“Quien no deja vivir a los españolitos que están por venir a este mundo, no tiene sitio en mi casa”

“Quien no deja vivir a los españolitos que están por venir a este mundo, no tiene sitio en mi casa”

Tras el gesto de devolver la foto dedicada del Rey se encuentra Belén López, una mujer que no está dispuesta a renunciar a la defensa de sus convicciones.

REDACCIÓN HO.- Belén López se ha hecho muy popular en las últimas semanas por causa de sus convicciones. Hace algunos años, como miembro de una tripulación de la compañía Iberia, acompañó a los Reyes en su primer vuelo a Roma. Entonces Don Juan Carlos le dedicó una foto. Ahora, tras ver al Rey sancionando con su firma la ley del aborto, Belén  ha devuelto aquella fotografía porque, según explica, "mi hogar no puede estar presidido por la foto de un monarca, supuestamente católico" que avala el aborto.

Belén López, miembro de HazteOir.org, no sabía que su carta iba a ser leída por tantas personas, ni que su nombre y su imagen se repetirían profusamente en la red. Tampoco que su gesto se iba a convertir en un símbolo de coherencia y en un gesto aplaudido por millones de personas que, como ella, no entienden la “coherencia” de algunos de nuestros políticos.

¿Qué imagen tenías del Rey antes de la ley del aborto?

Campechana, amable y cercana.

¿Qué recuerdas del viaje en el que el Rey te dedicó la foto?

Absolutamente todo. Fue una experiencia única e inolvidable. Siempre estaré agradecida a la Jefatura de Flota de Iberia que se acordó de mí para formar parte la tripulación real.

Empezó con la grata sorpresa de oír que, al llegar al avión, el Rey se dirigió a mí por mi nombre. Se sabía el nombre de todos nosotros; un bonito detalle. Me gastó algunas bromas muy simpáticas y yo me quería morir, porque no sabía como responder.

Salió al quite de mi embarazosa situación una persona entrañable, a la que siempre recordaré con gran afecto y ternura, Don Sabino Fernández Campo; todo un caballero, un Señor con mayúsculas.

Tuvimos una agradable y gratificante charla, a lo largo del vuelo, que guardo en mi memoria con un sello imborrable; quizás, fue lo mejor de todo. Contrastaba con el envaramiento del entonces ministro de Exteriores, Don Marcelino Oreja.

La Reina también se mostraba más seria y distante; muy amable, pero seria. Creo que debió querer matarme, y con razón, cuando le tomé un precioso e impecable abrigo blanco que llevaba, y yo, en lugar de colgarlo en el armario habilitado especialmente para ello, entre los nervios del momento y la rutina habitual de mi trabajo, lo doblé cuidadosamente y lo puse en el portaequipajes. Entonces, creí notar sus ojos clavados en mi nuca, porque me volví y la encontré mirándome con una dulce y elocuente sonrisa. Inmediatamente traduje: ¡te quiero matar! Le pedí disculpas, y fue muy amable.

Más tarde, cuando llegamos a la recepción que ofrecían SS.MM. en la Embajada de España, en Roma, el Rey nos recibió a la tripulación con una alegría efusiva, elogiando lo guapos que nos habíamos puesto toda la tripulación para la ocasión. Imaginad lo orgullosos que nos sentimos.

Estaba allí, también invitado, el poeta Rafael Alberti, quien se sentía exultante de satisfacción. Nuestros Reyes estuvieron muy atentos y cariñosos con él. Don Rafael Alberti regresó con nosotros a España, en aquel vuelo, desde su exilio italiano.

Me viene a la memoria una anécdota que aún me hace reír al recordarla: ya en el avión, a punto de despegar de Roma, y cuando ya creíamos que no quedaba nadie de protocolo a bordo, me dice el Rey: mira Belén, ¿qué te parecen estas corbatas de seda que me he comprado? Yo le contesté que los italianos tienen un gusto exquisito. Entonces, él se  me acerca un poco y me susurra, pícaramente: pero nuestro vino es mejor, je,je,je.

