El TC podría rechazar el término “nación” en el estatuto catalán
A cambio de no tocar gran cosa de las faraónicas competencias contempladas en el estatuto que apenas votaron los ciudadanos, dejaría claro que no hay más nación que España.
REDACCION HO.- Cabría preguntarse si la ley sigue siendo ley cuando es el resultado de un pacto de carácter político. Es lo que parece estar sucediendo con un texto legal, el estatuto catalán, elaborado desde la deslealtad propia del nacionalismo, respaldado por el oportunismo de Zapatero y votado solo por una minoría de ciudadanos.
Si la supuesta ley común que todos nos dimos a través de la Constitución no es tal, sino que en cada oportunidad su aplicación depende de la correlación de fuerzas de los partidos, es lícito que el ciudadano se pregunte para qué sirve la ley. Y también para qué sirve la Constitución y qué tiene de útil el Tribunal Constitucional.
Según informa hoy El País, los miembros del TC se plantean alcanzar un acuerdo para tocar lo menos posible el inacabable capítulo de las competencias exclusivas que pretende el nacionalismo catalán, y dejar tal como pretende el nacionalismo una financiación que convierte a la región en interlocutor único y exclusivo con el resto de la nación.
A cambio de amparar una negociación de Estado a estado, el TC se cargaría la pretensión nacionalista de convertir a la región en nación. Los miembros del Constitucional parecen de este modo aplicar los viejos usos de todos los gobiernos nacionales que se han visto obligados a pactar con el nacionalismo catalán para gobernar. Aquellos que consisten en ofrecer dinero a cambio de una ligera renuncia a la retórica secesionista
“El TC podría rebajar las aspiraciones nacionalistas sobre la ‘nacionalidad’ de algunos enunciados del Título Preliminar y sobre el Consejo de Justicia de Cataluña, trataría de salvar el núcleo central de las competencias y de la financiación.
La única nación es la española. Cataluña no lo es ni puede tener símbolos nacionales, salvo que se vinculen a la nacionalidad catalana y no al término nación. Estas son las premisas que inspiran las últimas deliberaciones entre magistrados progresistas y conservadores del Tribunal Constitucional.”
La vomitiva distinción entre “conservadores y progresistas” que sigue marcando la vida del TC refleja bien el grado de podredumbre de la institución, que estará condenada a juzgar no por lo que marca la ley, sino en función de los intereses de los partidos que les pagan el sueldo. Y en esa tesitura, sus decisiones valen lo que el viento.
M. Vidal Dom, 03/01/2010 - 10:19h
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