Apoya la declaración de Manhattan

Apoya la declaración de Manhattan

<div style="margin-bottom: 0cm"> «<a href="http://www.manhattandeclaration.org/sign/sign-the-declaration">Firma aquí la Declaración de Manhattan (en inglés)</a>» </div>

El origen del manifiesto se encuentra en la polémica que ha suscitado la reforma sanitaria de Barack Obama, donde la financiación del aborto con fondos federales se ha convertido en un tema clave, hasta el punto de que es la rectificación en este punto lo que permitió que siguiera adelante, en una nación en la que se suceden las  manifestaciones mayoritarias en defensa del derecho a vivir y donde se acaban de abrir las puertas a la posible revisión de la sentencia del Tribunal Supremo que abrió las puertas al aborto en el país. 

La enmienda salió adelante en la Cámara de Representantes por una mayoría de 240 contra 194. Pese al amplio apoyo que recibió en las filas de los dos partidos (con 176 republicanos y 64 demócratas a favor), algunos analistas calificaron de injerencia la intervención de los obispos.

En un blog del Washington Post (17-11-2009), la escritora Susan Jacoby escribe: “La Iglesia tiene derecho a promover sus creencias y a utilizar a una minoría de legisladores para bloquear la voluntad de la mayoría. Y aquellos de nosotros que discrepamos, tenemos el derecho y el deber de plantar cara al chantaje religioso que se quiere hacer a un gobierno laico”.

Otros muchos analistas –sin ir más lejos, dentro del blog citado– proclaman el derecho de los obispos a intervenir en la vida pública, del mismo modo que lo hacen los demás ciudadanos del país. Galen Carey da un paso más y afirma que “ante las presiones de los lobbistas pagados por ricos y poderosos grupos de interés” era necesaria una voz “que defendiera a los inmigrantes, a los pobres, a los enfermos, a los ancianos y a los no nacidos en el debate sobre la reforma sanitaria”.

Verdades innegociables

En este contexto, varios obispos católicos de Estados Unidos no han dudado en adherirse a la Declaración de Manhattan que defiende la libertad de expresión de todos los cristianos. Entre ellos están Donald Wuerl, arzobispo de Washington; el arzobispo de Nueva York, Timothy Dolan; el arzobispo de Philadelpia, Justin Rigalli; y el obispo de Denver, Charles Chaput, conocido por impulsar el compromiso de los católicos en la vida pública.

Los firmantes se presentan como “cristianos que nos hemos unido por encima de nuestras diferencias históricas, para reafirmar nuestro derecho –y, lo que es más importante, nuestra obligación– de hablar y actuar en defensa de estas verdades”.

El manifiesto proclama como “verdades innegociables” –no sólo como convicciones de los creyentes– la sacralidad de la vida humana; la dignidad del matrimonio que consagra la unión conyugal entre hombre y mujer; y los derechos de conciencia y de libertad religiosa.

La declaración denuncia la ceguera del gobierno hacia el cambio de opinión que se ha producido sobre el aborto en la sociedad estadounidense: “Pese a que la opinión pública se está moviendo a favor de la postura pro vida, observamos con tristeza que la ideología abortista prevalece en nuestro gobierno”.

Ante el auge de algunos fenómenos sociales como la cohabitación, el divorcio o los intentos de equiparar el matrimonio con las uniones entre personas del mismo sexo, el manifiesto recuerda que “cuando se erosiona el matrimonio surgen las patologías sociales. (…) El impulso de redefinir el matrimonio es un síntoma, más que la causa, de la erosión de la cultura del matrimonio”.

Advierte, asimismo, del peligro de sustituir la riqueza de esa cultura por “la falsa y destructiva creencia de que el matrimonio es sólo una aventura sentimental o una satisfacción para adultos”.