El Rey no se percató que detrás de él aún había un alto cargo de la diplomacia italiana, esperando para despedirse y, o no oyó el comentario, o no se dio por enterado, pero yo no sabía donde meterme.

Al despedirnos en Madrid, sentí tener que guardar el protocolo y no poder dar un abrazo a Don Sabino Fernández Campo.

Pocos días más tarde, recibí en mi casa, una magnífica foto de SS.MM. dedicada, que me hizo soltar alguna lágrima de alegría. La misma que con tanta pena le devolví hace unos días.

Durante estos años, ¿cuál ha sido tu opinión con respecto al Rey?

Lo he visto, como digo en mi carta, como un punto de reconciliación muy necesario para afianzar esa España democrática que parece que no acabamos de conseguir. ¡A estas alturas!

Ha hecho una estupenda labor de cara al exterior. España ha ganado puntos en el extranjero gracias a su buena imagen y buen hacer. En mi opinión, ha sido una valiosa tarjeta de presentación de nuestro país.

Ha venido cumpliendo, con mayor o menor acierto, su función de equilibrio en esta España tan fácilmente divisible, como estamos viendo. Ha sabido generar simpatías incluso entre los no monárquicos, pero que se han declarado “juancarlistas”, lo cual es un logro por su parte. Sin embargo, creo que en los últimos años ha menospreciado el afecto de muchos y sobrevalorado la tolerancia de algunos.

El Rey habría consolidado el cariño y el respeto de tantísimos españoles si, en situaciones tan convulsas como las provocadas por el gobierno actual, hubiera sabido sacar esa campechana  habilidad que le ha caracterizado en otras ocasiones -recientemente, con respecto a la fiesta nacional-  y se hubiera erigido en ese faro de luz que ayuda a que este barco zozobrante, en el que hoy navega España, llegue a buen puerto, y no que sea el primero en coger el bote salvavidas, y ahí os apañéis, como ha hecho sancionando la Ley del Aborto. Así, calladito, sin hacer ningún ruido.

¿Cómo tomaste la decisión de devolverle la fotografía dedicada? 

Ha sido una suma de gestos raros que he venido observando, sobre todo, desde que salió, y de la forma que salió, de la Casa Real Don Sabino Fernández Campo. Pero definitivamente lo decidí volviendo a mi casa, después de estar en la manifestación pro vida del pasado día 7 de marzo. Me sobrepasó la indignación. .

Yo no me puedo lucir con orgullo la foto de un Rey de España que se deja ningunear, con excesiva frecuencia, por un gobierno de tan bajo perfil, como es el de Zapatero.

Quien no deja vivir a los indefensos españolitos que están por venir a este mundo, no tiene sitio en mi casa.

Desgraciadamente, se pone de actualidad aquello de “españolito que vienes al mundo, te guarde Dios, que una de las dos Españas ha de helarte el corazón”; sólo falta añadir: ... pero, ahora, antes de nacer.

El Rey ha desoído el clamor de millones de españoles que hemos gritado en las calles por la vida; de miles que le hemos pedido con nuestra firma que no sancionara esta ley, para, así, poner algo de cordura a esta sinrazón. Pues no, ha dado la impresión de padecer la misma sordera que Zapatero y sus ministras abortistas, paradójicamente, tres ministras que no han tenido hijos y que, seguramente, no han sentido nunca el latir de una vida nueva en su interior. De otra forma, dudo mucho de que hubieran creado esta ley.

Con este gesto, creo que el Rey ha dilapidado, de un plumazo, y nunca mejor dicho,  una gran cantidad del afecto y respeto de su pueblo.    

¿Cómo reaccionó tu familia, tus compañeros de trabajo, tus amigos, cuando tomaste la decisión de devolver la fotografía dedicada del Rey?

Mi familia, sabiendo lo que significaba devolver esa foto tan apreciada por mí, me ha apoyado, compartiendo mi sentir.  Lo ha considerado un gesto coherente con  mi forma de pensar. Y de mis amigos  me siento muy orgullosa. Sus muestras de cariño han sido valiosísimas.

Tu carta es uno de los documentos que más ha circulado en las últimas semanas por internet.

