan una academia de idiomas. Allí reciben clases de inglés, francés, euskera y alemán. Además, les ha apuntado al conservatorio de música Irún y a una academia de arte. "Soy muy metódica, los niños tienen su horario y entre su padre y yo les enseñamos las asignaturas básicas: lengua, historia, matemáticas, etcétera". Todo ello según el currículo que marca el ministerio y la consejería de Educación y con los manuales convencionales.

El viernes es día de excursiones. Ketty se lleva a sus cuatro hijos a visitar exposiciones, iglesias, galerías de arte "o a la playa a examinar las conchas; cualquier cosa es motivo de aprender". Muchas tardes las pasan en la biblioteca, investigando y leyendo. "Luego en casa complementan su investigación por internet", añade. Y por si fuera poco, los niños están 'matriculados' en una escuela norteamericana que permite la educación a distancia y que revisa la evolución de los chavales. "Estoy muy tranquila con lo que estoy haciendo con mis hijos; estoy segura que es lo mejor para ellos".

Una decisión meditada

La decisión de Ketty no ha sido nada precipitada. "Lo llevaba pensando años, pero nunca me había decidido; además, cuando lo he preguntado en el colegio y en la consejería siempre se han negado". Así que el miedo y la rutina hicieron que la decisión fuera permanentemente pospuesta. Pero el pasado curso, Ketty tenía que llevar a dos hijos a un colegio y a otros dos a otro. Pidió reunificación y a pesar de ser familia numerosa, no se lo dieron. "No podía llevarlos a la vez a las 9 de la mañana y recogerlos a la vez", apunta. Así que las razones logísticas impulsaron el pasado enero a Ketty a tomar una decisión: ?desmatricular? a dos de ellos. "La experiencia ha sido tan positiva que este año he sacado a los otros dos". Y no es extraño porque los dos hijos matriculados miraban con envidia a los que se quedaba en casa con los padres. Ahora les pregunta si quieren regresar al colegio. "Ni hablar" es la unánime respuesta.

Pero además de las razones pedagógicas, también existen motivos religiosos. "No existe en Irún ningún colegio que eduque conforme a mis convicciones". Ketty y su marido son cristianos evangélicos. Así que en proceso formativo de la familia, se incluye el estudio de la Biblia. El resultado ha sido espectacular. "El mayor es muy inteligente y antes se aburría en clase; ahora le he puesto a investigar sobre dinosaurios y ha estado tres meses leyendo sobre el tema", señala con orgullo.

 

La educación doméstica mejora la socialización

"No es verdad que los niños educados en casa no estén socializados", señala Ketty a ALBA. Su experiencia ha sido más bien la contraria. "Mi hija nunca encajaba en el colegio; no hablaba con todo el mundo sino sólo con algunas compañeras; la profesora me dijo la última vez que hablé con ella que tenia problemas de comunicación, que no hablaba con los profesores".

La escolarización en casa ha sido mano de santo. La hija de Ketty es ahora más abierta. No es que sea una charlatana ahora, pero sí que se comunica más que antes. "La gente me dice, ¿cómo ha cambiado tu hija?". La experiencia de Ketty es que sus hijos hablan más ahora con todo el mundo y se relacionan mejor. Además, los sábados los lleva a un club de niños y el domingo a la escuela dominical de su iglesia. "No están para nada encerrados en su pequeño mundo", concluye.