“La fecundación es un hecho biológico no discutible desde la metafísica, la ética o religión”

El doctor Pérez-Requejo sintetiza las razones científicas que avalan la existencia de la vida desde el mismo momento de la concepción.

REDACCIÓN HO.- Para José Luis Pérez-Requejo, miembro del Observatorio de Bioética de la Universidad Católica de Valencia, “la carga genética definida desde la fecundación serápor siempre única, irrepetible e insustituible, sin que los momentos sucesivos de su maduración le añadan nada significativo”.

El doctor Pérez-Requejo es autor una síntesis breve y eficaz sobre las razones científicas que avalan la existencia de la vida desde el momento de la concepción, en la que defiende el papel de la ciencia como único instrumento que permite establecer el nacimiento de la existencia:

“La fecundación no es un hecho a discutir desde la metafísica, la ética, la filosofía o el mundo de las creencias, religiosas o no. Es un hecho biológico puntual e incuestionable.”

El trabajo de José Luis Pérez-Requejo, del que se extractan aquí los puntos esenciales, puede leerse completo en el número 346 de Provida Press (se puede descargar aquí):

“Con la fecundación se inician una serie de procesos intracelulares muy bien conocidos como la alineación de cromosomas y otros eventos tanto nucleares como citoplásmicos, acompañados de un intenso y complicado dialogo bioquímica con la madre, que no serian posibles en una célula que no estuviera viva.

Cuando en una célula ocurren estas cosas, es suficiente prueba de su vitalidad y, además, de una vitalidad que va creciendo y desarrollándose a formas mas maduras de esa vida que seguirá sin interrupciones fundamentales, hasta la muerte de ese ser humano único e irrepetible.

Ese nuevo individuo vivo de la especie humana en su etapa unicelular, seguirá desarrollándose a formas multicelulares más maduras, mientras viaja a su sitio uterino de implantación, en donde seguirásu ciclo vital sin saltos cualitativos, evolución que solo se interrumpirá con su muerte provocada o natural.

La fecundación no es un hecho a discutir desde la metafísica, la ética, la filosofía o el mundo de las creencias, religiosas o no. Es un hecho biológico puntual e incuestionable, sin que alguna evidencia científica o racional, pueda negar que desde ese momento exista una vida humana distinta de las demás, con todos sus derechos como persona humana, entre ellos, el primer derecho del que dependen todos los demás, el derecho a la vida.

La carga genética ya completa y definida desde la fecundación, que rige y coordina toda su individualidad biológica, se enriquecerápor fenómenos e influencias epigenética, anteriores y posteriores a la implantación uterina, que seguirán durante la gestación y hasta al nacimiento, y que modularan su comportamiento ulterior, pero su genoma serápor siempre único, irrepetible e insustituible en la especie humana, sin que todos esos momentos sucesivos de su maduración, le añadan nada significativo a la dotación genética que tenia en su etapa inicial de ser humano unicelular.

El ilustre científico y genetista francés Jerôme Lejeune impulsó en 1973 la Declaración de los Médicos de Francia contra la legalización del aborto, defendiendo el respeto a la

vida humana desde el momento de la concepción, muy motivado por su descubrimiento en 1959 de que la trisomía 21 (Síndrome de Down) se originaba en el momento de la concepción, cuando se redistribuyen los cromosomas maternos y paternos, y se forma un ser humano, en este caso, enfermo desde su concepción.

Con la fecundación surge súbitamente un nuevo proyecto individual que no se extinguirá hasta la muerte. Algunos dicen que sería difícil determinar el momento de inicio de una nueva vida, arguyendo que cuando una persona se muere, algunos procesos vitales permanecen algún tiempo, aunque sea corto, a nivel celular, y por lo tanto podría pasar lo mismo con el principio de la vida.

Creo que no se pueden comparar las dos circunstancias. En el momento inmediatamente anterior a la fecundación, no hay sino células identificables aisladas, pero desde que el espermatozoide entra en el óvulo, desde ese preciso instante, lo que era ‘algo’ se convierte en ‘alguien’. Sería como accionar un interruptor: donde había obscuridad, súbitamente hay luz.”

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