Pues esto sí que ha sido sorprendente. Sólo se la envié a unos pocos, muy pocos amigos, pero es lo que tiene internet, que es un medio de comunicación imparable.

Me sorprende, también, porque mi carta es sólo la expresión de un sentimiento muy sincero de una española de a pie.

Me siento un poco.... ¿cómo decirlo? Me ha dado pudor que un sentimiento tan mío haya ido a parar a tantas personas que no me conocen, que no saben nada de mí.  Incluso he recibido un par de correos insultándome, piensan que formo parte de un movimiento de no sé qué clase. Pero esto último no me ha hecho la menor mella.

Quiero dejar constancia de que mi carta ha sido contestada por la Casa real. En ella me da una amplia explicación de los artículos de la Constitución que limitan la acción de nuestro Rey.

¿Qué crees que debería haber hecho el Rey ante la ley del aborto?

Yo no ignoro las limitaciones en su cometido que tiene el Rey, pero él mismo ha puesto de manifiesto, en no pocas ocasiones, cómo sabe salirse, graciosamente, por la tangente cuando le  conviene.

Lo primero es calibrar que esta Ley del Aborto es un paso atrás en la evolución del ser humano; que significa un grave retroceso de la Civilización que pagaremos muy caro.

Podría, por ejemplo, haber propuesto y presionado al Gobierno para que se hiciera un referéndum, como hacen otros países cuando se trata de asuntos que dividen o polarizan tan clamorosamente a los ciudadanos. Habríamos agradecido, al menos, el intento.

Podría, también,  haber seguido los pasos del rey Balduino de Bélgica, y haber abdicado por un día para no firmar. Y, en caso de que el gobierno no se lo hubiera permitido, apelando a su conciencia de católico, podría haber abdicado en su hijo el Príncipe Felipe, fortaleciendo, así, la Monarquía española. Esto no sólo habría sido un gesto de la  altura moral que se espera de un rey católico, sino que habríamos visto con satisfacción que compartía el sentir de la gran mayoría de su pueblo con el rechazo a esta ley de exterminio.

También podría haber sugerido al gobierno que, ya que actualmente  hay tantos métodos anticonceptivos, que promulgase, a la vez, eficaces  métodos educativos dirigidos a mujeres y hombres  para su correcta utilización, en los que no estuviera incluido el aborto como un anticonceptivo más. Que se les enseñe y exija a los hombres a compartir esas responsabilidades, porque sólo a partir de ahí, empezaremos a ser más iguales todos.

Y que nos hubiera defendido de la abusiva y ofensiva intervención del Estado al querer adueñarse de la potestad de unos padres ante el embarazo de una hija menor que va a necesitar todo su apoyo.

¿Qué crees que podemos hacer los ciudadanos ante la ley del aborto?

Primero, exigir a Zapatero que ponga a legislar, sobre asuntos tan serios, a personas serias, expertas en la materia. Las que hay en la actualidad son una burla a la sensibilidad y a la inteligencia.

Segundo. Vender caro nuestro voto, ejerciendo una exigencia muy firme ante los políticos de todo signo para que escuchen. Debemos entender, y hacérselo entender a ellos, que los políticos están a nuestro servicio, y no al revés. 

Tercero. Que en sus prioridades esté el fomentar ayudas suficientes a las mujeres embarazadas, con el fin de que puedan llegar a término y, luego, esos bebés puedan ser adoptados por tantas familias españolas que, paradójicamente, se tienen que ir a China o Rusia a adoptar otros niños. ¡Qué aberración!

Cuarto. Que se administre de forma provechosa nuestro dinero enseñando a los más jóvenes el valor de una vida humana, y del respeto a sí mismos. No hace falta malgastar ni un euro en darles un mapa del clítoris; todos ellos saben muy bien donde está.

Quinto. Y, sobre todo, no tirar la toalla los que estamos por la vida, porque somos muchísimos. Y tenemos que ser capaces de quitarles el tapón del oído a los políticos para que oigan nuestra voz, no sólo para evitar el aborto, sino para tantas cosas más.  Tenemos que ser contumaces en nuestro empeño cívico por erradicar la sordera que padece, sistemáticamente, la Moncloa.