España, el suicidio demográfico

España, el suicidio demográfico

“El problema demográfico de España, a medio y largo plazo, es bastante más grave que la crisis económica que padecemos.”

REDACCIÓN HO.- Jim Rogers es respetado como analista porque primero fue cocinero: su fondo Quantum, que fundó junto a George Soros, ofreció a sus participantes rentabilidades del 4.200 por ciento durante diez años seguidos. Tras semejante éxito, cada vez que Rogers abre la boca, los inversores de todo el mundo prestan atención y luego toman decisiones.

Este peculiar y excéntrico inversionista internacional, autor de libros como Investment Biker o Adventure Capitalist, escribe un curioso blog, particularmente feo, y sostiene que el euro desaparecerá antes de que termine esta década. Rogers alardea de que nunca se ha fiado de los políticos y no se cansa de anunciar que la crisis va a durar mucho más de lo que nos tememos.

Alejandro Macarrón Larumbe recoge para la Fundación Burke las declaraciones de Rogers sobre el que considera principal problema de nuestro país, su crisis demográfica. El inversionista norteamericano advierte que ya no habrá españoles el siglo que viene:

“El principal problema de Europa en el siglo XXI es probablemente el demográfico. El problema de la divisa común o de la deuda gigantesca son grandes problemas, pero el demográfico es el más importante. Si tienes una buena demografía puedes superar la deuda.

No habrá italianos en cien años, no habrá españoles en cien años. ¿Hacéis algo para solucionar vuestro problema demográfico? Ésta es una de las razones de que el euro esté en apuros, o de que tengáis problemas con la deuda soberana.

Tenéis una población que envejece rápidamente. Hicisteis grandes promesas a toda esta gente mayor y ahora no tenéis el dinero para mantener a la tercera edad. Por encima de todo vuestro peor problema en el siglo XXI es el demográfico”.

En un artículo titulado 2009: nueva dosis de suicidio demográfico, Macarrón Larumbe analiza los últimos datos oficiales sobre población en España para coincidir con Rogers: caemos en picado y confiar en la supuesta tasa de reposición demográfica que representarían los inmigrantes es engañarnos, porque la realidad demuestra que, una vez instalados en España, imitan nuestras costumbres también en este terreno:

“Según acaba de publicar el INE, en 2009, año de la gran crisis, el número de nacimientos cayó un 5% en España, desde los 518.503 de 2008. Es un dato pésimo.

Aunque ya llevamos más de 30 años con un fuerte déficit de natalidad -muy por debajo de los 2,1 hijos por mujer necesarios para asegurar el relevo generacional-, desde que a finales de los 90 empezaron a llegar inmigrantes en masa, la tasa de fecundidad nacional había repuntado algo, sobre todo por los extranjeros recién llegados.

Y muchos españoles, ignorando el erial económico, social y afectivo que se cierne sobre España por nuestra infertilidad colectiva, se apuntaban a la tranquilizante falacia de que no pasa nada si nosotros no tenemos hijos, pues ya los tendrán los inmigrantes por nosotros. Craso error.

Cuando los extranjeros se acostumbran a nuestro modo de vida, tienden a imitarnos en infecundidad. Y en 2009, con la crisis, su tasa de hijos por mujer ha disminuido casi un 7%.

Es más, si nuestra economía cae en una atonía estructural por falta de demanda interna porque la población envejece y decrece, un peligro muy real, apenas vendrán inmigrantes, como pasa en la envejecida y estancada Alemania, que pierde población nativa desde hace más de una década, y que en los últimos años tiene flujo migratorio negativo (probablemente también sea éste el caso de España desde hace un año, por la crisis).

Y si pretendemos paliar nuestra falta de natalidad sustituyendo de forma masiva población española/cristiana por islámica –como está empezando a ocurrir en Cataluña o Murcia, entre otras regiones, donde más de un 10% de los bebés tienen madre musulmana-, de lograrlo, nos meteríamos en un avispero.

A ver cuándo se dan cuenta, tanto nuestras clases dirigentes como el pueblo llano, de que el problema demográfico de España, a medio y largo plazo, es bastante más grave que la crisis económica que padecemos. Y que la inmigración es sólo un remedio parcial a nuestra anemia demográfica, mejor que nada pero insuficiente, y trufado de inconvenientes y riesgos.

Una España estéril, además de triste por envejecida y escasa de parientes cercanos (hijos, nietos, hermanos, tíos…), está condenada a una economía débil por falta de jóvenes y de demanda, por soportar una carga cada vez más onerosa de pensiones, sanidad  y cuidado de ancianos, y por la depreciación de sus activos y propiedades –como las casas, principal fuente de patrimonio de los españoles- como consecuencia de lo anterior. Y más aún si la población decrece, como en Alemania, donde la demanda interna languidece y las viviendas llevan más de diez años sin revalorizarse.

Con nuestras actuales tasas de natalidad, cada generación de españoles será un 30% - 40% menos numerosa que la anterior. Ya estamos en ello.

En 2010 hay un 15% menos de españoles de origen con edades entre 25 y 35 años que hace sólo una década, y de aquí a 2020, cada año habrá en media un 3% menos que el anterior, un dato terrible para nuestra economía.

O España y Europa toman de una vez conciencia de este gravísimo problema, cuya única solución verdadera es que nuestra natalidad repunte de forma sustancial, o si no, ¡pobres de nosotros!

No hay vuelta de hoja. El aviso de Jim Rogers va a misa. Y el annus horribilis 2009 ha sido nefasto, también, en lo demográfico.”