La manipulación de la información sobre los curas pederastas
M. Vidal Santos | Vie, 26/03/2010 - 17:17
REDACCIÓN HO.- Berlusconi declaraba hace escasas horas:
“En nombre del Gobierno italiano quiero expresar a Benedicto XVI todo el afecto, la cercanía y la solidaridad que tiene hacia él nuestro pueblo. Nuestra gente, de hecho, sabe distinguir entre los errores humanos, de los que la historia está llena, y los enormes frutos del bien que han nacido y siguen naciendo de la raíz cristiana.”
Hoy, en España, la televisión de Berlusconi, Telecinco, ha contribuido con entusiasmo a la campaña de intoxicación contra la Iglesia y el Papa lanzada desde Estados Unidos.
El doble lenguaje de políticos y medios de comunicación
La manipulación de las informaciones sobre el pederasta Lawrence Murphy ha ocupado buena parte del informativo de mediodía en Telecinco. La televisión de Berlusconi no se ha hecho eco en ningún momento de los hechos tal como sucedieron, y se ha limitado a reproducir las consignas contra el Papa lanzadas por The New York Times, uno de los promotores de la actual campaña contra la Iglesia.
El doble lenguaje (y la doble moral) de que ha hecho gala el presidente italiano ha abundado también en TVE, donde han tenido especial cuidado para mezclar bien las intoxicaciones procedentes de EE UU con violaciones, el caso de Marcial Maciel y la manipulación y destrucción de embriones.
Se trata tan solo de dos ejemplos referidos a la televisión, pero abundan los casos similares en otras cadenas, en emisoras de radio y en muchos periódicos. Los medios de comunicación españoles que se están prestando a colaborar en la campaña internacional contra la Iglesia y el Papa prueban con su conducta digamos “profesional” que vale todo para fabricar sus supuestas noticias: mentir, ocultar, tergiversar y hasta manipular los hechos, para lograr presentar a la Iglesia como un nido de canallas.
Frente a ello, la información del Vaticano pone en evidencia la falsedad de lo que estos días se presenta como noticia.
Lo que hay detrás de ciertas noticias
La postura del Papa y de la Iglesia en relación con el aborto, o con ciertas prácticas de la investigación científica, explican algunas de las cosas que están sucediendo. No explican desde luego la existencia de casos aberrantes de pederastas en el seno de la Iglesia. Pero sí la aparición en estos momentos de una campaña internacional contra los católicos.
Junto a la defensa rotunda de la vida en las maternidades y en los laboratorios de investigación, otros elementos de carácter local están detrás de esta operación. En Estados Unidos, la firme oposición de los obispos a los aspectos abortivos de la reforma sanitaria de Obama, por ejemplo. En España, la defensa de las libertades, de los padres a la hora de educar a sus hijos, de los objetores de conciencia. Y también la defensa de la vida.
La Iglesia se ha vuelto excesivamente incómoda para ciertos sectores con muchos intereses económicos y mucha capacidad de influencia en los ámbitos de poder mediático y político. Y está pagando las consecuencias.
El gran bulo del New York Times
Con el título de El lobby laicista contra el Papa. El gran bulo del New York Times, la agencia ZENIT.org publica una información de Massimo Introvigne que desvela la manipulación informativa oculta tras la campaña internacional contra los católicos:
“Si hay un periódico que me viene a la mente cuando se habla de lobbies laicistas y anticatólicos, este es el New York Times. El 25 de marzo de 2010, el diario de Nueva York ha confirmado esta vocación suya con un increíble bulo relativo a Benedicto XVI y al cardenal secretario de Estado Tarcisio Bertone.
Según el diario en 1996 los cardenales Ratzinger y Bertone habrían ocultado el caso, señalado a la Congregación para la Doctrina de la Fe por la archidiócesis de Milwaukee, relativo a un cura pedófilo, Lawrence Murphy. Increíblemente – tras años de precisaciones y después de que el documento fue publicado y comentado ampliamente en medio mundo, desvelando las falsificaciones y los errores de traducción de los lobbies laicistas – el New York Times acusa aún a la instrucción Crimen sollicitationis de 1962 (en realidad, segunda edición de un texto de 1922) de haber actuado para impedir que el caso Murphy fuese llevado a la atención de las autoridades civiles.
Los hechos son un poco distintos.
Alrededor de 1975 Murphy fue acusado de abusos particularmente graves y desagradables en un colegio para menores sordos. El caso fue inmediatamente denunciado a las autoridades civiles, que no encontraron pruebas suficientes para proceder contra Murphy.
La Iglesia, en esta cuestión más severa que el Estado, continuó sin embargo con persistencia indagando sobre Murphy y, dado que sospechaba que fuese culpable, a limitar de diversos modos su ejercicio del ministerio, a pesar de que la denuncia contra él hubiese sido archivada por la magistratura correspondiente.
Veinte años después de los hechos, en 1995 – en un clima de fuertes polémicas sobre los casos de los “curas pedófilos” – la archidiócesis de Milwaukee consideró oportuno señalar el caso a la Congregación para la Doctrina de la Fe. El señalamiento era relativo a violaciones de la disciplina de la confesión, materia de competencia de la Congregación, y no tenía nada que ver con la investigación civil, que se había llevado a cabo y que había concluido veinte años antes. Se debe también observar que en los veinte años precedentes a 1995 no había habido ningún hecho nuevo, o una nueva acusación hacia Murphy. Los hechos de los que se discutía eran aún aquellos de 1975. La archidiócesis señaló también a Roma que Murphy estaba moribundo. La Congregación para la Doctrina de la Fe ciertamente no publicó documentos y declaraciones veinte años después de los hechos, sino que recomendó que se continuase limitando las actividades pastorales de Murphy y que se le pidiese que admitiera públicamente sus responsabilidades. Cuatro meses después de la intervención romana, Murphy murió.
Este nuevo ejemplo de periodismo basura confirma cómo funcionan los “pánicos morales”. Para enfangar a la persona del Santo Padre se remueva un episodio de hace treinta y cinco años, conocido y discutido por la prensa local ya a mitad de los años 70, cuya gestión – en cuanto era de su competencia y un cuarto de siglo después de los hechos – por parte de la Congregación para la Doctrina de la Fe, fue canónica y moralmente impecable, y mucho más severa que la de las autoridades estatales americanas.
¿De cuántos de estos “descubrimientos” tenemos aún necesidad para darnos cuenta de que el ataque contra el Papa no tiene nada que ver con la defensa de las víctimas de los casos de pedofilia – ciertamente graves, inaceptables y criminales, como Benedicto XVI ha recordado con tanta severidad – sino que intenta desacreditar a un Pontífice y a una Iglesia que molestan a los lobbies por su eficaz acción de defensa de la vida y de la familia?”
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