Disforia de género: así se fabrica una "enfermedad" en la España zapatera
Si los menores pueden abortar (o al menos eso quiere el Gobierno), ¿por qué no van a poder cambiarse de sexo cuando no les guste aquel con el que nacieron?
REDACCION HO.- Tienen muchas cosas en común. Son adolescentes en los momentos más conflictivos y problemáticos, jóvenes de 14, 15, 16 años, a veces todavía menores. Muchos proceden de familias modestas y la formación cultural sólida no abunda entre ellos. Y todos manifiestan una necesidad urgente y radical de cambiarse de sexo, aquí y ahora. Dice que la naturaleza se equivocó con ellos, que el sexo con el que nacieron no es en realidad el suyo:
- “Me gustaban los chicos, pero no soy gay; no me atraen como hombre, sino como mujer.”
- “Tengo 15 años. De mayor no sé, estoy en mi mundo de pava tonta. Sólo sé que quiero operarme. Odio lo que tengo. No quiero mi vagina para follar, sino para ser yo misma.”
- “Aún no lo he hecho del todo (15 años). Esperaré a tener mi vagina. Pero rollos, sí, claro. No hace falta decir nada. De noche todos los gatos son pardos."
¿Cómo descubrieron que su sexo está equivocado y decidieron que querían otro? Casi todos hablan de la red, de lo que llaman “información” en internet, es decir, de foros donde críos como ellos dicen lo mismo y de páginas donde algunos médicos se están haciendo millonarios:
“Busqué en Internet y en cuanto me metí en foros transexuales, me dije: Ésta soy yo.”
Apología de la transexualidad
Estos son algunos de los testimonios que han aparecido este fin de semana en las páginas de El País, en un reportaje que constituye una verdadera apología de la transexualidad.
Sin el menor rigor científico y apelando a la muy zapatera mezcla de apriorismos y sentimentalidad, la supuesta “información” que ofrecía el periódico del régimen presentaba a adolescentes deseosos de ser por fin libres (“libres”) tras pasar por un quirófano y dejarse allí su identidad natural y un buen fajo de euros.
Menores que cambian de sexo
La Unidad de Atención a la Transexualidad que atiende estos casos en la sanidad pública valenciana se ocupa de 120 personas transexuales, de las cuales 10 son menores. La Unidad de Trastornos de Identidad de Género del hospital Carlos Haya de Málaga tiene 800 pacientes, 77 de ellos menores (edad media 15 años). La Unidad de Identidad de Género del Hospital Clínico de Barcelona ha alterado el sexo de 25 menores y tiene a cuatro niños en seguimiento.
Todos estos centros siguen las pautas de una “cátedra de transexualidad” de la Universidad Libre de Ámsterdam. Según este centro, hay un hombre que en realidad es mujer pero nació con el sexo equivocado por cada 11.900 varones. Y hay una mujer que en realidad es hombre y conviene operar por cada 30.400 mujeres.
Una “enfermedad” sin patología ni tratamiento
A esta alteración del comportamiento que consiste en considerar que el sexo de cada cual es intercambiable le han buscado un nombre para poder convertirla en enfermedad. La llaman “disforia de género”, la califican de síndrome y la identifican, según cuenta El País, como DSM IV y ICD-10. Colocadas las etiquetas, se pasa a la siguiente fase: la definición de la supuesta enfermedad.
El problema es que ni quienes viven de ella y la han convertido en negocio saben qué “enfermedad” es, qué la provoca, cómo surge o cómo se combate. Así que estamos ante la enfermedad fantasma. O fantasmagórica.
Para combatirla no se aplican al “enfermo” remedios que la eliminen, sino todo lo contrario. Al jovencito o jovencita que aparece diciendo que su sexo no es suyo, se le somete a dos años de un tratamiento que consiste en cambiar su sexualidad.
Es como si al enfermo de cirrosis le aplicaran un tratamiento consistente en media docena de vodkas al día. A los chicos que dicen ser chicas, se les dan preparados que bloquean su testosterona y se les administran cantidades ingentes de estrógenos. Así durante dos años. Luego, cuando las hormonas han terminado de alborotar sus cuerpos y la “atención psicológica” sus mentes, les examinan para comprobar que, efectivamente, los críos tenían razón, y les mandan al quirófano para convertirlos en chicas.
