Los electores castigan las veleidades identitarias del PP en Cataluña
La campaña de aproximación al nacionalismo “moderado” y el esfuerzo por atraer al electorado de CiU le quitan al PP la mitad de sus votos en la región.
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REDACCIÓN HO.- El nacionalismo activo y militante del PSOE y la pasiva y vergonzante complicidad del PP en Cataluña salen malparados en las encuestas de intención de voto.
Ni los esfuerzos de Montilla por aparecer al frente de la algarada etnicista, ni los coqueteos de Alicia Sánchez Camacho con lo que el PP considera “nacionalismo moderado”, han evitado la caída electoral del primero y el paupérrimo estancamiento de la segunda.
Los ciudadanos dan la espalda a la pulsión identitaria
El barómetro de verano del Centro de Estudios de Opinión señala que las preocupaciones de los ciudadanos que viven en las cuatro provincias catalanas distan mucho de ser las que mueven las políticas de los partidos que supuestamente les representan.
Para el 63 por ciento de los electores, el paro es su principal problema. En segundo lugar, y a una distancia más que considerable, se sitúa la economía (33,7%).
El descontento con los partidos políticos es la tercera preocupación de la ciudadanía en Cataluña:
- El 76 por ciento considera que los políticos no tienen en cuenta lo que piensan los ciudadanos.
- Un 3,6 por ciento cree que los políticos "sólo buscan su propio beneficio".
- El 53,2 por ciento afirma que los ciudadanos no pueden influir en las actuaciones de sus representantes.
Tan solo un 8,2 de los ciudadanos considera como una preocupación propia los asuntos identitarios, la relación de la región con el conjunto de España, etc.
Frente a estas preocupaciones, la respuesta de los socialistas ha sido más nacionalismo y la de los populares, más contemporización. El Partido Socialista se ha convertido en Cataluña en una fuerza nacionalista más, aunque sin excesivas urgencias secesionistas. Y el Partido Popular, por la vía de la aceptación del statu quo, del régimen identitario imperante, ha optado por asimilar los códigos culturales y la jerga del nacionalismo, colocándose la barretina como ha podido y sacando a pasear la lengua obligatoria a la mínima oportunidad.
Sánchez-Camacho ha ensayado todo tipo de guiños y ha lanzado innumerables signos de complicidad con los sectores supuestamente moderados del nacionalismo y Mariano Rajoy ha pasado el último año comiendo y cenando con nacionalistas políticos, empresariales, mediáticos y culturales.
Retroceso electoral
El resultado de esta rendición política, cultural e ideológica frente al nacionalismo es que el Partido Socialista experimenta el mayor retroceso electoral de su historia en la región y el Partido Popular pierde el 50 por ciento de sus electores.
En las autonómicas de 2006, el PP obtuvo el 6 por ciento de los votos. La política de aproximación (y contagio) al nacionalismo de Mariano Rajoy y de Alicia Sánchez-Camacho ha hecho retroceder el voto popular en medio punto, según el barómetro de verano del CEO, pasando del 4,3 al 3,8 por ciento. Con casi la mitad de sus ya escasos electores perdidos, el PP tampoco ha logrado cuajar su expectativa de pactos con CiU.
Los convergentes saben ya, a través de sus propios sondeos y del oficial del CEO, que probablemente no necesitarán apoyos para gobernar en la Generalidad. En los pocos meses que restan hasta la cita electoral de octubre, la mínima distancia en votos que les separa hoy de la mayoría absoluta habrá pasado a la historia. Y en el caso de que precisaran de algún apoyo adicional en el parlamento regional, los brazos del PSOE seguirán abiertos a un acuerdo general en España que, a pesar de las traiciones de Zapatero y de los recelos derivados de ella, resulta más creíble que un eventual acuerdo con el PP, incluso aunque Rajoy gane las elecciones generales.
Además CiU ya sabe lo que es sostener al PSOE en el Congreso. Durán i Lleida lleva cuatro años convertido en columna imperturbable de los socialistas.
De este modo, el PP vuelve a quedar lejos de las cifras obtenidas en el único momento de su historia en que decidió plantar cara al nacionalismo. Vidal-Quadras demostró que la única posibilidad electoral de los populares en Cataluña es la defensa de la identidad nacional frente al saqueo particularista, un camino libre de impedimentos y no ocupado por nadie, tras el fiasco de Ciudadanos.
Pero en el PP siguen sin entender lo que sucede en Cataluña.
M. Vidal Dom, 01/08/2010 - 10:17h
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