Los abortistas quieren más

Los abortistas quieren más

El primer objetivo fue el aborto libre financiado por la administración; después, el aborto de menores sin permiso de sus padres. Ahora quieren más fondos. El autor de toda esta presión es Santiago Barambio, presidente de la patronal de centros de aborto.

ALBA. LUIS LOSADA PESCADOR.- Son insaciables. Siempre quieren más. La Ley Aído propició el aborto sin causa hasta la semana 14. El 90% de los casos, según reconoce el propio Barambio; el 92% según las estadísticas de Sanidad. Es verdad que la patronal de centro de aborto ACAI que preside Barambio había reclamado el aborto libre hasta la semana 26. Pero era una estrategia de máximos. Ni siquiera Holanda permite ni practica abortos tan tardíos. Además, la Ley Aído permite el aborto hasta la semana 22 en los casos de peligro para la salud física y psíquica de la madre. Y Barambio considera que las circunstancias económicas adversas atentan contra la salud entendida como la ONU: el pleno sentimiento de bienestar. Bajo esta premisa, las “situaciones marginales” o la “recriminación del entorno” pueden ser justificantes del aborto bajo el supuesto del peligro de la salud física o psíquica. Así lo ha llegado a explicar Barambio en La Vanguardia.

El presidente de ACAI  asegura también que en sus centros se realizan análisis psicológicos incluso en casos en que la ley vigente no lo prescribe. Pues bien, varios testimonios señalan a ALBA que el examen psicológico es de apenas 2 minutos. “Un trámite”, como diría su amigo Carlos Morín.

Además, Barambio defiende que la educación sexual comience en las escuelas. Lo ha logrado. La Ley Aído incluye “un contenido potente” -en expresión del portavoz oficial del ministerio de Igualdad- en materia de educación sexual y reproductiva.

El siguiente paso es lograr arañar más fondos públicos para la práctica del aborto. Argumenta en 'Público' que en caso de no darse apoyo social a la mujer que se somete a un aborto provocado, hay riesgo elevado de que caiga en el llamado 'síndrome post-aborto'. Sin embargo, hace unos años defendió que el síndrome post-aborto era insignificante según un estudio realizado -'casualmente'- a 600 mujeres que habían abortado en su empresa, Tutor Médica.

No es la única incoherencia de un licenciado en medicina que considera que un bebé comienza a serlo cuando lo dice el Código Civil: 24 horas después del parto. ¿Y qué dice la ciencia, qué explica la Medicina? Barambio -ese médico revestido de toga en lugar de bata blanca- justifica la negativa de los médicos a practicar abortos en que como no está normalizado “resta proyección profesional”. Esto parece ser lo único que interesa a un patrono de un negocio que anualmente mueve cerca de 50 millones de euros con opacidad. ¿Por qué no individualizan en las estadísticas los abortos realizados en cada centro?, se pregunta el senador Luis Peral. La respuesta la ofrece otro abortista, Roberto Lertxundi: “Lo que se comunica a Sanidad, se comunica a Hacienda”.

Barambio se justifica en que la información que los centros remiten a las consejerías tiene “finalidad estadística, no política”. El empresario añade que no está regulado “porque somos un colectivo demasiado modesto para que el gobierno legisle sobre nosotros”. ¿Quizás por eso la reforma de la Ley del Aborto se lanza tras la reunión mantenida entre ACAI con miembros del Gobierno? ¿Por eso el Gobierno llamó a Barambio para que compareciera en la Comisión de Expertos convocados por el ministerio de Igualdad? ¿A lo mejor por su “insignificancia” el ministerio de Interior se interesó por su “huelga”, según reconoció él mismo?

La última ha sido el anuncio del Gobierno del decreto para regular el aborto de las menores tras la denuncia de ACAI de la indefinición jurídica de la Ley Aído. Los empresarios de abortos no quieren más contingencias. El propio Barambio dice sentirse agredido, “intimidado” por las concentraciones de los provida frente a los centros de aborto. Incluso afirma no descartar acabar como George Tiller, el médico abortista asesinado en Kansas. El verdugo haciéndose la víctima.