La ley protege esta insensatez
La Ley de Identidad de Género de 2006 permite cambiar de nombre y sexo en el Registro sin tener que acreditar la “cirugía de reasignación sexual”, que así se denomina el cambio quirúrgico de sexo.
El Catálogo 2006 del Ministerio de Sanidad no excluye la atención a los transexuales en el Sistema Nacional de Salud, por lo que, una vez calificado su desarreglo psicológico como enfermedad, queda cubierto por la sanidad pública.
Y como el uso hace el miembro, desde que se promulgó la Ley de Identidad de Género se han multiplicado los casos de transexuales. En 2004 se autorizaron dos cambios de sexo en España. En 2007, 19. De enero a septiembre de 2009, 39.
Consecuencia de la insensatez es la experiencia del psicólogo que se encarga de terminar de alborotar las neuronas de los críos que en Valencia creen pertenecer a otro sexo. El psicólogo encargado de llevar estos casos reconocía en el reportaje mencionado que ve en consulta a “una niña de cuatro años con sus papás alarmados por la querencia de la cría a adoptar roles y juegos masculinos y orinar de pie”.
Cuando llega el embarazo
Cuando nació recibió el nombre de Estefanía. Pero ahora se llama Rubén. Y aunque diga que es un hombre, se quedó embarazada. Gemelos.
Desconocemos qué sucedió con ella y con los dos seres humanos que concibió: no hemos vuelto a tener noticias de su caso.
M. Vidal Lun, 25/01/2010 - 18:32h
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Por lo general siento un
Por lo general siento un gran respeto por HO, derivado del respeto que siento hacia toda posición moral razonable y sincera. He de confesar sin embargo que este artículo ha hecho tambalear los cimientos de ese respeto.
No me refiero a que se trate de un comentario (pésimo) a un reportaje de un diario nacional confeccionado a base de retazos de aquél y de opiniones vehementes. Eso también es respetable.
Me refiero a la banalización de la disforia de género unida a una absoluta indocumentación sobre el tema. Es aceptable que se discrepe sobre el modo de actuar sobre el trastorno, es aceptable que se critique a quienes intenten lucrarse del dolor ajeno sin creer en los tratamientos que aplican (dolosamente). No es aceptable que se hable de este trastorno desde la más absoluta ignorancia e indocumentación y que se le tenga por una afección caprichosa de jóvenes de "familias modestas" y "formación cultural poco sólida".
Que el redactor de este articulo es ignorante e indolente se sabe porque afirma que a este trastorno se le etiqueta como DSM IV. Si hubiera rascado un poco por Internet se hubiera dado cuenta de que ésas son las siglas del 'Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales', que va por su cuarta edición revisada (de ahí el IV), editado por la Asociación Americana de Psiquiatría (no es un texto de psicología, sino de medicina). Lo mismo, pero para niños y jóvenes es el CIE 10.
Es decir, cuando un psiquiatra, ante un paciente, se pregunta si realmente padece algún trastorno, consulta los criterios de diagnóstico (muy estrictos por cierto) del DSM o del CIE, según se trate de adulto o no. ¿Y qué encontraría si buscara un diagnóstico para alguno de esos chicos?
Respuesta: pese a lo que pudiera parecer por esta notica, no encontrará una serie de chorradas. Bajo el epígrafe de "Trastornos de la identidad sexual" (p.645, ed. española), hallará el punto F64.x 'Trastorno de la identidad sexual' con los criterios de diagnóstico.
No es largo de leer. Como seguro que los que lean esto son buenas personas y buscan la verdad por encima de la verborrea, estarán encantados de poder leer este texto médico en http://www.psygnos.net/biblioteca/DSM/Dsmidentsexual.htm.
Finalmente un comentario a la queja de que no se sabe qué provoca o cómo surge esta enfermedad. Ello no es un argumneto para nada: tampoco se sabe qué provoca o cómo surge el alzheimer, aunque se hace lo posible por tratarlo. El desconocimiento del origen de una patología no supone que no se sepa que lo es o que se tenga alguna idea de cómo mejorar el estado del paciente.
El trastorno de identidad sexual no es una tontería. Si desean discutirlo con los médicos, adelante, pero estén dispuestos a hacer un debate de altura, no como lo han hecho aquí.
