Ataque a la Vida

Ataque a la Vida

Mons. González Montes denuncia el intento de ocultar los “pingües beneficios” de los abortorios “disfrazando el aborto como supuesto derecho” y la inquietud ante la nueva ley andaluza que abre las puertas a la eutanasia.

REDACCIÓN HO.-  González Montes subraya que la nueva ley del aborto “es un síntoma de la cultura de la muerte que soportamos pero que es el resultado de haber desfigurado la realidad de las cosas, ahogando la ley moral que Dios ha dejado impresa en nuestros corazones”.

Ante la Semana Santa, el obispo de Almería recuerda numerosas realidades que “desvelan la cruda actualidad de la cruz de Cristo”, y cita, junto al aborto, la pena de muerte, la nueva y mal llamada ley de muerte digna en Andalucía, que podría permitir la práctica de la eutanasia, los enfrentamientos raciales y los genocidios, o la persecución de los cristianos en algunos países

Por su interés, reproducimos íntegra la carta pastoral:

ACOSO A LA VIDA

Queridos diocesanos:

El exiguo de crecimiento de la población autóctona en los países occidentales, hasta ahora y todavía los de mayor bienestar a pesar de la crisis financiera y económica que padecemos, es una alarma que ha saltado hace décadas sin que el egoísmo y la manifiesta enemistad con la vida puedan invertir los resultados de la cultura actual de la muerte.

Se ha perdido entre nosotros el equilibrio que resulta de la sucesión de unas generaciones por otras, al ritmo del nacimiento y crecimiento y maduración de la vida, para declinar con el decurso de la ancianidad, cargados los seres humanos del propio esfuerzo por la perfección y el logro de bienes temporales y espirituales. Conquistas que no logran oscurecer fatigas y sufrimientos, errores culpables y pecados, porque el Dios de la vida es siempre mayor y todo lo ha creado por amor y todo lo incorpora a la redención que nos salva, siempre que aceptemos el amor que nos ofrece en al entrega de su propio Hijo a la cruz por nosotros.

Dios nos ha revelado su amor en la encarnación de su Hijo en el vientre de María Virgen, haciéndose hombre para comulgar con nuestras flaquezas y llevarnos a la victoria de la resurrección, cargando sobre él cautiva nuestra cautividad; es decir, aniquilando el pecado en su muerte y resurrección.¿Qué mejor jornada para reflexionar sobre el valor divino de la vida humana? Es decir, sobre el valor que Dios confiere a la vida del ser humano por la dignidad de que es portador, creado a imagen y semejanza de Dios. Es esta dignidad la fuente de los derechos fundamentales de la persona, entre los cuales el derecho a la vida es el más fundamental, al que sólo por amor a Dios y al prójimo puede uno mismo renunciar generosamente, confesando así que sólo de Dios viene la vida y sobre ella el hombre no tiene poder de disposición sin incidir en el crimen que el mandamiento divino prohíbe: ¡No matarás!

La nueva ley que liberaliza el aborto en todo el territorio nacional hasta hacerlo una práctica libre, sin atención alguna al derecho fundamental a la vida de los que va a nacer, es un síntoma de la cultura de la muerte que soportamos pero que es el resultado de haber desfigurado la realidad de las cosas, ahogando la ley moral que Dios ha dejado impresa en nuestros corazones. Los pingües beneficios que resultan de esta práctica abominable y los beneficios que seguirá dando a las clínicas abortistas no pueden ser encubiertos disfrazando el aborto como supuesto derecho de la mujer embarazada. Esta ley en nada ayudará a las mujeres que decidan abortar, acosadas por circunstancias que el derecho positivo debería afrontar, para protegerlas de una tentación a la cual las puede empujar la falta de atención social y espiritual, de apoyo moral y económico para dar a luz sin riesgo y con esperanza el hijo de sus entrañas.

El aborto no es la única amenaza que se cierne sobre la vida. La pena de muerte sigue siendo una práctica en algunos países que es preciso abolir. La nueva ley de muerte digna aprobada en nuestra región autónoma nos hace albergar gran inquietud, imposible de acallar ante los riesgos patentes que ofrece la ley de ser utilizada para la práctica de la eutanasia. La privación de libertad por motivos políticos, ideológicos y religiosos, a veces hasta la tortura y la extenuación de la vida por el acoso criminal de regímenes totalitarios que no respetan los derechos fundamentales de la persona, es una práctica que sigue acumulando miles de víctimas en su haber. Los enfrentamientos raciales y los genocidios padecidos por poblaciones enteras deberían ser un capítulo histórico enteramente cerrado y sin retorno, pero estos crímenes contra la vida son hoy seguidos de persecuciones, cruentas y también incruentas, vejatorias de la vida humana. Entre estas víctimas nos es obligado recordar la persecución que padecen los cristianos en algunos países, provocando su huida al extranjero con la esperanza de proseguir su vida, dejando atrás cultura propia y hogar familiar, propiedades y seres queridos. Nos legitima para recordarlo así la protesta siempre pronta que hemos hecho sin discriminación alguna y tantas veces contra los crímenes cometidos en otras poblaciones y por otros credos, al referirnos a los sufrimientos y muertes ocasionados por el terrorismo y las guerras regionales que no acaban.

Un panorama que, al acercarse la Semana Santa, desvela la cruda actualidad de la cruz de Cristo, prolongada en la crucifixión de tantas vidas en un Viernes Santo sin fin, que anhelamos ver definitivamente superado en la victoria sobre la muerte del Resucitado. Estoy plenamente seguro de ello, la humanidad se llegará a arrepentir y horrorizar ante prácticas inhumanas y aberrantes hoy amparadas por la ley, tal vez sin querer reconocerse a sí misma en ellas.

Almería, a 25 de marzo de 2010

Solemnidad de la Anunciación del Señor