Los laogais: campos de muerte y depuración en la China comunista

Los laogais: campos de muerte y depuración en la China comunista

Al inicio del tercer milenio creíamos erradicados campos de concentración como los gulags soviéticos y los lagers nazis. Pero persisten. Son los laogais chinos. Sorprende que ante el bombo dado a casos como el de los presos de Estados Unidos en Guantánamo ni en los medios de comunicación, cuyo poder ha dado a rebautizar estos tiempos como ?la sociedad de la información?, ni en la ONU como garante internacional de los derechos humanos, ni muchas de las numerosas ONGs que hacen de la denuncia de las violaciones de estos derechos su cometido vital, nadie haya alzado su voz de protesta.

REDACCIÓN HO, ZENIT.ORG.- Ha tenido que crearse una organización específica para denunciarlo. La Laogai Research Foundation, fundación sin ánimo de lucro, viene documentando desde 1992 los crímenes y violaciones de los derechos humanos cometidos en estos campos de trabajo chinos.

Cincuenta millones de presos

Según la Fundación, el laogai es un sistema de campos de concentración, introducido por Mao Zedong con el objetivo de utilizar a los prisioneros como esclavos. Se calcula que desde su constitución estos campos han acogido al menos a cincuenta millones de personas, y que no existe un chino que no conozca al menos a una persona que ha sido internada en los mismos.

La Fundación, que ha denunciado también las ejecuciones públicas para extraer los órganos de los prisioneros ajusticiados, las persecuciones por motivos religiosos y la aplicación coactiva de la política reproductiva en China (la ley del hijo único), ha recogido una amplia y sólida documentación para demostrar que en los laogais se comete la mayor parte de las graves violaciones de los derechos humanos de China.

Depuración en China: una experiencia personal

El director de la Fundación de Investigación Laogai es Harry Wu, que pasó 19 años en los laogais con la acusación de haber criticado la invasión de Hungría por parte de los soviéticos: ?Estudiaba geología en la Universidad de Shangai. Quería profundizar mi formación y no participar en la actividades de adoctrinamiento de la Liga Juvenil Comunista. Me permití criticar, hablando con amigos estudiantes, la invasión de Hungría por la Unión Soviética. Siendo también católico y de origen alto-burgués, fui considerado como un contrarrevolucionario de derechas. Este fue el delito oficial por el que fui condenado a 19 años de laogai?, narra Wu en una entrevista a la agencia Zenit. ?Ser creyente era y es un crimen en China, excepto si se participa en la Iglesia Patriótica oficial controlada por el partido?. añade. Todos sus parientes y amigos fueron obligados a denunciarlo como contrarrevolucionario. Su madre se negó y se suicidó.

En su libro Bitter Winds (Vientos amargos), Wo explica cómo pasó su vida en los laogais: ?relaté que gracias a mi testarudez, a la fuerza interior y a la oración no cedí a la desesperación. Vi cómo se suicidaban muchos amigos, cómo morían de hambre o eran asesinados. Sufrí la tortura y el aislamiento forzado, en muchas ocasiones me privaron también del alimento. Y todo esto por un reato de opinión, porque juzgué injusta la invasión soviética de Hungría?.

El 28 de octubre próximo, Harry Wu participará en Milán en el Congreso Ziyou (Libertad), organizado por los Comités para la Libertad. En esta ocasión presentará la edición italiana de su libro Laogais. Los gulags de Mao Zedong: ?el libro es una traducción de mi primer libro publicado en 1992 en Estados Unidos Laogai ?explica el activista-. El gulag chino, que llevó a la atención del mundo esta trágica realidad. Un horror que existe todavía".

"El objetivo es el de hacer saber al mundo lo que sucedía y lo que sucede hoy en los laogais -añade Wo-. Repito a menudo que el día en que la palabra laogai aparezca en los diccionarios, como es el caso de los términos lager y gulag, podré morir en paz. He logrado algún resultado. El Diccionario Oxford y el Duden Woerterbuch han añadido la palabra laogai. Estoy tratando de hacer lo mismo con otros diccionarios".

Ejecuciones en masa y tráfico de órganos

Wo considera la situación de los derechos humanos en China ?sencillamente trágica?: En los laogais sufre un número indefinido de millones de hombres, mujeres y niños obligados a trabajar en condiciones inhumanas, con el único objetivo de ofrecer beneficios al gobierno chino y a las numerosas multinacionales?.

?Pero no acaba ahí ?afirma-. Hay ejecuciones en masa con la consecuente venta de órganos humanos. Se ha difundido la explotación de niños obligados a trabajos forzados. Las diversas Iglesias y comunidades de creyentes sufren amenazas y represalias. Los abortos y las esterilizaciones forzadas se practican ampliamente. Existe un difundido abuso de la psiquiatría como instrumento de opresión política?.
?¡Son graves violaciones de los derechos humanos que constituyen la realidad de la China actual! ?concluye Wo-. Realidades ignoradas por los medios de comunicación del mundo libre que no quieren causar molestias al comercio internacional?.