Verá usted, Ciran, dejando
Verá usted, Ciran, dejando a un lado sus insultos y descalificaciones, que me resultan absolutamente indiferentes, los hechos, no las ramas a las que usted se agarra sino los hechos, son los siguientes:
1º Hay un perfil común a la mayor parte de los adolescentes que dicen sentir confusa su identidad. Algunos de los rasgos de ese perfil se detectan fácilmente a través de los testimonios de los propios protagonistas de este desafortunado asunto.
2º Hay una serie de cifras referidas al número de personas que el nuevo hacedor de identidades, la Sanidad pública, está atendiendo en distintas autonomías.
3º Hay una denominación tras la que se quiere construir una “enfermedad” que justifique luego los más descabellados comportamientos clínicos.
4º Hay una “terapia”, una intervención propia del doctor Frankenstein con su criatura: la neutralización de las hormonas propias del sexo del individuo y su sustitución por hormonas del otro sexo. Y a eso se considera el procedimiento adecuado para resolver el conflicto.
5º Hay una ley que ampara este comportamiento.
6º Hay casos concretos, reales. Se ha señalado uno, el de “Rubén”. Podían haberse añadido bastantes más.
Me temo que usted, Ciran, ignora los 6 hechos sustanciales de esta historia, en los que no entra en ningún momento, para agarrarse a un clavo ardiendo. Revolotea para no tener que abordar el meollo del asunto. Pero enredar no es un argumento.
Sin embargo no son los 6 puntos que aborda esta noticia lo más importante. Lo realmente grave es que experimentos como los reseñados reflejan perfectamente el tipo de sociedad a la que nos conduce el pensamiento políticamente correcto del “progresismo” actualmente en el poder (y no solo en el político). Por la vía del relativismo y del turbio concepto zapaterista de libertad, se nos quiere presentar como absolutamente normal que un crío de 15 años acuda al supermercado a comprarse un sexo nuevo con la misma facilidad con la que cambia de consola de videojuegos. A eso algunos, me temo que también usted, le quieren llamar libertad, derecho a decidir y nuevos derechos.
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M. Vidal
En este tema, como en tantos
Me parece espantosa la
Sin entender mucho sería
Estimado sr. Vidal, me
Estimado sr. Vidal, me permito contestarle.
a) No he proferido insultos, aunque sí descalificaciones, la de ignorante y la de indolente. Ambas justificadas por el hecho de que el articulista ni sabe del tema que comenta ni trabajó para informarse del mismo, como los errores de bulto que he señalado muestran. Ello es sobremanera importante, pues para emitir un juicio de valor acertado sobre unos hechos es condición necesaria conocerlos adecuadamente.
b) Es equivocado pretender que uno sabe el perfil común de los adolescentes que padecen trastorno de identidad sexual (TIS) a partir de lo que se ha leído en un diario. Si no se han empleado métodos científicos para estudiar dicho perfil es de honradez callar sobre el tema.
b) El número de personas atendidas por TIS en la sanidad pública muestra sólo el número de personas que, padeciendo TIS, han acudido a un especialista. De este hecho no se puede inferir nada de lo que Ud. pretende.
c) La denominación 'TIS' no pretende cosntruir una enfermedad (del mismo modo que la esquizofrenia no construye una), sino que denomina a un cuadro de síntomas dados unos criterios de diagnóstico, y ha sido elaborada por la comunidad científica psiquiátrica, no por brujos, ni por chamanes, ni por políticos, ni por charlatanes. Por supuesto, justifica toda intervención voluntaria encaminada a lograr la curación del paciente.
d)La terapia a la que se refiere se considera adecuada, entre otras, porque es la ha demostrado proporcionar mejores resultados en relación con la desaparición de los síntomas del TIS. No entiendo el símil con el Dr. Frankenstein de la ficción porque éste se dedicaba a crear vida a partir de conjuntos de miembros orgánicos inanimados.
e) No existe ninguna ley que ampare o prohíba el padecer una TIS, ya que sería una ley absurda, por intentar regular el curso de fenómenos causales naturales jurídicamente. Por el contrario, existen normas que facultan a quien padece la TIS a modificar su sexo registral y a someterse a operaciones encaminadas a que la TIS desaparezca. Ruego me señale cuál de esas dos medidas le merece juicio negativo.
f) En efecto, hay casos reales de personas que padecen una TIS. De no haberlos difícilmente se pudiera establecer como trastorno real.
Gracias por su atención y sigo rogándoles que consulten el link al DSM-IVTR que les proporcioné. Es ilustrativo.
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Buenas tardes a todos. Soy